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BIBLIOGRAFÍA DE VÍCTOR VIRGÓS

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"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" VÍCTOR VIRGÓS

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"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS"

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". VÍCTOR VIRGÓS.

BÁRBARA Y MIRANDA SON TESTIGOS DE UNA REUNIÓN CLANDESTINA DE UNA PELIGROSA BANDA DE FACINEROSOS.

SU INTROMISIÓN ACABARÁ POR ARRASTRARLAS HASTA UN DESCONOCIDO, INHÓSPITO Y DESHABITADO PUEBLO TUROLENSE, DONDE MANFRED BÖHER LLEVA A CABO UN DEMENCIAL PROGRAMA TERAPÉUTICO QUE EL LUNÁTICO MESÍAS HA DADO EN LLAMAR "LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". SUS VIDAS CORREN PELIGRO EN MANOS DEL ESPURIO SANADOR Y SU CUADRILLA DE ENAJENADOS PROSÉLITOS.

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LA MODELO DANESA SISSEL MADSEN ES SECUESTRADA Y DESAPARECE JUNTO A UN HOMBRE DE ENIGMÁTICA CATADURA POR ENCARGO DE UN NEFARIO EMIR.

UN TESTIGO FORTUITO RECOGERÁ UN PERIÓDICO QUE LA MODELO ARROJA AL SUELO, CON UNA ÚNICA PISTA DE SU PARADERO ESCRITA EN TINTA ROJA DE CARMÍN: "ISLA DIAMANTE".

EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS



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CASSANDRA KOWALSKA, LA NUEVA VOCALISTA DE LA BANDA TUROLENSE SIRENAS IN LOVE, ACUDE AL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS PARA OFRECER UN CONCIERTO EN DIRECTO.

ALLÍ SE TOPARÁ CON LA PELIGROSA BANDA DE FORAJIDOS DE BARRABÁS, QUE ACABA DE ESCAPAR DEL PENAL.


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"SOL TENEBROSO"

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"SOL TENEBROSO" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

ARTURO SUCHIL RECIBE UNA CARTA DE SU ESPOSA PAOLA DESPUÉS DE 20 AÑOS, PERO PAOLA FUE ENTERRADA EN UNA CRIPTA DE LA ISLA DE TABARCA CUANDO MURIÓ AHOGADA AL SALIRSE SU COCHE DE LA CARRETERA Y SUMERGIRSE EN EL MAR.

ARTURO DEBE DESCUBRIR QUÉ SUBYACE TRAS LA REPENTINA "RESURRECCIÓN" DE PAOLA, QUIEN LE CITA EN EL DEPRIMENTE Y AISLADO PUEBLO TUROLENSE DE OJOS NEGROS.

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

CASSANDRA KOWALSKA ES CITADA EN LA GESTORIA DE AMANCIO GUEVARA, EN PUEBLA DE SANABRIA, PARA LA LECTURA DE LAS ÚLTIMAS VOLUNTADES DE SU ABUELO, QUIEN LE DEJA TODA SU FORTUNA.

VLADIMIR KOWALSKA GUARDABA MUCHOS SECRETOS Y SU ACÉRRIMO ENEMIGO, AMANDO SALCEDO, NO PUEDE PERMITIR QUE SALGAN A LA LUZ. ENVIARÁ A SUS SICARIOS TRAS LAS HUELLAS DE CASSANDRA PARA RECUPERAR ALGO QUE SU PADRE LE ROBÓ ANTES DE SIMULAR SU PROPIA MUERTE Y LA DE SU MUJER.

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS

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ARINSAL FUE BRUTALMENTE APALEADA Y VIOLADA POR UNOS HOMBRES 5 AÑOS ATRÁS EN UN SUBURBIO DE JORDANIA. LA DIERON POR MUERTA, PERO SOBREVIVIÓ, Y AHORA HA REGRESADO PARA COMENZAR UNA CRUZADA PERSONAL VINDICATIVA CONTRA TODOS ELLOS. NADIE ESTÁ A SALVO, NI SIQUIERA CARMELO DE LA PRIDA, UN HOMBRE ABYECTO Y PODEROSO QUE SE REFUGIA DEL MUNDO EN EL INEXPUGNABLE CASTILLO DE ARCALÍS.

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

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CUANDO ÁLEX MERCURY OBSERVA EL EXTERIOR A TRAVÉS DE LA VENTANILLA DEL TREN, VISLUMBRA ATÓNITO EL ESPERPÉNTICO, SINIESTRO Y DESOLADOR PAISAJE DE "JYS; LA ESTACIÓN DEL TIEMPO".

