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BIBLIOGRAFÍA DE VÍCTOR VIRGÓS

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"LA CASA DE LAS 1000 PUERTAS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES-

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS". A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"ISLA DIAMANTE" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"SOL TENEBROSO" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES -.

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD" (YA A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)
"EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES" (EN PROCESO DE GESTACIÓN"

ORLANDO TÜNNERMANN

ORLANDO TÜNNERMANN
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AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD
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"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" VÍCTOR VIRGÓS

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"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS"

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"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". VÍCTOR VIRGÓS.

BÁRBARA Y MIRANDA SON TESTIGOS DE UNA REUNIÓN CLANDESTINA DE UNA PELIGROSA BANDA DE FACINEROSOS.

SU INTROMISIÓN ACABARÁ POR ARRASTRARLAS HASTA UN DESCONOCIDO, INHÓSPITO Y DESHABITADO PUEBLO TUROLENSE, DONDE MANFRED BÖHER LLEVA A CABO UN DEMENCIAL PROGRAMA TERAPÉUTICO QUE EL LUNÁTICO MESÍAS HA DADO EN LLAMAR "LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". SUS VIDAS CORREN PELIGRO EN MANOS DEL ESPURIO SANADOR Y SU CUADRILLA DE ENAJENADOS PROSÉLITOS.

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"ISLA DIAMANTE" A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

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ISLA DIAMANTE "VÍCTOR VIRGÓS"

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LA MODELO DANESA SISSEL MADSEN ES SECUESTRADA Y DESAPARECE JUNTO A UN HOMBRE DE ENIGMÁTICA CATADURA POR ENCARGO DE UN NEFARIO EMIR.

UN TESTIGO FORTUITO RECOGERÁ UN PERIÓDICO QUE LA MODELO ARROJA AL SUELO, CON UNA ÚNICA PISTA DE SU PARADERO ESCRITA EN TINTA ROJA DE CARMÍN: "ISLA DIAMANTE".

EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS



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CASSANDRA KOWALSKA, LA NUEVA VOCALISTA DE LA BANDA TUROLENSE SIRENAS IN LOVE, ACUDE AL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS PARA OFRECER UN CONCIERTO EN DIRECTO.

ALLÍ SE TOPARÁ CON LA PELIGROSA BANDA DE FORAJIDOS DE BARRABÁS, QUE ACABA DE ESCAPAR DEL PENAL.


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"SOL TENEBROSO"

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"SOL TENEBROSO" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

ARTURO SUCHIL RECIBE UNA CARTA DE SU ESPOSA PAOLA DESPUÉS DE 20 AÑOS, PERO PAOLA FUE ENTERRADA EN UNA CRIPTA DE LA ISLA DE TABARCA CUANDO MURIÓ AHOGADA AL SALIRSE SU COCHE DE LA CARRETERA Y SUMERGIRSE EN EL MAR.

ARTURO DEBE DESCUBRIR QUÉ SUBYACE TRAS LA REPENTINA "RESURRECCIÓN" DE PAOLA, QUIEN LE CITA EN EL DEPRIMENTE Y AISLADO PUEBLO TUROLENSE DE OJOS NEGROS.

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

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"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

CASSANDRA KOWALSKA ES CITADA EN LA GESTORIA DE AMANCIO GUEVARA, EN PUEBLA DE SANABRIA, PARA LA LECTURA DE LAS ÚLTIMAS VOLUNTADES DE SU ABUELO, QUIEN LE DEJA TODA SU FORTUNA.

VLADIMIR KOWALSKA GUARDABA MUCHOS SECRETOS Y SU ACÉRRIMO ENEMIGO, AMANDO SALCEDO, NO PUEDE PERMITIR QUE SALGAN A LA LUZ. ENVIARÁ A SUS SICARIOS TRAS LAS HUELLAS DE CASSANDRA PARA RECUPERAR ALGO QUE SU PADRE LE ROBÓ ANTES DE SIMULAR SU PROPIA MUERTE Y LA DE SU MUJER.

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS

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ARINSAL FUE BRUTALMENTE APALEADA Y VIOLADA POR UNOS HOMBRES 5 AÑOS ATRÁS EN UN SUBURBIO DE JORDANIA. LA DIERON POR MUERTA, PERO SOBREVIVIÓ, Y AHORA HA REGRESADO PARA COMENZAR UNA CRUZADA PERSONAL VINDICATIVA CONTRA TODOS ELLOS. NADIE ESTÁ A SALVO, NI SIQUIERA CARMELO DE LA PRIDA, UN HOMBRE ABYECTO Y PODEROSO QUE SE REFUGIA DEL MUNDO EN EL INEXPUGNABLE CASTILLO DE ARCALÍS.

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

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AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

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CUANDO ÁLEX MERCURY OBSERVA EL EXTERIOR A TRAVÉS DE LA VENTANILLA DEL TREN, VISLUMBRA ATÓNITO EL ESPERPÉNTICO, SINIESTRO Y DESOLADOR PAISAJE DE "JYS; LA ESTACIÓN DEL TIEMPO".

TRACI NO ESTÁ A SU LADO; HA DESAPARECIDO, AL IGUAL QUE EL RESTO. EL TREN ESTÁ VACÍO. NO HAY NADIE, SÓLO SILENCIO Y UNA LUZ CENICIENTA QUE LO ENVUELVE TODO EN UN SUDARIO GRIS OSCURO.

ALGO INEXPLICABLE SUCEDIÓ CUANDO LOS HACES DE LUZ ENGULLERON AL TREN, CUANDO CRUZÓ AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD.

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

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"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL PUEBLO BURGALENSE DE CORTIGUERA PARECÍA ABANDONADO, DEVORADO POR LA VEGETACIÓN SALVAJE, TAN HERMOSO Y ESPECTRAL A LA VEZ, CON AQUELLAS MANSIONES BLASONADAS DONDE YA NO VIVÍA NADIE. LAS BARRERAS A LA ENTRADA DEL PUEBLO, CON AQUELLA PROHIBICIÓN EXPLÍCITA DE ACCESO A LOS NIÑOS, RESULTABAN INQUIETANTES; TANTO COMO EL ALBINO DE OJOS AZULES, TANTO COMO EL EXIGUO REDUCTO DE HURAÑOS LUGAREÑOS QUE PROTEGÍAN CON DESPROPORCIONADO CELO EL BOSCOSO SENDERO QUE CONDUCÍA AL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS.

