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BIBLIOGRAFÍA DE VÍCTOR VIRGÓS

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"LA CASA DE LAS 1000 PUERTAS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES-

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS". A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

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"LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

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"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)
"EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES" (EN PROCESO DE GESTACIÓN"

ORLANDO TÜNNERMANN

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AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

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"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" VÍCTOR VIRGÓS

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"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS"

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"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". VÍCTOR VIRGÓS.

BÁRBARA Y MIRANDA SON TESTIGOS DE UNA REUNIÓN CLANDESTINA DE UNA PELIGROSA BANDA DE FACINEROSOS.

SU INTROMISIÓN ACABARÁ POR ARRASTRARLAS HASTA UN DESCONOCIDO, INHÓSPITO Y DESHABITADO PUEBLO TUROLENSE, DONDE MANFRED BÖHER LLEVA A CABO UN DEMENCIAL PROGRAMA TERAPÉUTICO QUE EL LUNÁTICO MESÍAS HA DADO EN LLAMAR "LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". SUS VIDAS CORREN PELIGRO EN MANOS DEL ESPURIO SANADOR Y SU CUADRILLA DE ENAJENADOS PROSÉLITOS.

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ISLA DIAMANTE "VÍCTOR VIRGÓS"

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LA MODELO DANESA SISSEL MADSEN ES SECUESTRADA Y DESAPARECE JUNTO A UN HOMBRE DE ENIGMÁTICA CATADURA POR ENCARGO DE UN NEFARIO EMIR.

UN TESTIGO FORTUITO RECOGERÁ UN PERIÓDICO QUE LA MODELO ARROJA AL SUELO, CON UNA ÚNICA PISTA DE SU PARADERO ESCRITA EN TINTA ROJA DE CARMÍN: "ISLA DIAMANTE".

EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS



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CASSANDRA KOWALSKA, LA NUEVA VOCALISTA DE LA BANDA TUROLENSE SIRENAS IN LOVE, ACUDE AL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS PARA OFRECER UN CONCIERTO EN DIRECTO.

ALLÍ SE TOPARÁ CON LA PELIGROSA BANDA DE FORAJIDOS DE BARRABÁS, QUE ACABA DE ESCAPAR DEL PENAL.


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"SOL TENEBROSO"

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ARTURO SUCHIL RECIBE UNA CARTA DE SU ESPOSA PAOLA DESPUÉS DE 20 AÑOS, PERO PAOLA FUE ENTERRADA EN UNA CRIPTA DE LA ISLA DE TABARCA CUANDO MURIÓ AHOGADA AL SALIRSE SU COCHE DE LA CARRETERA Y SUMERGIRSE EN EL MAR.

ARTURO DEBE DESCUBRIR QUÉ SUBYACE TRAS LA REPENTINA "RESURRECCIÓN" DE PAOLA, QUIEN LE CITA EN EL DEPRIMENTE Y AISLADO PUEBLO TUROLENSE DE OJOS NEGROS.

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

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"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

CASSANDRA KOWALSKA ES CITADA EN LA GESTORIA DE AMANCIO GUEVARA, EN PUEBLA DE SANABRIA, PARA LA LECTURA DE LAS ÚLTIMAS VOLUNTADES DE SU ABUELO, QUIEN LE DEJA TODA SU FORTUNA.

VLADIMIR KOWALSKA GUARDABA MUCHOS SECRETOS Y SU ACÉRRIMO ENEMIGO, AMANDO SALCEDO, NO PUEDE PERMITIR QUE SALGAN A LA LUZ. ENVIARÁ A SUS SICARIOS TRAS LAS HUELLAS DE CASSANDRA PARA RECUPERAR ALGO QUE SU PADRE LE ROBÓ ANTES DE SIMULAR SU PROPIA MUERTE Y LA DE SU MUJER.

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS
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ARINSAL FUE BRUTALMENTE APALEADA Y VIOLADA POR UNOS HOMBRES 5 AÑOS ATRÁS EN UN SUBURBIO DE JORDANIA. LA DIERON POR MUERTA, PERO SOBREVIVIÓ, Y AHORA HA REGRESADO PARA COMENZAR UNA CRUZADA PERSONAL VINDICATIVA CONTRA TODOS ELLOS. NADIE ESTÁ A SALVO, NI SIQUIERA CARMELO DE LA PRIDA, UN HOMBRE ABYECTO Y PODEROSO QUE SE REFUGIA DEL MUNDO EN EL INEXPUGNABLE CASTILLO DE ARCALÍS.

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

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CUANDO ÁLEX MERCURY OBSERVA EL EXTERIOR A TRAVÉS DE LA VENTANILLA DEL TREN, VISLUMBRA ATÓNITO EL ESPERPÉNTICO, SINIESTRO Y DESOLADOR PAISAJE DE "JYS; LA ESTACIÓN DEL TIEMPO".

TRACI NO ESTÁ A SU LADO; HA DESAPARECIDO, AL IGUAL QUE EL RESTO. EL TREN ESTÁ VACÍO. NO HAY NADIE, SÓLO SILENCIO Y UNA LUZ CENICIENTA QUE LO ENVUELVE TODO EN UN SUDARIO GRIS OSCURO.

ALGO INEXPLICABLE SUCEDIÓ CUANDO LOS HACES DE LUZ ENGULLERON AL TREN, CUANDO CRUZÓ AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD.

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

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"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

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"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL PUEBLO BURGALENSE DE CORTIGUERA PARECÍA ABANDONADO, DEVORADO POR LA VEGETACIÓN SALVAJE, TAN HERMOSO Y ESPECTRAL A LA VEZ, CON AQUELLAS MANSIONES BLASONADAS DONDE YA NO VIVÍA NADIE. LAS BARRERAS A LA ENTRADA DEL PUEBLO, CON AQUELLA PROHIBICIÓN EXPLÍCITA DE ACCESO A LOS NIÑOS, RESULTABAN INQUIETANTES; TANTO COMO EL ALBINO DE OJOS AZULES, TANTO COMO EL EXIGUO REDUCTO DE HURAÑOS LUGAREÑOS QUE PROTEGÍAN CON DESPROPORCIONADO CELO EL BOSCOSO SENDERO QUE CONDUCÍA AL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS.