TRACI NO ESTÁ A SU LADO; HA DESAPARECIDO, AL IGUAL QUE EL RESTO. EL TREN ESTÁ VACÍO. NO HAY NADIE, SÓLO SILENCIO Y UNA LUZ CENICIENTA QUE LO ENVUELVE TODO EN UN SUDARIO GRIS OSCURO.

ALGO INEXPLICABLE SUCEDIÓ CUANDO LOS HACES DE LUZ ENGULLERON AL TREN, CUANDO CRUZÓ AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD.

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

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"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL PUEBLO BURGALENSE DE CORTIGUERA PARECÍA ABANDONADO, DEVORADO POR LA VEGETACIÓN SALVAJE, TAN HERMOSO Y ESPECTRAL A LA VEZ, CON AQUELLAS MANSIONES BLASONADAS DONDE YA NO VIVÍA NADIE. LAS BARRERAS A LA ENTRADA DEL PUEBLO, CON AQUELLA PROHIBICIÓN EXPLÍCITA DE ACCESO A LOS NIÑOS, RESULTABAN INQUIETANTES; TANTO COMO EL ALBINO DE OJOS AZULES, TANTO COMO EL EXIGUO REDUCTO DE HURAÑOS LUGAREÑOS QUE PROTEGÍAN CON DESPROPORCIONADO CELO EL BOSCOSO SENDERO QUE CONDUCÍA AL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS.

SELENE MOON

SELENE MOON

"SELENE MOON"

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)


CUANDO EL DETECTIVE ORLANDO TÜNNERMANN ACUDE AL TEATRO "LA CUARTA PARED" PARA ASISTIR A LOS ENSAYOS DE LA OBRA "LA NOVIA DE LA MUERTE", LE ANUNCIAN QUE LA BAILARINA PRINCIPAL, SELENE MOON, HA DEJADO LA COMPAÑÍA TEATRAL PRECIPITADAMENTE, SIN PREVIO AVISO, ENVUELTA EN UN HALO DE MISTERIO Y URGENCIA.

EN SU CAMERINO, ORLANDO ENCUENTRA UNA PEQUEÑA CUARTILLA CON UN SUCINTO MENSAJE ESCRITO: "NO DEJES DE BUSCARME, DETECTIVE"

lunes, 19 de febrero de 2018

RÓMULO EL MAGNÍFICO. TEATRO QUEVEDO. MADRID





RÓMULO EL MAGNÍFICO
TEATRO QUEVEDO. MADRID.

(Una astracanada muy divertida en clave romana, grandes actores, un sainete disparatado)



Hay determinadas cosas en esta vida que de manera global nos afectan a todos por igual, dejándonos en el alma un inconfundible regusto a felicidad o aversión. La crónica que abordo hoy, antes de aterrizar en el preámbulo del análisis de la función teatral “Rómulo el magnífico”, comienza con la acre admonición, reprimenda, tirón de orejas e ingentes dosis de animosidad (antipatía, hostilidad) por mi parte para la insufrible pareja de espectadores, hombre y mujer que, sentados en las butacas 5 y 6 de la fila cuatro, acaso acuciados por un extraño síndrome de verborrea, falta de respeto y educación, permanecieron durante toda la función cotorreando como adictos a la lengua, los chismes y la cháchara absurda e indiscriminada. Espectadores como ellos, maleducados, indisciplinados y egoístas demuestran con su actitud muy poco respeto al resto de espectadores y a los propios actores, quienes se nutren del silencio de la sala para mimetizarse con sus papeles y no perder la concentración. Hablo de la noche del estreno, sábado día 17, función de las 21:00. Me pregunto si los aludidos llegarán a leer esto y si en su mente minimalista se encenderá la llama de la reflexión...

En fin, paso ya a glosar (comentar) los aspectos más destacables de esta divertidísima y extravagante visión del Imperio romano en pleno declive de su existencia. Humor chusco, una astracanada en toda regla, una cascada de despropósitos que enmascara a un séquito romano inverosímil, grotesco y por tanto, fuente de risas para el espectador. Debo decir que este no es mi tipo de humor. El señuelo de unos trasuntos esperpénticos de la insoportable Belén Esteban y el inclasificable Mario Vaquerizo no acaban de engancharme; pero este tipo de humor funciona como una ruleta de la fortuna en nuestro país. No tengo la menor duda que “Rómulo el magnífico” ha sembrado ya en su estreno las primigenias semillas de lo que será un éxito rotundo. El trabajo de los actores es inmenso, denodado, generoso y sobre todo impecable. El patio de butacas participaba de manera activa en la bufonada que tenía lugar sobre el escenario, la hilaridad está garantizada. Un engranaje interpretativo brillante, donde rutila con una magia especial Toño Balach como consentida y redicha doncella palaciega que no cesa de lloriquear y patalear exigiendo a su padre como ofrenda un caballo. La retórica “latinizada”, utilizada a granel sin orden ni concierto, es otro de los recursos más ingeniosos de la función.