SELENE MOON

SELENE MOON

"SELENE MOON"

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)


CUANDO EL DETECTIVE ORLANDO TÜNNERMANN ACUDE AL TEATRO "LA CUARTA PARED" PARA ASISTIR A LOS ENSAYOS DE LA OBRA "LA NOVIA DE LA MUERTE", LE ANUNCIAN QUE LA BAILARINA PRINCIPAL, SELENE MOON, HA DEJADO LA COMPAÑÍA TEATRAL PRECIPITADAMENTE, SIN PREVIO AVISO, ENVUELTA EN UN HALO DE MISTERIO Y URGENCIA.

EN SU CAMERINO, ORLANDO ENCUENTRA UNA PEQUEÑA CUARTILLA CON UN SUCINTO MENSAJE ESCRITO: "NO DEJES DE BUSCARME, DETECTIVE"

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES HA VUELTO A REUNIRSE. SIN EMBARGO, EL MUNDO AL QUE RETORNAN HA CAMBIADO DRÁSTICAMENTE. CORRE EL AÑO 2133. LA POBLACIÓN MUNDIAL HA QUEDADO DIEZMADA A CAUSA DE LA REBELIÓN DE LOS ROBOTS Y DE UNA CORPORACIÓN TAN CLANDESTINA COMO PODEROSA CAPAZ DE CONTROLAR LA VOLUNTAD Y EL DESTINO DE LOS SERES HUMANOS POR MEDIO DE UNOS CHIPS ELECTRÓNICOS QUE LES HAN SIDO IMPLANTADOS.

lunes, 11 de diciembre de 2017

LA REVOLTOSA. TEATRO QUEVEDO



LA REVOLTOSA 
TEATRO QUEVEDO. MADRID

(Divertida, excelentes interpretaciones)


Esta es ya la segunda vez que me dejo seducir por el alegre rebullicio de la zarzuela. Supongo que en la primigenia ocasión, “Agua, azucarillos y aguardiente”  Insufló en mi alguna suerte de insulina y ahora ando condenado a sentir una agradable atracción por este tipo de espectáculos tan vernáculos, vástagos de nuestra genética española. “La revoltosa”, como bien indica su nombre, resuena a algarabía, alharaca y un cierto desmadre de pura zapatiesta (alboroto). El elenco sobre el escenario, como ya acaeciese en la previa ocasión mentada, es en realidad el motor que despliega todo el potencial de esta afamada zarzuela, representada por primera vez en el teatro Apolo de Madrid en el año 1897.



 Los actores, cantantes, humoristas, intérpretes de una España profunda marcada por atavismos decadentes, están soberbios en sus roles y como digo son el alimento copioso que por sí mismo es suficiente para mantener a flote y llevar a buen puerto el género de la zarzuela. El argumento de “La Revoltosa” es en sí mismo una paridad equitativa de simpleza y cuitas ancestrales: la disputa por el amor de una mujer. Eso sí, una mujer de bandera, una mujer de figura voluptuosa y sicalipsis (erotismo) palpitante en cada uno de sus  gráciles movimientos estudiados; toda una suerte de poses y mohines de coquetería que derretirían a las mismísimas estatuas de piedra del Parque del Retiro de Madrid. Ellos, los que cortejan, dibujan el consabido patrón de patetismo masculino que se arrastra y pierde la dignidad por una mirada de la diosa admirada. Lascivos vulgares y casi bochornosos que van dejando un rastro de babas tras la inalcanzable Mari Pepa (Marta Pineda). Felipe (Óscar Cabañas) está perfecto como digno retrato del enamorado celoso de ego rasgado por el recelo y la ligereza con que la “casquivana” vende imposturas de ilusiones de amoríos al mejor postor.

Destaca como un diamante en bruto que aún no hubiese alcanzado todo su potencial de fulgor la sublime Marta Pineda. Una voz privilegiada de soprano que menoscaba sin remordimientos la leyenda de “La Revoltosa”, como si su sagrado legado fuera algo intrascendente y fútil frente a una voz que podría acallar todas las voces del orbe de pura fascinación. El humor está servido en bandeja de plata de la mano de los acólitos de Mari Pepa, una caterva de lacayos rendidos a los pies de la odalisca y reina de sus corazones, mientras las esposas, entre divertidas y ofendidas, preparan una emboscada para los “libertinos” badulaques (botarates).


La función resulta grata y entretiene al espectador con una historia anodina y vieja como el mundo que un acertado elenco de actores cincela y bruñe para engalanar con sus más bellos atavíos. No concibo ya la zarzuela sin el donaire de Candelas (Rafa Casete) o la frescura de Atenedoro (Alejandro Rull). Gorgonia y Soledad (Irene Martín y Marisol Herrero respectivamente) están soberanas y mayúsculas sobre un escenario que dominan y conocen. Todos aportan su granito de arena para que el espectador se acerque a la zarzuela con la fruición y prurito (deseo grande) de repetir tal experiencia.

ORLANDO TÜNNERMANN 

miércoles, 29 de noviembre de 2017

EL HOTEL DE LOS SUICIDAS



EL HOTEL DE LOS SUICIDAS
TEATRO QUEVEDO. MADRID





(Entretenida, una disparatada historia de fantasmas e inquilinos en un hotel encantado)

Hace unos años tuve la siniestra ocurrencia de alojarme por una noche en un espeluznante hotel en China de la época de Stalin. Aquel lugar parecía inspirado en las peores pesadillas de Stephen King: pasillos interminables con luces cetrino-amarillentas o rojizas moribundas, pasillos oscuros y angostos, paredes desconchadas, ventanales sucios y suelos con raídas moquetas y manchas que podían ser de sangre coagulada, tal cual. 