SELENE MOON

SELENE MOON

"SELENE MOON"

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)


CUANDO EL DETECTIVE ORLANDO TÜNNERMANN ACUDE AL TEATRO "LA CUARTA PARED" PARA ASISTIR A LOS ENSAYOS DE LA OBRA "LA NOVIA DE LA MUERTE", LE ANUNCIAN QUE LA BAILARINA PRINCIPAL, SELENE MOON, HA DEJADO LA COMPAÑÍA TEATRAL PRECIPITADAMENTE, SIN PREVIO AVISO, ENVUELTA EN UN HALO DE MISTERIO Y URGENCIA.

EN SU CAMERINO, ORLANDO ENCUENTRA UNA PEQUEÑA CUARTILLA CON UN SUCINTO MENSAJE ESCRITO: "NO DEJES DE BUSCARME, DETECTIVE"

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES HA VUELTO A REUNIRSE. SIN EMBARGO, EL MUNDO AL QUE RETORNAN HA CAMBIADO DRÁSTICAMENTE. CORRE EL AÑO 2133. LA POBLACIÓN MUNDIAL HA QUEDADO DIEZMADA A CAUSA DE LA REBELIÓN DE LOS ROBOTS Y DE UNA CORPORACIÓN TAN CLANDESTINA COMO PODEROSA CAPAZ DE CONTROLAR LA VOLUNTAD Y EL DESTINO DE LOS SERES HUMANOS POR MEDIO DE UNOS CHIPS ELECTRÓNICOS QUE LES HAN SIDO IMPLANTADOS.

lunes, 6 de noviembre de 2017

LA HABITACIÓN DE VERÓNICA -TEATRO REINA VICTORIA-

“LA HABITACIÓN DE VERÓNICA”

TEATRO REINA VICTORIA. MADRID

“(INQUIETATANTE, ABRUMADORA, HIPNÓTICA, UN HALO ASFIXIANTE DE INTRIGA, INTERPRETACIONES EXCELSAS)”

 Regreso a las llanuras fecundas de mis crónicas teatrales para tirar de un hilo de una madeja cargada de emociones vibrantes, hipnóticas e intrigantes desde el minuto uno. El teatro Reina Victoria ha quedado imbuido en un halo de misterio casi asfixiante y opresor. El artífice de tal encantamiento no es otro que el dramaturgo estadounidense Ira Levin, autor de la eminente y aterradora novela y película “La Semilla del diablo”.

Dirigida y traducida por Ricard Reguant, “La habitación de Verónica” nos embauca desde el minuto uno sumiendo al espectador en un halo de intriga trepidante y ponzoñoso que se fuese extendiendo como un virus maléfico, cuya finalidad fuese atrapar al espectador en un estado de parálisis permanente que lo mantiene clavado a la butaca, conteniendo el aliento, apresado en la trama como si fuese ésta una trampa letal que te arrebatase el aliento y el alma.

Una pareja de apariencia entrañable y anodina concierta con una chiquilla pizpireta y resuelta a participar durante un breve instante en una falacia inusitada con fines humanitarios. Un juego peligroso de enmascaramiento y suplantación de identidad que persigue aliviar el sufrimiento del último miembro vivo del clan Brabissant. Verónica es la personificación de la hermana adulterada que se entrega a la farsa en pos de un recurso tan diabólico como, presuntamente” redentor y lenitivo (calmante).
Pero bien es sabido que poco beneficio proporciona un cargamento tan descollante (sobresaliente) si no viene coadyuvado (apoyado) por un elenco protagonista a la altura de tamaño reto.

La polifacética y donosa actriz y cantante Lucía Gil es quien soporta el peso abrumador del personaje central, Verónica, ese trasunto modificado de hermana viva que asume su rol como algo divertido y terapéutico. Dicharachera y adorable en todo momento, representa al arquetipo idóneo de novia, consorte y futura esposa con quien sueña toda madre para su hijo: positiva, risueña, resuelta, un torbellino juvenil contagioso. Como buitres agazapados en su negro plumaje acechan con nebulosas intencionas Antonio Albella (Sr.Mckey) y Lara Dibildos (Sra.Mckey). Pergeñadores del maquiavélico juego de pura engañifa con aires de inocencia y beneficencia, sus interpretaciones pertenecen a un estrato destinado a las grandes celebridades de la historia del cine y el teatro. Nombres que debieran esculpirse con marchamo de inmortalidad, que a fin de cuentas, crean escuela y sirven como paradigma de los sueños que se anhelan acariciar y que sólo se materializan con ímprobo denuedo de años y años de duro trabajos, derrochando amor por la profesión y ambición ilimitada por superarse a sí mismo cada día, dando lo mejor de uno mismo y considerando cada nueva gesta como un reto futuro superable. Lara, bella, escultórica, dama de los escenarios, ancla su fisonomía perfecta y su maestría en esto de la interpretación como si el teatro fuese el hogar donde reposan sus sueños de grandeza. Albella domina como propia la emoción, la intensidad necesaria inyectada en cada gesto y palabra. Antonio y Lara llevan al culmen el significado intrínseco y por antonomasia del concepto del suspense, tensión, misterio. El pretendiente de la impostada Verónica está correcto. Javier Pascual se funde en su personaje contenido y puedes sentir cada fibra de su ser entregada al ejercicio de su rol. En definitiva, una clase magistral de cómo llevar el concepto del misterio a las cotas más excelsas; un regalo generoso de derroche interpretativo que no pueden abarcarse con ovaciones ni panegíricos.
ORLANDO TÜNNERMANN.



lunes, 16 de octubre de 2017

"LA LLAMADA". TEATRO LARA. MADRID



“LA LLAMADA”
TEATRO LARA. MADRID
WWW.EL-HOTEL-DE-LAS-ALMAS-PERDIDAS.BLOGSPOT.COM

(Divertida, emocionante, voces a la altura de las magistrales interpretaciones de Angy Fernández y Susana Abaitua. Trasfondo religioso y musical en clave de humor).



Cuando el río suena, agua lleva. Estoy firmemente convencido de que los fenómenos mediáticos del género que sean, cuando son capaces de “aglutinar" en los escenarios, estadios, patios de butacas, anfiteatros, cientos de miles de espectadores, todos ellos atrapados por el entusiasmo como víctimas de un sortilegio, eso necesariamente debe significar que el “objeto” que los produce es de gran calidad o tiene un diseño ingenioso, atractivo y diferente.