Por tanto, una salutífera medicina para el alma servida en formato de sainete surrealista en clave romana.



lunes, 5 de febrero de 2018

"EL ÁNGEL EXTERMINADOR"


“EL ÁNGEL EXTERMINADOR”
TEATRO ESPAÑOL. MADRID

(Una visión libérrima del clásico de Buñuel, surrealismo, reductos de humanidad deformados hasta lo grotesco, inefables interpretaciones).


Se me antoja fascinante que, por un instante, fuésemos capaces de navegar a través de los sueños de la gente y descifrar el dialecto onírico que acaece en el subconsciente cuando cerramos las ventanas de los ojos que contemplan el mundo y los sentidos que lo saborean. Esta concisa reflexión me sirve de puerta de embarque al inextricable (inhóspito) universo del cineasta Luis Buñuel y aquel controvertido “ángel exterminador” de los años 60, donde nos mostraba a un grupo de burgueses atrapados en una mansión por razones que escapan al raciocinio. El hilo que bifurca la cortesía para escindirla del salvajismo en estado puro es extremadamente liviano y Buñuel rompe las fronteras para que ambos lados antagonistas se encuentren, sin las restricciones de las buenas formas y la corrección de las normas sociales más básicas establecidas.

Recuerdo a Silvia Pinal, maravillosa actriz icono del cine mexicano, y un ambiente sobrecogedor cargado de claustrofobia y angustia.

Blanca Portillo retoma en el teatro Español la paranoica trama de aquellos acaudalados burgueses y nos planta en el patio de butacas ante un escenario que desenfoca por completo mi idea primigenia de aquel salón abarrotado, donde acaeciera el fenómeno inexplicable del encierro paranormal. Como digo, no acaba de convencerme la fisonomía vanguardista de la habitación claustrofóbica. No consigo ubicar en el plano la enseña de Buñuel cuando mis ojos observan una moderna y elegante “jaula de cristal”, y por decoración una jirafa atorrante (holgazana) acostada, como si sufriera un golpe de calor y aburrimiento bajo el sol inclemente de la África profunda. Coronando la sala, un hombre de Neanderthal a modo de trasunto de camarero contemporáneo. Entramos sin ambages (rodeos) en el terreno escabroso del surrealismo libérrimo.
Hasta aquí mi desconcierto y desavenencia. Ahora la lluvia de aplausos y admiración absoluta. Un nutrido batallón de actores soberbios, la verdadera enjundia y motor de esta función hostil, descalabrada y brutal, va transformando gota a gota el ánimo del espectador. La situación se va tornando esperpéntica y grotesca a golpe de extravagancias a medida que el festivo ágape entre amigos va coincidiendo en el tiempo con la madrugada. Los propios invitados son en sí mismo de una singularidad “llamativa”.

Un elenco de actores magistral convierte paulatinamente el hermoso embalaje de cristal que es esa habitación carcelaria en una prisión sucia, hedionda, angustiante y desalmada.

De pronto, el ambiente jocundo y festivo va desnudándose de capas de gala y brillantina para revelar las simas más ignotas e irracionales del alma. Puedo columbrar el apoteósico esfuerzo emocional que supone para los actores trabajar con elementos tan equidistantes como la alegría cabal y la locura salvaje y animal que lindan con el paroxismo (exaltación).

Cambios de registros brutales que exigen del actor una capacidad sobrenatural para mudar pieles en tiempo real, sin tachaduras ni enmienda posible. La concurrida fiesta de boato y clasista educación, corrección social inmaculada y protocolo va sufriendo una despiadada metamorfosis que convierte a esas personas en viles criaturas irracionales, gobernadas por los instintos primitivos del ser humano en estado puro. Degradados, reductos de humanidad, detritos y desechos de la extinguida dignidad, anfitriones e invitados se entregan a una bacanal de anárquica idiosincrasia, depravados a causa del hambre, la sed y la enajenación. La habitación opresora constriñe y ahoga, asfixia y atesora en su interior secretos y enigmas irresolubles cuya exégesis o interpretación están sujetos a las teorías subjetivas más descabelladas. Un argumento de aparente inocuidad, un único escenario y un sobresaliente elenco exorbitante logran
atrapar al espectador del mismo modo que la habitación maléfica, testigo mudo de la degradación humana.