Recuerdo pasillos que no conducían a ninguna parte o que se asomaban a ventanas que miraban hacia una especie de sanatorio mental de los años 30. Fue una experiencia trascendental, de esas que te erizan hasta las llagas de los pies y los filamentos grisáceos de las primeras canas. Esa atracción por el lado oscuro es la que me ha llevado en esta ocasión a dejarme seducir por los habitantes carnales e incorpóreos del hotel de los suicidas; nada que ver con mi “carnavalesco” hotel de las almas perdidas. La historia es tan inquietante como amena. El hotel Abadía, cerrado a cal y canto desde los años 80 de Spandau Ballet y Wet Wet Wet, reabre sus puertas muchas décadas después para solaz de los acólitos de lo paranormal. El hotel fue en su día poco menos que un ávido receptor de suicidas, o sea, el maná preferido de quienes se regocijan con historias de posesiones infernales, almas en pena y espectros errantes que susurran tras las paredes de una habitación sellada. En busca de emociones de pura adrenalina y algún tipo de contacto de corte fantasmagórico con los fantasmas que presuntamente moran en el hotel hasta el fin de los tiempos, unos huéspedes extremadamente impresionables se alojan en el embrujado hostal como quien se enrola en las filas de los boy-scouts para regresar a casa con la mochila repleta de aventuras que contar. El argumento tiene gancho y llega a buen puerto por un nutrido elenco de jóvenes actores homogéneos, caracterizados por interpretaciones ágiles y desinhibidas. Son los albores de las incipientes carreras teatrales de unos actores que llevan el alma cargada con el combustible rebosando por cada poro de la piel. Novedad, desafío, demostrarse a uno mismo hasta dónde puede llegar, medrar y aprender, sembrar para recoger después. Es un buen punto de partida. Los actores derrochan energía y entusiasmo y el placer primigenio de la ilusión por una pasión recién descubierta. He visto talento y desparpajo sobre ese escenario, frescura, espontaneidad; madera de primera calidad para cincelar lo que podría llegar a ser la silueta y el perfil de una nueva avanzadilla de actores avezados, curtidos y acaso, si el hado (devenir, futuro) lo permite, afamados. En líneas generales me complace el conjunto artístico que desfila ante mis ojos y no me cuesta imaginar cómo en el futuro más rayano (cercano) comienzan a desplegar velámenes y rutas de crucero actores y actrices tan prometedores como Claudia Salas (Silvia), Luciana (África Aragoneses), Javier Galán (Didier), Carla Casares (Elena) o el irrefrenable Juan Ramón Mohiño (Erik). Todos ellos, mentados en estas líneas o incluidos en mi visión global, sin menoscabo de nadie, representan un hálito de frescura natural que subraya una vez más la salubridad de un país como el nuestro, sobrado de talento y famélico (hambriento) aún de oportunidades para desplegar todo ese artesanal, todo ese manantial de emociones.

Estoy como espectador sentado en la antesala o estuario de los proyectos a medio macerar. El tiempo dirá si estos actores tan lustrosos se quedan en meros bocetos ilusionantes o se transforman en la autopista hacia el cielo destinada a los próceres de los escenarios. En definitiva, una función de corte paranormal con fantasmas zascandiles que se mueren de aburrimiento y usurpan cuerpos como si fuesen habitaciones vacías.

Fantasmas de rostros alicaídos y mohines adustos que observan cómo pasa la vida ante sus ojos vacuos. Personajes de aplomo y madurez como Alberto (Carlos Corchero) cuyo talante y solidez en el escenario son en sí mismo un baluarte, una apuesta segura, un viso y fulgor evidente de esa fecunda turba de actores que vienen pisando fuerte y que pisan el escenario como si les perteneciera. Curtida y soberana, vuelvo a insistir en retazos de alabanzas, es la magnífica y bellísima África Aragoneses (Luciana); se pasea como la mismísima Cleopatra por el escenario y nos deja ver esa grandeza mayúscula de los actores que en sus comienzos a medio pulir ya revelan un potencial abrumador.

Los contactos entre vivos y muertos son la balsa que hace navegar este navío por las turbulentas aguas subterráneas de la zozobra, emoción que domina con creces la sublime Elena (Carla Casares). Está sencilla y perfecta en la ternura y la ingenuidad, la candidez y el cambio de registros de manera automática, sin esfuerzo, como un brote de aire puro.

Es interesante el transcurso imparable del devenir de los conatos de suicidio y la donosa, gratuita y casi festiva curiosidad de quienes juegan con lo desconocido como si fuese un juguete de última generación. Entretenida apuesta sin duda para pasar un rato agradable y sentir el aliento de la nueva horda de grandes actores gestados en nuestras fronteras.

Un cordial saludo para todo el equipo y el conglomerado de actores entreverado en una madeja de optimismo e ilusión que, con pertinacia y denuedo, se convertirá sin duda en el asfalto de la autovía hacia el estrellato.

lunes, 6 de noviembre de 2017

LA HABITACIÓN DE VERÓNICA -TEATRO REINA VICTORIA-

“LA HABITACIÓN DE VERÓNICA”

TEATRO REINA VICTORIA. MADRID

“(INQUIETATANTE, ABRUMADORA, HIPNÓTICA, UN HALO ASFIXIANTE DE INTRIGA, INTERPRETACIONES EXCELSAS)”

 Regreso a las llanuras fecundas de mis crónicas teatrales para tirar de un hilo de una madeja cargada de emociones vibrantes, hipnóticas e intrigantes desde el minuto uno. El teatro Reina Victoria ha quedado imbuido en un halo de misterio casi asfixiante y opresor. El artífice de tal encantamiento no es otro que el dramaturgo estadounidense Ira Levin, autor de la eminente y aterradora novela y película “La Semilla del diablo”.

Dirigida y traducida por Ricard Reguant, “La habitación de Verónica” nos embauca desde el minuto uno sumiendo al espectador en un halo de intriga trepidante y ponzoñoso que se fuese extendiendo como un virus maléfico, cuya finalidad fuese atrapar al espectador en un estado de parálisis permanente que lo mantiene clavado a la butaca, conteniendo el aliento, apresado en la trama como si fuese ésta una trampa letal que te arrebatase el aliento y el alma.