Independientemente de nuestros gustos personales, parece sensato pensar que si las masas dispares de nuestro mundo llegan al tácito acuerdo de alabar determinado producto, jalonándolo de atributos admirativos frente al desplante de unos pocos, esa gran mayoría no puede estar equivocada o, al menos, merece ser escuchada.

“La llamada” es parangón de onda expansiva y tornado de arena, lluvia y viento que todo lo arrastra a su paso. Un éxito fulgurante que se ha visto recompensado recientemente por el advenimiento de un "hijastro" en el celuloide, o lo que es lo mismo, la versión para la gran pantalla. El musical escrito y dirigido por Javier Ambrossi y Javier Calvo nos lleva de la mano al sagrado recinto cristiano del campamento La Brújula para presentarnos a dos muchachas tan casquivanas y díscolas como adorables desde el minuto cero. Las dos amigas, Susana (Angy Fernández) y María (Susana Abaitua) son como un febril poso de hormonas revolucionadas que se moviesen por inercia centrífuga, imposible de amarrar ni atenuar tanta impetuosidad ni con medio litro de cloroformo. La química, complicidad, naturalidad y salubre amistad entre las inseparables compañeras es sin duda un acierto en plena diana, un lanzamiento de saeta a lo Robin Hood, una elección inmejorable de personajes y actrices para que “La llamada” se convierta en una invocación al aplauso y a los patios de butacas llenos. El argumento en sí es lo más irrelevante, algo casi insustancial y subalterno, como una mera gargantilla en el cuello de ibis de Nefertiti o una vulgar diadema en la rubia cabellera de Marilyn Monroe. Nadie recuerda el color del contorno de madera que enmarca los lienzos de Velázquez; si el marco que apresa las obras de Klimt o Dalí era hermoso o anodino. Está ahí, pero más por imposición que por necesidad.

Angy y Susana son el vestuario de gala de esta función. Verlas sobre el escenario es un placer.

Espontaneidad llevada a la maestría, es lo que básicamente representa este dueto armonioso. Susana Abaitua me ha sorprendido con una voz límpida de cantante purista, pero el verdadero deleite converge en su modo de interpretar, que es algo digno de las grandes divas del teatro. Susana confiere a cada registro un matiz épico. Sobrecogen también las cualidades vocales e interpretativas de la monja confidente Milagros (Erika Bleda), todo un portento de figura voluptuosa y voz rotunda. Dicharachera e ingeniosa, es el puente de conexión para las “zagalas” entre la vida espiritual y la mundana. En este recinto dedicado a consagrar valores cristianos surge la recién llegada al campamento, Bernarda (Alícia Orozco), una sor de beatitud inveterada (arraigada) y corazón juvenil. Representa uno de los ejes centrales de comicidad de la función, que cuenta en su reparto con el mismísimo Dios, personificado en la figura atildada (pulcra), bruñida y elegante de un trasunto de cantante a lo Frank Sinatra interpretado por Richard Collins Moore. La banda de Dios va poniendo banda sonora al discurso de las actrices; una gran banda, por cierto. Temas como “Si esto es fe” son acicates más que suficientes para que la emoción del espectador se transforme en un arroyo lumínico. Muy divertida la “repesca” en el recuerdo de “La Güisnis”, Whitney Houston en el dialecto de Sor Bernarda.

En definitiva, cumplirán las expectativas de los más implacables críticos el modo donoso en que Sílvia y Angy hacen de sus interpretaciones algo divertido y espectacular. Angy pidiendo un taxi, dándole al taxista las indicaciones pertinentes de dónde diantres se encuentra el campamento La Brújula, eso no tiene desperdicio....
ORLANDO TÜNNERMANN

martes, 10 de octubre de 2017

LA FAMILIA ADDAMS EN EL TEATRO CALDERÓN DE MADRID



LA FAMILIA ADDAMS
TEATRO CALDERÓN. MADRID

(BROADWAY EN MADRID, ESCENARIOS GÓTICOS, BAILES FRENÉTICOS, INTERPRETACIONES MAYÚSCULAS, VOCES MAGISTRALES)


Ya desde que era yo un púber, e incluso antes de esa tierna edad, portaba yo en mi interior un halo entre gótico y siniestro que hallaba más fruición entre vampiros y seres inclasificables que con aquellas historias clásicas y manidas (muy habituales) de corte familiar; las típicas recetas de Disney para mantener a los críos entretenidos: “que si unos animalitos cantarines y parlanchines, el oso huérfano que se hace amigo del ciervo tontorrón, cuatro ardillas muy cotillas y un tigre sin valor que van en busca de aventuras…”

La hipnótica atracción por “el lado oscuro” fue acelerando a velocidad progresiva a medida que yo iba creciendo como una espiga silvestre. Llegaba el año 1991 y mi romance con la familia Addams fue como un “flechazo de amor de ultratumba”. El clan de cadavéricos tarugos de museo de los horrores, conminados a morar en mansiones espectrales, me divertía tanto como me fascinaba. La idea original de Charles Addams, llevada al celuloide en el año 1991 por el cineasta Barry Sonnenfeld, contaba en el reparto con actores inconmensurables de la talla de Anjelica Houston, Raúl Juliá y Christina Ricci entre otros. Definir a la familia Addams como “peculiar” sería quedarse corto y pecar de excesivamente modoso y diplomático. Compuesta por personajes caricaturescos, divertidos y adorables; un club de adefesios y rarezas de catálogo profesional, eran azuzados sin descanso por un abogado codicioso que les quería expropiar y dejarles en la calle para hacerse con la fortuna familiar. Aquello acaecía en los años 90. La versión que nos llega ahora al Teatro Calderón se centra en uno de sus retoños, más concretamente en la hija de los Addams, Miércoles (Lydia Fairen), que como relataré más adelante es poco menos que una criatura dotada con un don celestial.