Imposible concebir esta función sin próceres de la interpretación tan fogueados (expertos) como Francesca Piñón (Luchi), Cristina Plazas (Leticia), Carlos (Álex O’Dogherty), Mar Sodupe (Rita) o Ramón Ibarra (Edmundo) o la siniestra Raquel Varela (tejedora), por extraer una pequeña muestra de ese rosario inefable que lleva a lo más alto la prístina concepción de aquel aterrador “ángel exterminador”.

ORLANDO TÜNNERMANN
WWW.EL-HOTEL-DE-LAS-ALMAS-PERDIDAS.BLOGSPOT.COM


miércoles, 27 de diciembre de 2017

PLAY OUT, MURIENDO DE ÉXITO



PLAY OUT MURIENDO DE ÉXITO 
TEATROS LUCHANA. MADRID

(Grandes interpretaciones, muy divertida, la historia de una mentira hipertrófica)




En un país como el nuestro, donde el plato estrella de nuestra realidad social es la mendacidad (mentira), la impostura, el artificio y la adulteración, la falsedad y los dobleces, la función teatral “Play Out muriendo de éxito” se me antoja de lo más vigente y contemporánea. Será que está inscrita en los legajos de nuestra genética la capacidad para distorsionar la realidad, confiriéndola matices fantásticos y memorables, de modo que las historias más anodinas parezcan aventuras de película de Hollywood. Mentimos por piedad, mentiras pueriles, crueles, desnudas, descarnadas, infames, horrendas, nefandas (horribles) patéticas... sean como sean; mentiras que son “herramientas de trabajo” cotidianas que todos y cada uno de nosotros hemos utilizado alguna vez en la vida, por mucho que lo neguemos dibujando en nuestro rostro una mueca de candor e inocencia cristalina.

De la mano de Gorka Mínguez y Teresa Calo llega a los teatros Luchana una historia muy entretenida y bien tejida que aborda precisamente los senderos de esa realidad manifiesta que es la mentira: un virus ponzoñoso que se convierte rápidamente en inmensa bola de fuego y en gigante hiperbólico que no cesa de crecer, que se transforma en gula y hambruna y criatura famélica que crece sin mesura. 

En el escenario, espartano, casi deprimente, aparece el típico gandumbas (haragán) aquejado de victimismo, aferrado como un poseso a los controles de su Play Station. Gorka Mínguez alcanza a la perfección ese punto de cocción necesario para que el espectador sintonice enseguida con el prototipo de la desidia y la holgazanería vestida de pijama, pereza e irresponsabilidad. Un escritor frustrado, perdido en ese océano inclemente donde naufragan en el cementerio de los libros que no se leerán jamás poetas, literatos y novelistas de todos los tiempos, farfulla su mala suerte y consume días y noches esperando a que el hado (destino) ponga en su camino un golpe de suerte, mientras él lidera las tropas de un ejército de caballeros medievales virtuales desde un sillón baqueteado (apaleado) que huele a tedio y a vida malgastada. Los primeros minutos de la obra me mantienen entretenido, no tanto por el argumento, sino por el ejercicio impecable de Gorka y una de las grandes institutrices de los escenarios nacionales: Lola Baldrich. A Lola la llevo prendida en mis recuerdos desde aquellos años gastados de su etapa musical en Objetivo Birmania y series como “Médico de familia”. Es un deleite observar cómo patina y se desliza por toda suerte de registros emocionales sin que el espectador tenga tiempo de digerir la simbiosis. Su faz es un lienzo versátil donde cohabitan la alegría y la tristeza, la dulzura y picardía y la maleficencia. Lola cambia de registros sin despeinarse. Con la aquiescencia del resto, me atrevo a declamar mi elogio más fervoroso por el actor Diego Pérez. Impecable su presencia en el escenario, atractivo masculino, magnetismo, vehemencia en su interpretación, es el relevo sustitutivo si fuera menester, del actor Pedro Alonso (“La casa de papel”). Amigo del desfallecido escritor que languidece entre lamento y desgana, Diego nos regala un personaje portentoso y luminoso que parece la antítesis de la oscuridad anublada que circuye (rodea) como un halo a este escritor fatigado y cansado de soñar. Los monólogos de Gorka son afables y cercanos, casi familiares, distendidos y libérrimos. El espectador no puede evitar sentir una inmediata simpatía por el desdichado novelista. Volviendo a la trama, esa mentira irrespetuosa que se pergeña (elabora) y justifica por un fin de lo más glorioso, “Play Out muriendo de éxito” nos conduce a los límites y punto de inflexión donde retornar a la sinceridad y destapar un infundio clamoroso e intolerable parece una gesta irrealizable capaz de provocar un cataclismo mediático sin parangón. Me encanta el tramo postrero (final) de la función, pero eso es algo que por supuesto no pienso revelar ni con soborno y sobre abultado bajo la mesa. Hay experiencias en la vida que deben saborearse en privado, como los placeres prohibidos que escondemos en el alma para degustar en compañía de nuestros sueños.
ORLANDO TÜNNERMANN.



martes, 19 de diciembre de 2017

CINCO Y... ¡ACCIÓN!