Una pareja de apariencia entrañable y anodina concierta con una chiquilla pizpireta y resuelta a participar durante un breve instante en una falacia inusitada con fines humanitarios. Un juego peligroso de enmascaramiento y suplantación de identidad que persigue aliviar el sufrimiento del último miembro vivo del clan Brabissant. Verónica es la personificación de la hermana adulterada que se entrega a la farsa en pos de un recurso tan diabólico como, presuntamente” redentor y lenitivo (calmante).
Pero bien es sabido que poco beneficio proporciona un cargamento tan descollante (sobresaliente) si no viene coadyuvado (apoyado) por un elenco protagonista a la altura de tamaño reto.

La polifacética y donosa actriz y cantante Lucía Gil es quien soporta el peso abrumador del personaje central, Verónica, ese trasunto modificado de hermana viva que asume su rol como algo divertido y terapéutico. Dicharachera y adorable en todo momento, representa al arquetipo idóneo de novia, consorte y futura esposa con quien sueña toda madre para su hijo: positiva, risueña, resuelta, un torbellino juvenil contagioso. Como buitres agazapados en su negro plumaje acechan con nebulosas intencionas Antonio Albella (Sr.Mckey) y Lara Dibildos (Sra.Mckey). Pergeñadores del maquiavélico juego de pura engañifa con aires de inocencia y beneficencia, sus interpretaciones pertenecen a un estrato destinado a las grandes celebridades de la historia del cine y el teatro. Nombres que debieran esculpirse con marchamo de inmortalidad, que a fin de cuentas, crean escuela y sirven como paradigma de los sueños que se anhelan acariciar y que sólo se materializan con ímprobo denuedo de años y años de duro trabajos, derrochando amor por la profesión y ambición ilimitada por superarse a sí mismo cada día, dando lo mejor de uno mismo y considerando cada nueva gesta como un reto futuro superable. Lara, bella, escultórica, dama de los escenarios, ancla su fisonomía perfecta y su maestría en esto de la interpretación como si el teatro fuese el hogar donde reposan sus sueños de grandeza. Albella domina como propia la emoción, la intensidad necesaria inyectada en cada gesto y palabra. Antonio y Lara llevan al culmen el significado intrínseco y por antonomasia del concepto del suspense, tensión, misterio. El pretendiente de la impostada Verónica está correcto. Javier Pascual se funde en su personaje contenido y puedes sentir cada fibra de su ser entregada al ejercicio de su rol. En definitiva, una clase magistral de cómo llevar el concepto del misterio a las cotas más excelsas; un regalo generoso de derroche interpretativo que no pueden abarcarse con ovaciones ni panegíricos.
ORLANDO TÜNNERMANN.



lunes, 16 de octubre de 2017

"LA LLAMADA". TEATRO LARA. MADRID



“LA LLAMADA”
TEATRO LARA. MADRID
WWW.EL-HOTEL-DE-LAS-ALMAS-PERDIDAS.BLOGSPOT.COM

(Divertida, emocionante, voces a la altura de las magistrales interpretaciones de Angy Fernández y Susana Abaitua. Trasfondo religioso y musical en clave de humor).



Cuando el río suena, agua lleva. Estoy firmemente convencido de que los fenómenos mediáticos del género que sean, cuando son capaces de “aglutinar" en los escenarios, estadios, patios de butacas, anfiteatros, cientos de miles de espectadores, todos ellos atrapados por el entusiasmo como víctimas de un sortilegio, eso necesariamente debe significar que el “objeto” que los produce es de gran calidad o tiene un diseño ingenioso, atractivo y diferente.

Independientemente de nuestros gustos personales, parece sensato pensar que si las masas dispares de nuestro mundo llegan al tácito acuerdo de alabar determinado producto, jalonándolo de atributos admirativos frente al desplante de unos pocos, esa gran mayoría no puede estar equivocada o, al menos, merece ser escuchada.

“La llamada” es parangón de onda expansiva y tornado de arena, lluvia y viento que todo lo arrastra a su paso. Un éxito fulgurante que se ha visto recompensado recientemente por el advenimiento de un "hijastro" en el celuloide, o lo que es lo mismo, la versión para la gran pantalla. El musical escrito y dirigido por Javier Ambrossi y Javier Calvo nos lleva de la mano al sagrado recinto cristiano del campamento La Brújula para presentarnos a dos muchachas tan casquivanas y díscolas como adorables desde el minuto cero. Las dos amigas, Susana (Angy Fernández) y María (Susana Abaitua) son como un febril poso de hormonas revolucionadas que se moviesen por inercia centrífuga, imposible de amarrar ni atenuar tanta impetuosidad ni con medio litro de cloroformo. La química, complicidad, naturalidad y salubre amistad entre las inseparables compañeras es sin duda un acierto en plena diana, un lanzamiento de saeta a lo Robin Hood, una elección inmejorable de personajes y actrices para que “La llamada” se convierta en una invocación al aplauso y a los patios de butacas llenos. El argumento en sí es lo más irrelevante, algo casi insustancial y subalterno, como una mera gargantilla en el cuello de ibis de Nefertiti o una vulgar diadema en la rubia cabellera de Marilyn Monroe. Nadie recuerda el color del contorno de madera que enmarca los lienzos de Velázquez; si el marco que apresa las obras de Klimt o Dalí era hermoso o anodino. Está ahí, pero más por imposición que por necesidad.

Angy y Susana son el vestuario de gala de esta función. Verlas sobre el escenario es un placer.

Espontaneidad llevada a la maestría, es lo que básicamente representa este dueto armonioso. Susana Abaitua me ha sorprendido con una voz límpida de cantante purista, pero el verdadero deleite converge en su modo de interpretar, que es algo digno de las grandes divas del teatro. Susana confiere a cada registro un matiz épico. Sobrecogen también las cualidades vocales e interpretativas de la monja confidente Milagros (Erika Bleda), todo un portento de figura voluptuosa y voz rotunda. Dicharachera e ingeniosa, es el puente de conexión para las “zagalas” entre la vida espiritual y la mundana. En este recinto dedicado a consagrar valores cristianos surge la recién llegada al campamento, Bernarda (Alícia Orozco), una sor de beatitud inveterada (arraigada) y corazón juvenil. Representa uno de los ejes centrales de comicidad de la función, que cuenta en su reparto con el mismísimo Dios, personificado en la figura atildada (pulcra), bruñida y elegante de un trasunto de cantante a lo Frank Sinatra interpretado por Richard Collins Moore. La banda de Dios va poniendo banda sonora al discurso de las actrices; una gran banda, por cierto. Temas como “Si esto es fe” son acicates más que suficientes para que la emoción del espectador se transforme en un arroyo lumínico. Muy divertida la “repesca” en el recuerdo de “La Güisnis”, Whitney Houston en el dialecto de Sor Bernarda.