La función bajo la techumbre lúgubre del teatro juega sobre seguro; todos los detalles pormenorizados que analizan al detalle los críticos más inclementes y acerbos (rigurosos) han sido abrillantados, cincelados, esculpidos y bruñidos con primor con el objetivo de epatar (fascinar) y doblegar las voluntades más pétreas (de piedra), incluso las de los esqueletos fraudulentos que decoran el teatro a modo de espectadores que fenecieron en sus butacas en una época olvidada ya por ancestral. Broadway en Madrid, me ha dado por “canonizar” a este espectáculo de la “NBA” de las artes escénicas. Teatro musical pergeñado (diseñado) para abrirse paso a codazos entre las fatuas élites norteamericanas que tanto gustan del engolamiento acostumbrado de sus titánicas producciones.

El equipo artístico de Let’s Go ha apostado por la excelencia. Debo decir que tamaño desafío se verá sin lugar a dudas recompensado con creces gracias a un trabajo global inmaculado. El teatro Calderón, transfigurado por completo, parece la antesala de un cementerio gótico: luces lóbregas, esqueletos retorcidos que penden de los palcos, ornamentos terroríficos con intencionado objetivo de atrapar el corazón del espectador en una telaraña de horrores inimaginables…

Creada la ambientación adecuada para sobrecoger, el musical es un torrente de fragoroso caudal que discurre desde el inicio a ritmo trepidante, jalonado con canciones magníficas que interpretan con maestría los actores nucleares. Interpretaciones excelsas que se adaptan como un guante al fantasmagórico esquema de los registros de frenopatología (locura) que demandan unos personajes tan siniestros.

Una cohorte de “ascuas, pavesas y cenizas”, me encanta esta definición, me refiero a los escalofriantes bailarines ataviados de anacrónico gris plomizo, se arremolina en torno a los actores principales como en un fenómeno de pura prosopopeya o personificación de esos elementos combustibles. La ilusión pretende hacernos creer, y lo logra, que la maníaca brigada gris espectral acaba de erigirse de de sus tumbas, túmulos, sarcófagos y nichos para proteger a la inquietante Miércoles, una viajera itinerante en un amor que se debate entre el deseo puro y sincero de su pretendiente, Lucas, y la adicción genética, vernácula e intrínseca de su propia naturaleza endógena, maléfica y repugnantemente atraída por la perversidad y el dolor. Sucumbir a las artes de taumaturgia (magia) de consagrados actores inefables como Xavi Mira o Carmen Conesa, (Gómez y Morticia) respectivamente, es algo que das por hecho, del mismo modo que sabes de antemano que la lluvia encharca y el sol broncea. Cantan, bailan, interpretan, irradian luz propia, destilan energía, “sangre y fuego” sobre el escenario como soberanos zares a quienes admiras, respetas y rindes pleitesía. Son ambos el talismán que gobierna al resto del elenco, adláteres (compañeros) que a la zaga resplandecen igualmente reclamando su lugar en este mundo. Nadie queda atrás, nadie queda desdibujado ni menoscabado en
talento y relevancia. Cada actor, cada bailarín, desempeña una función y lo hace con destreza y fogueado (experimentado) conocimiento. El musical tiene efectos absorbentes y como en una telaraña o la rueca hechizada de una bruja, quedas atrapado. Meritxell Duro (Abuela Addams) pone las notas humorísticas más
tronchantes y a Fétido (Fernando Samper) le encuentro soberbio y enorme en su interpretación de Romeo enamorado de La Luna. Ese número musical es de una belleza incontestable, romántica y emotiva; un número circense, sensual y artístico, gimnástico y elástico, dúctil, onírico como los sueños son…


Pero esto es algo que el espectador debe saborear en su justa medida subjetiva. No es mi intención narrar y desbrozar cada página como si fuese yo su creador. Otro número musical inigualable, cargado de matices de variada naturaleza, es el que nos regala la bella, rotunda y maravillosa actriz Julia Móller (Alice Beineke) sobre una mesa de “banquete nupcial”. Pizpireta, un tanto casquivana en ocasiones, canta como los ángeles esta mujer. Me sorprende gratamente, aunque me cuesta más de lo debido atracar en los muelles de este razonamiento, Alejandro Mesa (Pugsley). Tiene aspecto de polizón en un elenco que a primera vista parece venirle grande, como cuando tratas de pasar al mayordomo por vizconde y al monarca por lacayo. Pero la ilusión óptica dura tan sólo unos minutos. Alejandro interpreta, emociona, convence, canta y se ha ganado a pulso su sitio en ese escenario estelar. Adicto al afecto depravado de su hermana Miércoles, tiene su gracia verle electrocutado una y otra vez para su propia fruición. Una familia peculiar, ya lo decía yo…

Andrés Navarro (Malcolm) le coge el punto justo al “padre del novio” un tanto snob y “sobrado” que flota sobre nubes de algodón y que jamás se sentaría a comer en la misma mesa que ocupase la plebe. Engolado y algo fatuo, le veo coherente como esposo de la flamante Alice. Es verosímil y risible el descubrimiento del “cruce” entre las dispares familias: una de clase social alta acomodada, la otra, inclasificable por cuestiones que tienen más que ver con la nigromancia y el espiritismo que con el mundo de los vivos.


En definitiva un engranaje aquilatado (calculado) con precisión científica y cuyos artífices sueñan ya con ovaciones ecuménicas (universales), merecidas, veamos si me equivoco.

Es una grata sorpresa descubrir las notables cualidades de canto del horrendo Lurch (Javier Canales), quien se expresa durante toda la función en el lenguaje de los orcos a primera hora del alba, cuando se destilan los bostezos. Para concluir, en este terreno que acabo de colonizar llamado “sorpresa inesperada” mención honorífica para Lydia Fairen (Miércoles), todo un tempranero prodigio embutido en un cuerpo magro adolescente de figura menuda y subalterna. Lydia es el ejemplo perfecto de la actriz cuyo futuro se escribirá con tinta dorada y cuyo presente viene ya asfaltado en lingotes de oro. Llena el escenario con su presencia, rebosa energía y magnetismo y es en definitiva un “animal
escénico”; pero tengo la sensación de que ni ella misma aún lo ha descubierto. Tiempo al tiempo…