CINCO Y ACCIÓN
TEATRO REINA VICTORIA



(Muy divertida, una de las grandes comedias del año, Marta Hazas deslumbra)

Existen personajes de carne y hueso, aunque cueste creerlo, que se me antojan analogías vivientes del sobresaliente y disparatado personaje que Marta Hazas (Marisol) encarna en la divertidísima comedia “5 y... Acción”. Personajes de carne y hueso, decía, que si cierro los ojos casi puedo visualizar en compañía de dos caniches muy coquetos llamados Frufrú y Brubrú, acuciados por cuitas tan inanes como qué vestido ponerse en una fiesta privada en una discoteca de moda; personajes de carne y hueso que no sabrían ubicar en un mapa geográfico Albania o Bulgaria y que incluso dudarían entre el Duero y el Guadalquivir como posibles ríos más caudalosos de España. Personajes de carne y hueso bendecidos con la gracia de la genética pero abandonados por las corrientes sinápticas de la inteligencia. Casos verídicos como los que relato me causan más tedio que interés, amén de un asombro titánico que me hace calibrar la variedad humana que el Creador tuvo a bien poner sobre la faz de la Tierra. Pero cuando se trata de ejercitar la mandíbula y el espíritu, la experiencia no puede resultar más sanadora y catártica. Es precisamente este fenómeno el que acaece como una bendita lluvia de risas en el teatro Reina Victoria de Madrid, de la mano de unos paladines de la comedia tan excelsos como Javier Veiga, Marta Hazas y Carlos Sobera principalmente. El triunvirato de actores nos regala con sus dislates concatenados una de las comedias más hilarantes del año; hecho justamente avalado por el aluvión de espectadores que puebla el patio de butacas con cada nueva función. Marta Hazas se mete en la piel de Marisol, la peculiar chica del tiempo y aspirante a actriz cuyo talento para las artes escénicas es una marea incesante de bochorno y disgustos. El director de un proyecto cinematográfico abocado al fracaso y al estropicio, Javier Veiga, (Max) vive una experiencia surrealista junto a la singular presentadora de las noticias meteorológicas y aspiraciones a lo Meryl Streep. Marisol es como  una preciosa muñeca Barbie, coqueta, proclive a los mohines de princesa consentida, una cara bonita y un embalaje anatómico seductor como únicos acicates, pero incapaz de pronunciar dos frases seguidas sin equivocarse. Luego está el desafío de pronunciar palabras como “solidaridad”, que se le atoran (atascan) en el gaznate a la pobre Marisol como si fuesen huesos de aceituna. Marta personifica a la típica actriz negada, uno de tantos casos vergonzantes en los que la soflama nos enrojece el rostro cuando imaginamos cómo es posible que con tan paupérrima condición artística interpretativa la chica pueda haber pasado el casting. La función en sí misma parece concebida para enmarcar las charcas profundas donde la chica del tiempo con aires de Greta Garbo desdibujada se ahoga una y otra vez. “5 y acción” parece pues planificada al detalle para veneración de la curvilínea Marta Hazas, una actriz polifacética y magistral en todo lo que hace y que lleva impreso en ese rostro suyo inmaculado una luz de eterna juventud y alegría que se me antoja como un virus contagioso de felicidad. Su faz resplandece tanto como su capacidad para enfundarse pieles y almas, que lo mismo te sorprende de bandolera que de secretaria de una agencia de confección con modistas y sastres de vanguardia.