En definitiva, cumplirán las expectativas de los más implacables críticos el modo donoso en que Sílvia y Angy hacen de sus interpretaciones algo divertido y espectacular. Angy pidiendo un taxi, dándole al taxista las indicaciones pertinentes de dónde diantres se encuentra el campamento La Brújula, eso no tiene desperdicio....
ORLANDO TÜNNERMANN

martes, 10 de octubre de 2017

LA FAMILIA ADDAMS EN EL TEATRO CALDERÓN DE MADRID



LA FAMILIA ADDAMS
TEATRO CALDERÓN. MADRID

(BROADWAY EN MADRID, ESCENARIOS GÓTICOS, BAILES FRENÉTICOS, INTERPRETACIONES MAYÚSCULAS, VOCES MAGISTRALES)


Ya desde que era yo un púber, e incluso antes de esa tierna edad, portaba yo en mi interior un halo entre gótico y siniestro que hallaba más fruición entre vampiros y seres inclasificables que con aquellas historias clásicas y manidas (muy habituales) de corte familiar; las típicas recetas de Disney para mantener a los críos entretenidos: “que si unos animalitos cantarines y parlanchines, el oso huérfano que se hace amigo del ciervo tontorrón, cuatro ardillas muy cotillas y un tigre sin valor que van en busca de aventuras…”

La hipnótica atracción por “el lado oscuro” fue acelerando a velocidad progresiva a medida que yo iba creciendo como una espiga silvestre. Llegaba el año 1991 y mi romance con la familia Addams fue como un “flechazo de amor de ultratumba”. El clan de cadavéricos tarugos de museo de los horrores, conminados a morar en mansiones espectrales, me divertía tanto como me fascinaba. La idea original de Charles Addams, llevada al celuloide en el año 1991 por el cineasta Barry Sonnenfeld, contaba en el reparto con actores inconmensurables de la talla de Anjelica Houston, Raúl Juliá y Christina Ricci entre otros. Definir a la familia Addams como “peculiar” sería quedarse corto y pecar de excesivamente modoso y diplomático. Compuesta por personajes caricaturescos, divertidos y adorables; un club de adefesios y rarezas de catálogo profesional, eran azuzados sin descanso por un abogado codicioso que les quería expropiar y dejarles en la calle para hacerse con la fortuna familiar. Aquello acaecía en los años 90. La versión que nos llega ahora al Teatro Calderón se centra en uno de sus retoños, más concretamente en la hija de los Addams, Miércoles (Lydia Fairen), que como relataré más adelante es poco menos que una criatura dotada con un don celestial.

La función bajo la techumbre lúgubre del teatro juega sobre seguro; todos los detalles pormenorizados que analizan al detalle los críticos más inclementes y acerbos (rigurosos) han sido abrillantados, cincelados, esculpidos y bruñidos con primor con el objetivo de epatar (fascinar) y doblegar las voluntades más pétreas (de piedra), incluso las de los esqueletos fraudulentos que decoran el teatro a modo de espectadores que fenecieron en sus butacas en una época olvidada ya por ancestral. Broadway en Madrid, me ha dado por “canonizar” a este espectáculo de la “NBA” de las artes escénicas. Teatro musical pergeñado (diseñado) para abrirse paso a codazos entre las fatuas élites norteamericanas que tanto gustan del engolamiento acostumbrado de sus titánicas producciones.

El equipo artístico de Let’s Go ha apostado por la excelencia. Debo decir que tamaño desafío se verá sin lugar a dudas recompensado con creces gracias a un trabajo global inmaculado. El teatro Calderón, transfigurado por completo, parece la antesala de un cementerio gótico: luces lóbregas, esqueletos retorcidos que penden de los palcos, ornamentos terroríficos con intencionado objetivo de atrapar el corazón del espectador en una telaraña de horrores inimaginables…

Creada la ambientación adecuada para sobrecoger, el musical es un torrente de fragoroso caudal que discurre desde el inicio a ritmo trepidante, jalonado con canciones magníficas que interpretan con maestría los actores nucleares. Interpretaciones excelsas que se adaptan como un guante al fantasmagórico esquema de los registros de frenopatología (locura) que demandan unos personajes tan siniestros.

Una cohorte de “ascuas, pavesas y cenizas”, me encanta esta definición, me refiero a los escalofriantes bailarines ataviados de anacrónico gris plomizo, se arremolina en torno a los actores principales como en un fenómeno de pura prosopopeya o personificación de esos elementos combustibles. La ilusión pretende hacernos creer, y lo logra, que la maníaca brigada gris espectral acaba de erigirse de de sus tumbas, túmulos, sarcófagos y nichos para proteger a la inquietante Miércoles, una viajera itinerante en un amor que se debate entre el deseo puro y sincero de su pretendiente, Lucas, y la adicción genética, vernácula e intrínseca de su propia naturaleza endógena, maléfica y repugnantemente atraída por la perversidad y el dolor. Sucumbir a las artes de taumaturgia (magia) de consagrados actores inefables como Xavi Mira o Carmen Conesa, (Gómez y Morticia) respectivamente, es algo que das por hecho, del mismo modo que sabes de antemano que la lluvia encharca y el sol broncea. Cantan, bailan, interpretan, irradian luz propia, destilan energía, “sangre y fuego” sobre el escenario como soberanos zares a quienes admiras, respetas y rindes pleitesía. Son ambos el talismán que gobierna al resto del elenco, adláteres (compañeros) que a la zaga resplandecen igualmente reclamando su lugar en este mundo. Nadie queda atrás, nadie queda desdibujado ni menoscabado en
talento y relevancia. Cada actor, cada bailarín, desempeña una función y lo hace con destreza y fogueado (experimentado) conocimiento. El musical tiene efectos absorbentes y como en una telaraña o la rueca hechizada de una bruja, quedas atrapado. Meritxell Duro (Abuela Addams) pone las notas humorísticas más
tronchantes y a Fétido (Fernando Samper) le encuentro soberbio y enorme en su interpretación de Romeo enamorado de La Luna. Ese número musical es de una belleza incontestable, romántica y emotiva; un número circense, sensual y artístico, gimnástico y elástico, dúctil, onírico como los sueños son…