Iñigo Etayo (Lucas) está perfecto en el rol de pretendiente de buena familia que se enamora de un “experimento” al más puro estilo Frankenstein. Una muchachita inquietante espeluznante entre gótica, muerta viviente e híbrido de todo ello. No se puede concluir una crónica que pretenda hacer justicia al fabuloso musical de “La
familia Addams” sin encomiar a todos los artesanos de este producto nacido para la gloria. Para todos ellos una ovación. Pese a que la titánica función descarga todo el peso de la obra en sus aclamados protagonistas principales, no puedo obviar, ni me apetece tampoco, a ese grupo magistral de bailarines “cenicientos” (por el tono de los atuendos) y la impagable labor de maquillaje, vestuario, peluquería y caracterización. Hay grandiosas voces en ese coro de piel plomiza. Un batallón invocado como comparsa que viene a convertirse en revulsivo y elemento imprescindible de la función, para que el espectador acabe sufriendo el mismo embeleso que el encantador Fétido y regrese a su hogar con la mirada enamorada de La Luna.

jueves, 5 de octubre de 2017

POLVO DE ESTRELLAS



POLVO DE ESTRELLAS
 

Penetraste sin permiso en las alcobas privadas de mi mente, donde atesoro codicioso mis anhelos y fantasías más secretos. Irrumpiste como polvo de estrellas, como calina (vapor) del mar y allí quedaste flotante, dormida, latente, tergiversando mis pensamientos para suplantarlos por los tuyos. Al principio te recibí como el naufrago que se ahoga de alborozo con los primeros sorbos de agua fresca rociándole la garganta. Al principio fuiste novedosa y excitante, una puerta abierta a un palacio de diamantes y a paisajes de colores desconocidos. Anudaste piedras cadenas y cerrojos para enviar a las simas del averno mi monotonía. Y yo te acepté de buen grado, pues mi corazón parecía rejuvenecido sabiendo que tú estabas ahí, peligrosa y estimulante. Pero ahora, se desmorona mi castillo de naipes conmigo dentro. Podría gestar milagros inimaginables con la fuerza de mi pensamiento, recorrer senderos alumbrados por estrellas y caminar sobre las olas como si fuese el dios Neptuno. He nacido para la grandeza, tengo talento, tengo un don, pero tú pareces siempre resentida con el fracaso de tus maquiavélicas iniciativas para distraerme y convertirme en un harapo inservible, que solo sirve para limpiar las lagrimas de frustración cada vez que tú me haces trastabillar por medio de malévolas artimañas. Quieres destruirme, no puedes engañarme, por mucho que fabriques inocentes y adorables mohines de princesa consentida y que tu belleza sea comparable a la de los invernales atardeceres noruegos que tiñen de rojo los cielos más límpidos. 

Tu rostro, tu cuerpo, son el maná que intoxica mis pensamientos tupidos y me alejan más y más de mi verdadero destino: resplandecer como un cometa, lejos de tu ponzoñoso influjo veleidoso (cambiante). Crees que te necesito, que no podré vivir sin ti. Mis constantes tropiezos con la voluptuosidad de tu figura pecaminosa, ese santuario de dicha infinita donde van a morir los buques más insumergibles, donde han perecido titanes colosales como castillos, lo corroboran, es cierto, eso te lo admito. Pero hoy he decidido que voy a defenestrarte (despedirte). A mí me espera una nueva vida bañada de gloria y reconocimiento y a ti, una página amarillenta y arrugada que se estruja con desprecio en el abominable vertedero de los recuerdos, la sala de procesado de las vivencias que se olvidan y sellan con hormigón bajo estratos de recuerdos nuevos. Adiós fantasía, bienvenida alegría.

martes, 3 de octubre de 2017

"EL POTLACH" TEATRO LA USINA. MADRID



“EL POTLACH”
TEATRO LA USINA.MADRID

(Interpretaciones estratosféricas, un guión vanguardista, extravagancia, ironía y originalidad)


 
Acudo al teatro La Usina invocado por Coral Igualador, motivado en gran medida por el regusto placentero que me dejara la función “El experimento”, cuya idea original se gestaba en la misma factoría de sueños que ha “cocinado” ahora este nuevo proyecto de nombre tan poco eufónico (que no suena bonito). Coral cambia de tercio para poner sobre un escenario a una nutrida partida de actores que vienen a contarnos qué diantres es esto tan abstruso (raro) de “El Potlach”. Pues ya decía yo que el término en cuestión no es eufónico, suena en el oído a foráneo, vernáculo (oriundo de) de tierras lejanas. Antes de “diseccionar” a los actores, a algunos les recuerdo con más agrado que indiferencia de su paso por ese “Experimento” que nos volvía turulatos a propios y extraños por medio de un enigma relacionado con una zapatería, quiero recorrer la breve senda de la documentación; ese camino ya asfaltado donde reside la sabiduría recolectada por el ser humano desde tiempos inmemoriales. Así, ya instruido y cabal, planeo de manera somera sobre la etimología de ese Potlach que, por mucho que lo repita, me sigue sonando tan extraño como el nombre de algún lago imaginario en Plutón.

POTLACH: Con el propósito de no matar de aburrimiento a las moscas con argumentos extremadamente catedráticos o estudiantiles, mencionaré de manera sucinta los ribetes más destacables de esta ceremonia vigente hasta el siglo XX, si mis fuentes consultadas son fidedignas. Se trata el Potlach básicamente de un gran festejo ceremonial practicado por los aborígenes de Norteamérica y la Columbia británica de Canadá. La enjundia o núcleo central de este “sarao” desemboca sin remedio en el prestigio y la supremacía, triunfo, gloria, la categoría en función de las posesiones y las jerarquías, la apariencia, la vanidad, el consumismo y la prepotencia de quienes viven en la estratosfera altanera de las gentes pudientes. El festival de “egos” flamantes y empingorotados (fatuos) se completaba con el intercambio de regalos que denotaban el estatus jerárquico de un clan. Hasta aquí las “horas lectivas” e hincar los codos.

Prestigio, preponderar sobre los demás, escalar las cimas más inalcanzables pisoteando sin pudor ni remordimientos toda suerte de senderos morales o éticos. En la batalla toda argucia es válida si te conduce al éxito, caiga quien caiga, sea cual sea el precio a pagar, lo único que importa es prevalecer sobre el resto y escapar de la tóxica burbuja de la mediocridad. Machacar, aniquilar, vender tu alma al diablo para contemplar el mundo desde un trono áureo y reírte a mandíbula batiente de las cuitas mundanas de la gente indiferente. De esto va Potlach, en clave de sátira, mordacidad, ironía y crítica social, comicidad, desparpajo extravagante y gamberro, una visión cáustica de los tiempos modernos de rivalidad, zancadillas y empujones para “ponerme yo delante y tú detrás”.