Javier Veiga y Carlos Sobera, forman un tándem, palabra que suena en la obra una y otra vez casi a modo de mantra o eco compulsivo, un tándem perfecto decía. Veiga es el director de un fiasco estrafalario, un film infumable que se desmorona sin remedio por demasía de actores que parecen sacados de un mercadillo de saldo de segunda mano. Con semejantes piezas a ensamblar y Marisol, la chica del tiempo como mejor baza del elenco interpretativo, al desdichado Max (Javier Veiga) sólo le queda cortarse las venas o poner a prueba su paciencia de Santo Job. Sobera está formidable y espectacular en todo momento. No hay que perder ripio del momento “practicante”, probablemente uno de los ejes cómicos más inolvidables de “5 y acción”. Acompañan las payasadas de Sobera, Hazas y Veiga dos fantásticas actrices como lo son Ana Rayo y Marta Belenguer, (Antonia y Pilar respectívamente). Ambas representan la robustez confiable de las actrices de largo recorrido profesional que jamás decepcionan y que siempre brillan con luz propia, aunque lo hagan habitualmente en papeles subalternos pero a la par, imprescindibles y memorables.

lunes, 11 de diciembre de 2017

LA REVOLTOSA. TEATRO QUEVEDO



LA REVOLTOSA 
TEATRO QUEVEDO. MADRID

(Divertida, excelentes interpretaciones)


Esta es ya la segunda vez que me dejo seducir por el alegre rebullicio de la zarzuela. Supongo que en la primigenia ocasión, “Agua, azucarillos y aguardiente”  Insufló en mi alguna suerte de insulina y ahora ando condenado a sentir una agradable atracción por este tipo de espectáculos tan vernáculos, vástagos de nuestra genética española. “La revoltosa”, como bien indica su nombre, resuena a algarabía, alharaca y un cierto desmadre de pura zapatiesta (alboroto). El elenco sobre el escenario, como ya acaeciese en la previa ocasión mentada, es en realidad el motor que despliega todo el potencial de esta afamada zarzuela, representada por primera vez en el teatro Apolo de Madrid en el año 1897.



 Los actores, cantantes, humoristas, intérpretes de una España profunda marcada por atavismos decadentes, están soberbios en sus roles y como digo son el alimento copioso que por sí mismo es suficiente para mantener a flote y llevar a buen puerto el género de la zarzuela. El argumento de “La Revoltosa” es en sí mismo una paridad equitativa de simpleza y cuitas ancestrales: la disputa por el amor de una mujer. Eso sí, una mujer de bandera, una mujer de figura voluptuosa y sicalipsis (erotismo) palpitante en cada uno de sus  gráciles movimientos estudiados; toda una suerte de poses y mohines de coquetería que derretirían a las mismísimas estatuas de piedra del Parque del Retiro de Madrid. Ellos, los que cortejan, dibujan el consabido patrón de patetismo masculino que se arrastra y pierde la dignidad por una mirada de la diosa admirada. Lascivos vulgares y casi bochornosos que van dejando un rastro de babas tras la inalcanzable Mari Pepa (Marta Pineda). Felipe (Óscar Cabañas) está perfecto como digno retrato del enamorado celoso de ego rasgado por el recelo y la ligereza con que la “casquivana” vende imposturas de ilusiones de amoríos al mejor postor.

Destaca como un diamante en bruto que aún no hubiese alcanzado todo su potencial de fulgor la sublime Marta Pineda. Una voz privilegiada de soprano que menoscaba sin remordimientos la leyenda de “La Revoltosa”, como si su sagrado legado fuera algo intrascendente y fútil frente a una voz que podría acallar todas las voces del orbe de pura fascinación. El humor está servido en bandeja de plata de la mano de los acólitos de Mari Pepa, una caterva de lacayos rendidos a los pies de la odalisca y reina de sus corazones, mientras las esposas, entre divertidas y ofendidas, preparan una emboscada para los “libertinos” badulaques (botarates).


La función resulta grata y entretiene al espectador con una historia anodina y vieja como el mundo que un acertado elenco de actores cincela y bruñe para engalanar con sus más bellos atavíos. No concibo ya la zarzuela sin el donaire de Candelas (Rafa Casete) o la frescura de Atenedoro (Alejandro Rull). Gorgonia y Soledad (Irene Martín y Marisol Herrero respectivamente) están soberanas y mayúsculas sobre un escenario que dominan y conocen. Todos aportan su granito de arena para que el espectador se acerque a la zarzuela con la fruición y prurito (deseo grande) de repetir tal experiencia.

ORLANDO TÜNNERMANN 

miércoles, 29 de noviembre de 2017

EL HOTEL DE LOS SUICIDAS



EL HOTEL DE LOS SUICIDAS
TEATRO QUEVEDO. MADRID





(Entretenida, una disparatada historia de fantasmas e inquilinos en un hotel encantado)

Hace unos años tuve la siniestra ocurrencia de alojarme por una noche en un espeluznante hotel en China de la época de Stalin. Aquel lugar parecía inspirado en las peores pesadillas de Stephen King: pasillos interminables con luces cetrino-amarillentas o rojizas moribundas, pasillos oscuros y angostos, paredes desconchadas, ventanales sucios y suelos con raídas moquetas y manchas que podían ser de sangre coagulada, tal cual. 