Pero esto es algo que el espectador debe saborear en su justa medida subjetiva. No es mi intención narrar y desbrozar cada página como si fuese yo su creador. Otro número musical inigualable, cargado de matices de variada naturaleza, es el que nos regala la bella, rotunda y maravillosa actriz Julia Móller (Alice Beineke) sobre una mesa de “banquete nupcial”. Pizpireta, un tanto casquivana en ocasiones, canta como los ángeles esta mujer. Me sorprende gratamente, aunque me cuesta más de lo debido atracar en los muelles de este razonamiento, Alejandro Mesa (Pugsley). Tiene aspecto de polizón en un elenco que a primera vista parece venirle grande, como cuando tratas de pasar al mayordomo por vizconde y al monarca por lacayo. Pero la ilusión óptica dura tan sólo unos minutos. Alejandro interpreta, emociona, convence, canta y se ha ganado a pulso su sitio en ese escenario estelar. Adicto al afecto depravado de su hermana Miércoles, tiene su gracia verle electrocutado una y otra vez para su propia fruición. Una familia peculiar, ya lo decía yo…

Andrés Navarro (Malcolm) le coge el punto justo al “padre del novio” un tanto snob y “sobrado” que flota sobre nubes de algodón y que jamás se sentaría a comer en la misma mesa que ocupase la plebe. Engolado y algo fatuo, le veo coherente como esposo de la flamante Alice. Es verosímil y risible el descubrimiento del “cruce” entre las dispares familias: una de clase social alta acomodada, la otra, inclasificable por cuestiones que tienen más que ver con la nigromancia y el espiritismo que con el mundo de los vivos.


En definitiva un engranaje aquilatado (calculado) con precisión científica y cuyos artífices sueñan ya con ovaciones ecuménicas (universales), merecidas, veamos si me equivoco.

Es una grata sorpresa descubrir las notables cualidades de canto del horrendo Lurch (Javier Canales), quien se expresa durante toda la función en el lenguaje de los orcos a primera hora del alba, cuando se destilan los bostezos. Para concluir, en este terreno que acabo de colonizar llamado “sorpresa inesperada” mención honorífica para Lydia Fairen (Miércoles), todo un tempranero prodigio embutido en un cuerpo magro adolescente de figura menuda y subalterna. Lydia es el ejemplo perfecto de la actriz cuyo futuro se escribirá con tinta dorada y cuyo presente viene ya asfaltado en lingotes de oro. Llena el escenario con su presencia, rebosa energía y magnetismo y es en definitiva un “animal
escénico”; pero tengo la sensación de que ni ella misma aún lo ha descubierto. Tiempo al tiempo…

Iñigo Etayo (Lucas) está perfecto en el rol de pretendiente de buena familia que se enamora de un “experimento” al más puro estilo Frankenstein. Una muchachita inquietante espeluznante entre gótica, muerta viviente e híbrido de todo ello. No se puede concluir una crónica que pretenda hacer justicia al fabuloso musical de “La
familia Addams” sin encomiar a todos los artesanos de este producto nacido para la gloria. Para todos ellos una ovación. Pese a que la titánica función descarga todo el peso de la obra en sus aclamados protagonistas principales, no puedo obviar, ni me apetece tampoco, a ese grupo magistral de bailarines “cenicientos” (por el tono de los atuendos) y la impagable labor de maquillaje, vestuario, peluquería y caracterización. Hay grandiosas voces en ese coro de piel plomiza. Un batallón invocado como comparsa que viene a convertirse en revulsivo y elemento imprescindible de la función, para que el espectador acabe sufriendo el mismo embeleso que el encantador Fétido y regrese a su hogar con la mirada enamorada de La Luna.

jueves, 5 de octubre de 2017

POLVO DE ESTRELLAS



POLVO DE ESTRELLAS
 

Penetraste sin permiso en las alcobas privadas de mi mente, donde atesoro codicioso mis anhelos y fantasías más secretos. Irrumpiste como polvo de estrellas, como calina (vapor) del mar y allí quedaste flotante, dormida, latente, tergiversando mis pensamientos para suplantarlos por los tuyos. Al principio te recibí como el naufrago que se ahoga de alborozo con los primeros sorbos de agua fresca rociándole la garganta. Al principio fuiste novedosa y excitante, una puerta abierta a un palacio de diamantes y a paisajes de colores desconocidos. Anudaste piedras cadenas y cerrojos para enviar a las simas del averno mi monotonía. Y yo te acepté de buen grado, pues mi corazón parecía rejuvenecido sabiendo que tú estabas ahí, peligrosa y estimulante. Pero ahora, se desmorona mi castillo de naipes conmigo dentro. Podría gestar milagros inimaginables con la fuerza de mi pensamiento, recorrer senderos alumbrados por estrellas y caminar sobre las olas como si fuese el dios Neptuno. He nacido para la grandeza, tengo talento, tengo un don, pero tú pareces siempre resentida con el fracaso de tus maquiavélicas iniciativas para distraerme y convertirme en un harapo inservible, que solo sirve para limpiar las lagrimas de frustración cada vez que tú me haces trastabillar por medio de malévolas artimañas. Quieres destruirme, no puedes engañarme, por mucho que fabriques inocentes y adorables mohines de princesa consentida y que tu belleza sea comparable a la de los invernales atardeceres noruegos que tiñen de rojo los cielos más límpidos. 