Destacar a toda costa, triunfar, entregarle tu alma al diablo por un minuto de gloria, comprar cantidad de vida en detrimento de la calidad de vida, angustia, estrés, un curso para ejecutivos agresivos, para formar líderes y grandes directivos que se comen el mundo y mueven sus hilos como si fuesen dioses montados en carros de fuego.

Normalmente escribo mis crónicas teatrales, pequeños ensayos y relatos, reflexiones, crónicas viajeras en poco más de media hora. Esta me llevará más tiempo, pues la nueva propuesta de Coral Igualador, acerca de la feroz y descarnada competitividad de unos ejecutivos agresivos cuya máxima vital es el prestigio y la supremacía, llega al teatro La Usina rubricada con diversos matices que no se pueden despachar en dos líneas que se escriben de manera gratuita y automática como si fuesen espasmos de tinta vomitada.

Tuve el gusto de charlar brevemente con Coral al finalizar la función. Es una mujer de sonrisa franca y genuina alegría en su rostro juvenil; un rostro a fin de cuentas donde ha quedado grabado a fuego lento el amor por su trabajo. Disfruta con lo que hace, esto resulta evidente, tanto como la valentía de una mujer que no se arredra ante los desafíos más aventurados. Adoro a los osados, lo admito. Adoro a quienes siguen su instinto y persiguen sus sueños por el mero hecho de creer en ellos, aunque a veces esos sueños se alejen de los cánones habituales. La nueva iniciativa de Coral, como le indico en nuestro conciso coloquio, es extravagante y aventurada; un “golpe de estado” en un panorama “guionístico” manido, trillado, repetitivo y acomodaticio. Cuando uno asciende muy deprisa y coloca el listón tan alto, objetivo que lograra con la maravillosa función “El Experimento”, el peso de la responsabilidad parece duplicado en masa y volumen. Las miradas críticas son
implacables y la demanda de exigencia exacerbada. Así somos los seres humanos. Siempre queremos más, nos acostumbramos a la excelencia y los placeres y si estos desaparecen, en su lugar inoculamos desdenes, olvidos y reproches inmerecidos. Es un ejercicio de ímprobo esfuerzo y tenacidad conquistar el corazón del público y mantenerlo ahí, eternamente, en ese órgano que palpita y vibra de emoción, tarea casi imposible. Salir de él, caer en picado, abandonar las mieles del reconocimiento, puede acaecer de manera repentina e inopinada (inesperada). El trabajo de muchos años, con sus frutos y regalos, convertido en ascuas por un reniego del público. Eso sucede cada día, en alguna parte del mundo. Listones muy altos que se desmoronan por un tropiezo en el camino.

Coral Igualador es un nombre a tener en cuenta, pues tiene el talento y la perspectiva necesarios para abordar toda suerte de retos sin que le tiemble el pulso. Esa es la actitud de los vencedores, aquellos que ante el miedo y la incertidumbre de los nuevos proyectos se crecen.

“El Potlach” nos presenta a un grupo de ejecutivos ambiciosos que deben aprender a dominar las armas sociales de “destrucción masiva” necesarias para sobresalir a cualquier precio en un mundo dominado por la inverecundia (desvergüenza), consumismo sin control, codicia y ambición ilimitada: poder, prestigio, reconocimiento, un trofeo de petulante reputación destinado a unos pocos. Los actores salen a escena imbuidos de una energía casi chamánica. Es un estreno y el amor por su trabajo, el respeto, la ilusión, la empatía entre los miembros del elenco, la pasión por la interpretación es como un géiser de colores, un surtidor de agua caliente que nos salpica a todos. Es casi imposible no percibir su fragor. Los actores están “desatados”. En ese escenario hay más energía que en una central atómica. Además, en el patio de butacas, tengo la impresión de que un ingente colectivo humano de amigos, familiares y acólitos han acudido emocionados a presenciar el estreno. Todo ello redunda en una bola de fuego incandescente que los actores absorben como si fuese un manjar delicioso. Están arropados y lo saben. El resultado de este cóctel molotov gesta una interpretación global que solo puedo catalogar de apoteósica. No me andaré con rodeos. 

El plato fuerte de esta función, la JOYA DE LA CORONA de El Potlach, es la interpretación inefable de unos actores que se han convertido en dioses y que juegan a recrearse en una especie de auto-homenaje de pura exhibición magistral. Actores de la talla del Everest que disfrutan sobre el escenario y se dan un festín pantagruélico (muy abundante) de talento, compitiendo como ejecutivos voraces por acaparar todo el prestigio: ahí está el verdadero Potlach de esta función; competición en estado puro por la interpretación más descomunal. Debo admitir que actores como Luis Turpin y Susana Álvarez, ella incluso pese a algún desliz y tropiezo de poca enjundia con el texto, están colosales. Ella se rehace sin inmutarse y él es un crisol de colores que reluce magistral, lo mires por donde lo mires. Dominio absoluto de cada uno de los “patrones de conducta” que demanda el personaje. Me dejaron levemente indiferente en “El Experimento”. Deslucidos, incógnitas interpretativas, un paréntesis en el tiempo para dictaminar más adelante… Estaba equivocado y les pido disculpas. Todos y cada uno de los actores derrochan sobre ese escenario una capacidad simbiótica de cambios de registros constantes y diametralmente opuestos que, si pudiésemos describirlos con imágenes, serían catedrales barrocas, por la cantidad de matices y variables tan bien trabajados. Cambios de registros: “enajenación”, sensualidad, erotismo sutil, tristeza, decepción, rabia, euforia, cursilísimo, travestismo, horteradas vulgares, paroxismo (exaltación), hilaridad y esperpento, comedia y más comedia en tono de denuncia social y sátira. Ante todo, como vengo señalando, matrícula de honor para los actores. Las interpretaciones son hipertróficas (enormes) y a la postre, entregados ellos a esa bacanal de vanagloria, siento que el leiv motiv o emblema celular, embrionario, nuclear de la función, ese Potlach que debe incidir en el prestigio, la lucha brutal por descollar (destacar), me queda un poco magra, raquítica, estática, como una bandera escuálida en medio de un páramo sin viento. Está ahí, la ves, pero apenas se percibe salvo en el esclarecedor y magnífico final. Es un poco como ese árbol blanco en medio del bosque. La espesura no te deja distinguirlo del resto, especialmente en su inicio y medio “metraje”. Las interpretaciones abrumadoras lo barren todo como un ciclón y el argumento, la idea primigenia, en ocasiones se me desdibuja, enredada entre las vestimentas estrambóticas, las cualidades hipnóticas del modo en que los actores dan vida a sus personajes. El humor es denso y cubre las huellas del membrete: El Potlach. El desarrollo de la idea se me ha quedado un poco famélico (hambriento). Le falta a ese concepto de rivalidad por los puestos de cabeza un poco de ilación en las historias, que por momentos se dispersan por diferentes derroteros. Por lo demás, el equipamiento es tan excelso, la propuesta tan singular y contemporánea, que sin lugar a dudas dará que hablar ríos de tinta y en su caudal habrá más parabienes que objeciones. Es un lujo contar en el reparto con el showman Fernando bodega. Todo lo hace bien. Inciso especial y silencio reverencial para dar la bienvenida a Francisco Valvarce y Marta Fuenar a mi planisferio cósmico de actores favoritos. Él aúna a la perfección todos los atributos que debería poseer un gran actor. Luz propia, capacidad para relumbrar en cualquier registro, magnífico orador, un don especial para acaparar las atenciones y las miradas, espectacular en el grado emocional que le confiere a sus personajes, se los traga, se los cree. Bravo. 