Recuerdo pasillos que no conducían a ninguna parte o que se asomaban a ventanas que miraban hacia una especie de sanatorio mental de los años 30. Fue una experiencia trascendental, de esas que te erizan hasta las llagas de los pies y los filamentos grisáceos de las primeras canas. Esa atracción por el lado oscuro es la que me ha llevado en esta ocasión a dejarme seducir por los habitantes carnales e incorpóreos del hotel de los suicidas; nada que ver con mi “carnavalesco” hotel de las almas perdidas. La historia es tan inquietante como amena. El hotel Abadía, cerrado a cal y canto desde los años 80 de Spandau Ballet y Wet Wet Wet, reabre sus puertas muchas décadas después para solaz de los acólitos de lo paranormal. El hotel fue en su día poco menos que un ávido receptor de suicidas, o sea, el maná preferido de quienes se regocijan con historias de posesiones infernales, almas en pena y espectros errantes que susurran tras las paredes de una habitación sellada. En busca de emociones de pura adrenalina y algún tipo de contacto de corte fantasmagórico con los fantasmas que presuntamente moran en el hotel hasta el fin de los tiempos, unos huéspedes extremadamente impresionables se alojan en el embrujado hostal como quien se enrola en las filas de los boy-scouts para regresar a casa con la mochila repleta de aventuras que contar. El argumento tiene gancho y llega a buen puerto por un nutrido elenco de jóvenes actores homogéneos, caracterizados por interpretaciones ágiles y desinhibidas. Son los albores de las incipientes carreras teatrales de unos actores que llevan el alma cargada con el combustible rebosando por cada poro de la piel. Novedad, desafío, demostrarse a uno mismo hasta dónde puede llegar, medrar y aprender, sembrar para recoger después. Es un buen punto de partida. Los actores derrochan energía y entusiasmo y el placer primigenio de la ilusión por una pasión recién descubierta. He visto talento y desparpajo sobre ese escenario, frescura, espontaneidad; madera de primera calidad para cincelar lo que podría llegar a ser la silueta y el perfil de una nueva avanzadilla de actores avezados, curtidos y acaso, si el hado (devenir, futuro) lo permite, afamados. En líneas generales me complace el conjunto artístico que desfila ante mis ojos y no me cuesta imaginar cómo en el futuro más rayano (cercano) comienzan a desplegar velámenes y rutas de crucero actores y actrices tan prometedores como Claudia Salas (Silvia), Luciana (África Aragoneses), Javier Galán (Didier), Carla Casares (Elena) o el irrefrenable Juan Ramón Mohiño (Erik). Todos ellos, mentados en estas líneas o incluidos en mi visión global, sin menoscabo de nadie, representan un hálito de frescura natural que subraya una vez más la salubridad de un país como el nuestro, sobrado de talento y famélico (hambriento) aún de oportunidades para desplegar todo ese artesanal, todo ese manantial de emociones.

Estoy como espectador sentado en la antesala o estuario de los proyectos a medio macerar. El tiempo dirá si estos actores tan lustrosos se quedan en meros bocetos ilusionantes o se transforman en la autopista hacia el cielo destinada a los próceres de los escenarios. En definitiva, una función de corte paranormal con fantasmas zascandiles que se mueren de aburrimiento y usurpan cuerpos como si fuesen habitaciones vacías.

Fantasmas de rostros alicaídos y mohines adustos que observan cómo pasa la vida ante sus ojos vacuos. Personajes de aplomo y madurez como Alberto (Carlos Corchero) cuyo talante y solidez en el escenario son en sí mismo un baluarte, una apuesta segura, un viso y fulgor evidente de esa fecunda turba de actores que vienen pisando fuerte y que pisan el escenario como si les perteneciera. Curtida y soberana, vuelvo a insistir en retazos de alabanzas, es la magnífica y bellísima África Aragoneses (Luciana); se pasea como la mismísima Cleopatra por el escenario y nos deja ver esa grandeza mayúscula de los actores que en sus comienzos a medio pulir ya revelan un potencial abrumador.

Los contactos entre vivos y muertos son la balsa que hace navegar este navío por las turbulentas aguas subterráneas de la zozobra, emoción que domina con creces la sublime Elena (Carla Casares). Está sencilla y perfecta en la ternura y la ingenuidad, la candidez y el cambio de registros de manera automática, sin esfuerzo, como un brote de aire puro.