Tu rostro, tu cuerpo, son el maná que intoxica mis pensamientos tupidos y me alejan más y más de mi verdadero destino: resplandecer como un cometa, lejos de tu ponzoñoso influjo veleidoso (cambiante). Crees que te necesito, que no podré vivir sin ti. Mis constantes tropiezos con la voluptuosidad de tu figura pecaminosa, ese santuario de dicha infinita donde van a morir los buques más insumergibles, donde han perecido titanes colosales como castillos, lo corroboran, es cierto, eso te lo admito. Pero hoy he decidido que voy a defenestrarte (despedirte). A mí me espera una nueva vida bañada de gloria y reconocimiento y a ti, una página amarillenta y arrugada que se estruja con desprecio en el abominable vertedero de los recuerdos, la sala de procesado de las vivencias que se olvidan y sellan con hormigón bajo estratos de recuerdos nuevos. Adiós fantasía, bienvenida alegría.

martes, 3 de octubre de 2017

"EL POTLACH" TEATRO LA USINA. MADRID



“EL POTLACH”
TEATRO LA USINA.MADRID

(Interpretaciones estratosféricas, un guión vanguardista, extravagancia, ironía y originalidad)


 
Acudo al teatro La Usina invocado por Coral Igualador, motivado en gran medida por el regusto placentero que me dejara la función “El experimento”, cuya idea original se gestaba en la misma factoría de sueños que ha “cocinado” ahora este nuevo proyecto de nombre tan poco eufónico (que no suena bonito). Coral cambia de tercio para poner sobre un escenario a una nutrida partida de actores que vienen a contarnos qué diantres es esto tan abstruso (raro) de “El Potlach”. Pues ya decía yo que el término en cuestión no es eufónico, suena en el oído a foráneo, vernáculo (oriundo de) de tierras lejanas. Antes de “diseccionar” a los actores, a algunos les recuerdo con más agrado que indiferencia de su paso por ese “Experimento” que nos volvía turulatos a propios y extraños por medio de un enigma relacionado con una zapatería, quiero recorrer la breve senda de la documentación; ese camino ya asfaltado donde reside la sabiduría recolectada por el ser humano desde tiempos inmemoriales. Así, ya instruido y cabal, planeo de manera somera sobre la etimología de ese Potlach que, por mucho que lo repita, me sigue sonando tan extraño como el nombre de algún lago imaginario en Plutón.

POTLACH: Con el propósito de no matar de aburrimiento a las moscas con argumentos extremadamente catedráticos o estudiantiles, mencionaré de manera sucinta los ribetes más destacables de esta ceremonia vigente hasta el siglo XX, si mis fuentes consultadas son fidedignas. Se trata el Potlach básicamente de un gran festejo ceremonial practicado por los aborígenes de Norteamérica y la Columbia británica de Canadá. La enjundia o núcleo central de este “sarao” desemboca sin remedio en el prestigio y la supremacía, triunfo, gloria, la categoría en función de las posesiones y las jerarquías, la apariencia, la vanidad, el consumismo y la prepotencia de quienes viven en la estratosfera altanera de las gentes pudientes. El festival de “egos” flamantes y empingorotados (fatuos) se completaba con el intercambio de regalos que denotaban el estatus jerárquico de un clan. Hasta aquí las “horas lectivas” e hincar los codos.

Prestigio, preponderar sobre los demás, escalar las cimas más inalcanzables pisoteando sin pudor ni remordimientos toda suerte de senderos morales o éticos. En la batalla toda argucia es válida si te conduce al éxito, caiga quien caiga, sea cual sea el precio a pagar, lo único que importa es prevalecer sobre el resto y escapar de la tóxica burbuja de la mediocridad. Machacar, aniquilar, vender tu alma al diablo para contemplar el mundo desde un trono áureo y reírte a mandíbula batiente de las cuitas mundanas de la gente indiferente. De esto va Potlach, en clave de sátira, mordacidad, ironía y crítica social, comicidad, desparpajo extravagante y gamberro, una visión cáustica de los tiempos modernos de rivalidad, zancadillas y empujones para “ponerme yo delante y tú detrás”.

Destacar a toda costa, triunfar, entregarle tu alma al diablo por un minuto de gloria, comprar cantidad de vida en detrimento de la calidad de vida, angustia, estrés, un curso para ejecutivos agresivos, para formar líderes y grandes directivos que se comen el mundo y mueven sus hilos como si fuesen dioses montados en carros de fuego.

Normalmente escribo mis crónicas teatrales, pequeños ensayos y relatos, reflexiones, crónicas viajeras en poco más de media hora. Esta me llevará más tiempo, pues la nueva propuesta de Coral Igualador, acerca de la feroz y descarnada competitividad de unos ejecutivos agresivos cuya máxima vital es el prestigio y la supremacía, llega al teatro La Usina rubricada con diversos matices que no se pueden despachar en dos líneas que se escriben de manera gratuita y automática como si fuesen espasmos de tinta vomitada.

Tuve el gusto de charlar brevemente con Coral al finalizar la función. Es una mujer de sonrisa franca y genuina alegría en su rostro juvenil; un rostro a fin de cuentas donde ha quedado grabado a fuego lento el amor por su trabajo. Disfruta con lo que hace, esto resulta evidente, tanto como la valentía de una mujer que no se arredra ante los desafíos más aventurados. Adoro a los osados, lo admito. Adoro a quienes siguen su instinto y persiguen sus sueños por el mero hecho de creer en ellos, aunque a veces esos sueños se alejen de los cánones habituales. La nueva iniciativa de Coral, como le indico en nuestro conciso coloquio, es extravagante y aventurada; un “golpe de estado” en un panorama “guionístico” manido, trillado, repetitivo y acomodaticio. Cuando uno asciende muy deprisa y coloca el listón tan alto, objetivo que lograra con la maravillosa función “El Experimento”, el peso de la responsabilidad parece duplicado en masa y volumen. Las miradas críticas son
implacables y la demanda de exigencia exacerbada. Así somos los seres humanos. Siempre queremos más, nos acostumbramos a la excelencia y los placeres y si estos desaparecen, en su lugar inoculamos desdenes, olvidos y reproches inmerecidos. Es un ejercicio de ímprobo esfuerzo y tenacidad conquistar el corazón del público y mantenerlo ahí, eternamente, en ese órgano que palpita y vibra de emoción, tarea casi imposible. Salir de él, caer en picado, abandonar las mieles del reconocimiento, puede acaecer de manera repentina e inopinada (inesperada). El trabajo de muchos años, con sus frutos y regalos, convertido en ascuas por un reniego del público. Eso sucede cada día, en alguna parte del mundo. Listones muy altos que se desmoronan por un tropiezo en el camino.