Lo de Marta Fuenar no es de este mundo. No la conocía y para mí es la gran sorpresa del elenco. Bella sin pretenderlo, auténtica y espontánea, grácil y elegante en la delicadeza cultivada de su voz meliflua, me recuerda sobremanera a la magistral actriz Manuela Velasco. Erotismo sutil cuando se desviste o tontea con su entregado galán, susurrante y coqueta, astuta y manipuladora, tiene el don de una hechicera para doblegar voluntades. Con su voz persuasiva y sus mohines de princesa caprichosa y consentida podría derretir mil estatuas de sal sin despeinarse. Domina la mirada, la pose, los caminos tortuosos de la travesura y la distinción de una dama de clase social elevada que sabe comportarse como tal fuera de casa y como una diablesa dentro de ella. Su dicción es clara como un manantial jamás
tocado por el ser humano, un aire fresco en ese escenario plagado de estrellas. Me convence como ejecutiva empresaria que se abre camino a golpe de espada y estocada en un mundo de predominancia masculina. Me parece un gran acierto ese preámbulo musical en las manos etéreas de Yeyo Bayeyo. Me parece un acierto rotundo cada nota desprendida de ese piano melancólico que me suena a Nacho Cano en algunos acordes y que me sume en un trance de bienestar y tranquilidad terapéutica. Ese piano me trae evocaciones del inefable Erik Satie. Ese piano suena romántico-épico por momentos, sobre todo al inicio. Me cuesta un poco digerir el exceso de disfraces y transformaciones, que entiendo otorgan a la obra un toque innegable de comicidad, pero que en ocasiones me impide imaginar esa lucha de titanes de los ejecutivos de “El Potlach” para tocar las estrellas y contemplar las cuitas inanes de la humanidad desde el firmamento. Para todos ellos una gran ovación y mi deseo sincero de que “El Potlach” conquiste el corazón de muchos más espectadores. Desde estas líneas animo a la gente a que se acerque al teatro La Usina y así puedan extraer sus propias conclusiones.
ORLANDO TÜNNERMANN.

domingo, 1 de octubre de 2017

REFLEXIONES DE DEBORAH BRAHMS



“REFLEXIONES DE DEBORAH BRAHMS”

(…En algún momento de su peregrinaje por las páginas de “EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES”…)



“…No puedes atraparme, soy liviana como el viento y caprichosa como una fantasía que cambiase de colores e ideología. Has quedado prendado del sonido de mi eco y los fulgores cristalinos que atraviesan la selva impenetrable de mi alma. Todo mi ser habita en un sueño dentro de un sueño. “Te espero en el sueño de siempre, no tardes escribí tatuado en mi piel con unas flechas rojas atravesando un corazón sangrante. No significa nada en absoluto, perdóname si te he confundido. Soy abstrusa e incognoscible, tanto como mis perpetuos silencios. Maquiavélica y manipuladora, cambiante y volátil, veleidosa y pérfida, lo admito. No te acerques, soy peligrosa. Te he seducido sin yo pretenderlo, sin ser plenamente consciente de que mi veneno es destructivo y que mi proximidad te hará daño. Dona tus elogios a las nubes y al cielo estrellado, enamórate de la vida y sus momentos de dicha, pero aléjate de mí tanto como puedas, pues si te me acercas quedarás enjaulado en mis brumas profundas y oscuras. Alabas mis palabras y mis pulsos de tinta, mis miradas perdidas y ese halo sibilino que circuye mi silueta. Mi rostro, mis mohines de princesa desvalida, cada uno de mis latidos lo haces causa propia y luchas con ahínco por tocarme y abrazarme, consolarme y comprenderme. Pero aún no te has enterado de que soy incontrolable y hostil, vitriólica (ácida) y letal. Abraso como el fuego y como tal no puedes domeñarme (domar).