Es interesante el transcurso imparable del devenir de los conatos de suicidio y la donosa, gratuita y casi festiva curiosidad de quienes juegan con lo desconocido como si fuese un juguete de última generación. Entretenida apuesta sin duda para pasar un rato agradable y sentir el aliento de la nueva horda de grandes actores gestados en nuestras fronteras.

Un cordial saludo para todo el equipo y el conglomerado de actores entreverado en una madeja de optimismo e ilusión que, con pertinacia y denuedo, se convertirá sin duda en el asfalto de la autovía hacia el estrellato.

lunes, 6 de noviembre de 2017

LA HABITACIÓN DE VERÓNICA -TEATRO REINA VICTORIA-

“LA HABITACIÓN DE VERÓNICA”

TEATRO REINA VICTORIA. MADRID

“(INQUIETATANTE, ABRUMADORA, HIPNÓTICA, UN HALO ASFIXIANTE DE INTRIGA, INTERPRETACIONES EXCELSAS)”

 Regreso a las llanuras fecundas de mis crónicas teatrales para tirar de un hilo de una madeja cargada de emociones vibrantes, hipnóticas e intrigantes desde el minuto uno. El teatro Reina Victoria ha quedado imbuido en un halo de misterio casi asfixiante y opresor. El artífice de tal encantamiento no es otro que el dramaturgo estadounidense Ira Levin, autor de la eminente y aterradora novela y película “La Semilla del diablo”.

Dirigida y traducida por Ricard Reguant, “La habitación de Verónica” nos embauca desde el minuto uno sumiendo al espectador en un halo de intriga trepidante y ponzoñoso que se fuese extendiendo como un virus maléfico, cuya finalidad fuese atrapar al espectador en un estado de parálisis permanente que lo mantiene clavado a la butaca, conteniendo el aliento, apresado en la trama como si fuese ésta una trampa letal que te arrebatase el aliento y el alma.

Una pareja de apariencia entrañable y anodina concierta con una chiquilla pizpireta y resuelta a participar durante un breve instante en una falacia inusitada con fines humanitarios. Un juego peligroso de enmascaramiento y suplantación de identidad que persigue aliviar el sufrimiento del último miembro vivo del clan Brabissant. Verónica es la personificación de la hermana adulterada que se entrega a la farsa en pos de un recurso tan diabólico como, presuntamente” redentor y lenitivo (calmante).
Pero bien es sabido que poco beneficio proporciona un cargamento tan descollante (sobresaliente) si no viene coadyuvado (apoyado) por un elenco protagonista a la altura de tamaño reto.

La polifacética y donosa actriz y cantante Lucía Gil es quien soporta el peso abrumador del personaje central, Verónica, ese trasunto modificado de hermana viva que asume su rol como algo divertido y terapéutico. Dicharachera y adorable en todo momento, representa al arquetipo idóneo de novia, consorte y futura esposa con quien sueña toda madre para su hijo: positiva, risueña, resuelta, un torbellino juvenil contagioso. Como buitres agazapados en su negro plumaje acechan con nebulosas intencionas Antonio Albella (Sr.Mckey) y Lara Dibildos (Sra.Mckey). Pergeñadores del maquiavélico juego de pura engañifa con aires de inocencia y beneficencia, sus interpretaciones pertenecen a un estrato destinado a las grandes celebridades de la historia del cine y el teatro. Nombres que debieran esculpirse con marchamo de inmortalidad, que a fin de cuentas, crean escuela y sirven como paradigma de los sueños que se anhelan acariciar y que sólo se materializan con ímprobo denuedo de años y años de duro trabajos, derrochando amor por la profesión y ambición ilimitada por superarse a sí mismo cada día, dando lo mejor de uno mismo y considerando cada nueva gesta como un reto futuro superable. Lara, bella, escultórica, dama de los escenarios, ancla su fisonomía perfecta y su maestría en esto de la interpretación como si el teatro fuese el hogar donde reposan sus sueños de grandeza. Albella domina como propia la emoción, la intensidad necesaria inyectada en cada gesto y palabra. Antonio y Lara llevan al culmen el significado intrínseco y por antonomasia del concepto del suspense, tensión, misterio. El pretendiente de la impostada Verónica está correcto. Javier Pascual se funde en su personaje contenido y puedes sentir cada fibra de su ser entregada al ejercicio de su rol. En definitiva, una clase magistral de cómo llevar el concepto del misterio a las cotas más excelsas; un regalo generoso de derroche interpretativo que no pueden abarcarse con ovaciones ni panegíricos.
ORLANDO TÜNNERMANN.