Limítate a observar fascinado, pero desde la distancia prudencial que te permitirá seguir soñando y a mí, respirar en libertad. No puedo evitarlo. Soy receptora de estima y amor gratuito cuando las miradas se me posan encima como mariposas que libaran un panal de pura miel. No es culpa mía, ni lo busco ni lo pretendo. Mi naturaleza agreste, atrabiliaria (malhumorada) te pondrá a salvo, créeme, es lo mejor para ti, es lo mejor para mí. Siempre estoy lejos, a millones de años luz, aunque creas sentirme a tu lado, la mujer que ves a tu lado es tan sólo un espectro errante. Imagina que no existo, que todo es un sueño delicioso donde tú y yo nos amamos. Es un sueño, abre los ojos, yo no estoy ahí, es todo un sueño y si me tocas te contagiaré con mi veneno. Podría amarte, a ti y a tantos otros. Podría ser amada por ti y por tantos otros. Pero el viento no ama y el fuego, ni siente ni padece. Mi naturaleza es la sombra y el gélido viento de una isla glacial. Allí me encontrarás, convertida en témpano de hielo y en templo de oración. Admírame si gustas, pero no compartas conmigo tus elucubraciones románticas. Yo soy inaprensible y la materia de la que están hechos tus sueños todavía no ha comprendido que lo que ves no es real, que yo no estoy ahí. Soy un artificio, una martingala (trampa), un espejismo, un sueño que sueña con ser viento y fuego y agua y hielo y un día estrella y al otro, sistema planetario. Llámame tramposa y trapacista (embustera), y así, al fin, te hallarás un paso más cerca de la leyenda encriptada de mi verdadera naturaleza. No te fíes, huye mientras puedas, te lo aconsejo. Hay mucho amor que busca un puerto donde atracar. Navega los mares y océanos del mundo para recolectar ese dulce manjar, pero a mí permíteme que siga volando como un cuerpo etéreo que solo quiere volar. Maldigo mi belleza y esas cualidades que a ti te parecen tan fascinantes. Son solo embalajes, como los colores rosados de las nubes cuando las atraviesa el sol. Crees que me conoces, que puedes conquistarme con tu fútil verborrea sobre los beneficios del amor compartido. Me llamas estrecha y antipática y te permites el lujo de arremeter sin piedad contra mi vida de ausencia afectiva. Soy feliz siendo fuego y veneno, aire gélido y lluvia torrencial. Es porque te aprecio por lo que te revelo mi esencia ponzoñosa; para que regreses a tu mundo de sentimientos antes de que el mío te absorba y te ahogues en un océano de olas de barro y cristales afilados. No soy cruel, del mismo modo que el fuego no es maléfico, sólo brasas y material incandescente. Soy lo que soy; una criatura del Señor que solo es un sueño dentro de otro sueño. No trates de cambiarme. ¿Acaso soñaste alguna vez con moldear el viento o cincelar las olas del océano? Eludiré tus pueriles telarañas románticas una y otra vez, porque sólo soy tu aliento, el combustible de tus pensamientos, pero jamás podrás tenerme, nadie puede. Yo no puedo amarte, no me malinterpretes, no del modo en que tú pretendes ser amado. Vive, no malgastes tu tiempo con quien sólo sueña con ser viento que cabalga sobre las nubes en glorioso silencio.

jueves, 21 de septiembre de 2017

EL EXPERIMENTO O EL PROBLEMA DE LA ZAPATERÍA. TEATRO QUEVEDO



EL EXPERIMENTO O EL PROBLEMA DE LA ZAPATERÍA
TEATRO QUEVEDO. MADRID
ORLANDO TÜNNERMANN


(Un original concurso de improvisación, un enigma matemático y un millón de euros para el ganador. Sorprendente, interactiva, divertida y original).

Recuerdo que en mis tiempos de estudiante, o sea, cuando en las ondas sonaban a todas horas las “discotequeras” canciones del dúo alemán Modern Talking o el pegadizo “Voyage Voyage” de la francesa Desireless, a mí me hacían sufrir y pasarlas canutas con unos problemas matemáticos que debían ser muy sencillos pero que yo jamás logré resolver. Era aquella nonada (bobada) de, pongamos, la fuente que llena tres cántaros de cinco litros en diez minutos, ¿cuánto tardaré en llenar veinte cántaros más sabiendo que cuatro de ellos son de dos litros y los restantes el doble de la suma del resto? Yo ya me he perdido en el enunciado y ya me echa humo la mollera.

“El experimento o el problema de la zapatería” me retrotrae a aquellos tiempos aciagos, o sea, aquellas lides (batallas) injustas contra mi ineptitud para los razonamientos lógicos. Coral Igualador nos propone una experiencia interactiva de lo más original y entretenida, presentada en formato improvisado de reality show, para poner a circular las células grises y resolver un enigma que, como aquellos de mi infancia, a primera vista parece de dificultad parvularia. Espectadores y actores somos sometidos a la opacidad (oscuridad) impenetrable de un enigma de apariencia inocente y enjundia “demoníaca”. Ahí estamos los espectadores, cómodamente apoltronados en las butacas, leyendo el “acertijo” que nos han pasado de la dichosa zapatería, cada uno llegando a conclusiones diferentes, un buen ramillete en realidad. Los actores, que nunca son los mismos, siempre van rotando en cada nueva función, encarnan a seis concursantes singulares, divertidos, carismáticos, no tienen desperdicio, tan diferentes entre sí como una mofeta y un oso pardo. Nosotros, con los panfletos en la mano que nos han suministrado, colaboramos en la resolución del problema aventurando conclusiones que una conductora, El Sistema, va anotando en una pizarra. Los actores hacen lo propio. Son concursantes en pos de un premio titánico: un millón de euros para quien desvele el problema propuesto. Las tensiones y emociones se desbocan y alguno cruzaría al lado oscuro para obtener un trofeo tan suculento: un millón de euros. ¿Qué harías tú, qué serías capaz de hacer por un millón de euros?

“El experimento” es un brillante diseño de entretenimiento en el cual el espectador es parte esencial del desarrollo de la función. Imposible imaginar el tedio o la decepción con un producto tan interesante y fascinante, divertido y trepidante. Los actores elegidos para tamaño desafío, al menos los que yo tuve el placer de ver sobre el escenario, son verosímiles en sus respectivos roles de concursantes. Verosímiles y fabulosos, magníficos. Extravagantes, puede ser, tanto como la “fauna” autóctona que habita en los platós de los típicos reality shows que engordan las audiencias de las más célebres cadenas de televisión: Canallas, guaperas, frikis, horteras, pánfilos, gente inclasificable inunda nuestras pantallas de televisión para deleite de las audiencias. “El experimento” aúna sobre el escenario a una pequeña recolección de ese mundillo inclasificable que se pasea por las cadenas de televisión como si fuesen grandes celebridades en el planeta de los despropósitos.

Sobre el escenario, un elenco de actores que se desenvuelven con maravillosa soltura. Mis favoritos: el gigoló y esa “galleguiña” que es como una ametralladora de palabras, nervios y desparpajo.


“El experimento o el problema de la zapatería”… ¿Te la vas a perder? Pocas veces mi tiempo libre estuvo tan bien aprovechado.
Orlando Tünnermann.