Coral Igualador es un nombre a tener en cuenta, pues tiene el talento y la perspectiva necesarios para abordar toda suerte de retos sin que le tiemble el pulso. Esa es la actitud de los vencedores, aquellos que ante el miedo y la incertidumbre de los nuevos proyectos se crecen.

“El Potlach” nos presenta a un grupo de ejecutivos ambiciosos que deben aprender a dominar las armas sociales de “destrucción masiva” necesarias para sobresalir a cualquier precio en un mundo dominado por la inverecundia (desvergüenza), consumismo sin control, codicia y ambición ilimitada: poder, prestigio, reconocimiento, un trofeo de petulante reputación destinado a unos pocos. Los actores salen a escena imbuidos de una energía casi chamánica. Es un estreno y el amor por su trabajo, el respeto, la ilusión, la empatía entre los miembros del elenco, la pasión por la interpretación es como un géiser de colores, un surtidor de agua caliente que nos salpica a todos. Es casi imposible no percibir su fragor. Los actores están “desatados”. En ese escenario hay más energía que en una central atómica. Además, en el patio de butacas, tengo la impresión de que un ingente colectivo humano de amigos, familiares y acólitos han acudido emocionados a presenciar el estreno. Todo ello redunda en una bola de fuego incandescente que los actores absorben como si fuese un manjar delicioso. Están arropados y lo saben. El resultado de este cóctel molotov gesta una interpretación global que solo puedo catalogar de apoteósica. No me andaré con rodeos. 

El plato fuerte de esta función, la JOYA DE LA CORONA de El Potlach, es la interpretación inefable de unos actores que se han convertido en dioses y que juegan a recrearse en una especie de auto-homenaje de pura exhibición magistral. Actores de la talla del Everest que disfrutan sobre el escenario y se dan un festín pantagruélico (muy abundante) de talento, compitiendo como ejecutivos voraces por acaparar todo el prestigio: ahí está el verdadero Potlach de esta función; competición en estado puro por la interpretación más descomunal. Debo admitir que actores como Luis Turpin y Susana Álvarez, ella incluso pese a algún desliz y tropiezo de poca enjundia con el texto, están colosales. Ella se rehace sin inmutarse y él es un crisol de colores que reluce magistral, lo mires por donde lo mires. Dominio absoluto de cada uno de los “patrones de conducta” que demanda el personaje. Me dejaron levemente indiferente en “El Experimento”. Deslucidos, incógnitas interpretativas, un paréntesis en el tiempo para dictaminar más adelante… Estaba equivocado y les pido disculpas. Todos y cada uno de los actores derrochan sobre ese escenario una capacidad simbiótica de cambios de registros constantes y diametralmente opuestos que, si pudiésemos describirlos con imágenes, serían catedrales barrocas, por la cantidad de matices y variables tan bien trabajados. Cambios de registros: “enajenación”, sensualidad, erotismo sutil, tristeza, decepción, rabia, euforia, cursilísimo, travestismo, horteradas vulgares, paroxismo (exaltación), hilaridad y esperpento, comedia y más comedia en tono de denuncia social y sátira. Ante todo, como vengo señalando, matrícula de honor para los actores. Las interpretaciones son hipertróficas (enormes) y a la postre, entregados ellos a esa bacanal de vanagloria, siento que el leiv motiv o emblema celular, embrionario, nuclear de la función, ese Potlach que debe incidir en el prestigio, la lucha brutal por descollar (destacar), me queda un poco magra, raquítica, estática, como una bandera escuálida en medio de un páramo sin viento. Está ahí, la ves, pero apenas se percibe salvo en el esclarecedor y magnífico final. Es un poco como ese árbol blanco en medio del bosque. La espesura no te deja distinguirlo del resto, especialmente en su inicio y medio “metraje”. Las interpretaciones abrumadoras lo barren todo como un ciclón y el argumento, la idea primigenia, en ocasiones se me desdibuja, enredada entre las vestimentas estrambóticas, las cualidades hipnóticas del modo en que los actores dan vida a sus personajes. El humor es denso y cubre las huellas del membrete: El Potlach. El desarrollo de la idea se me ha quedado un poco famélico (hambriento). Le falta a ese concepto de rivalidad por los puestos de cabeza un poco de ilación en las historias, que por momentos se dispersan por diferentes derroteros. Por lo demás, el equipamiento es tan excelso, la propuesta tan singular y contemporánea, que sin lugar a dudas dará que hablar ríos de tinta y en su caudal habrá más parabienes que objeciones. Es un lujo contar en el reparto con el showman Fernando bodega. Todo lo hace bien. Inciso especial y silencio reverencial para dar la bienvenida a Francisco Valvarce y Marta Fuenar a mi planisferio cósmico de actores favoritos. Él aúna a la perfección todos los atributos que debería poseer un gran actor. Luz propia, capacidad para relumbrar en cualquier registro, magnífico orador, un don especial para acaparar las atenciones y las miradas, espectacular en el grado emocional que le confiere a sus personajes, se los traga, se los cree. Bravo. 

Lo de Marta Fuenar no es de este mundo. No la conocía y para mí es la gran sorpresa del elenco. Bella sin pretenderlo, auténtica y espontánea, grácil y elegante en la delicadeza cultivada de su voz meliflua, me recuerda sobremanera a la magistral actriz Manuela Velasco. Erotismo sutil cuando se desviste o tontea con su entregado galán, susurrante y coqueta, astuta y manipuladora, tiene el don de una hechicera para doblegar voluntades. Con su voz persuasiva y sus mohines de princesa caprichosa y consentida podría derretir mil estatuas de sal sin despeinarse. Domina la mirada, la pose, los caminos tortuosos de la travesura y la distinción de una dama de clase social elevada que sabe comportarse como tal fuera de casa y como una diablesa dentro de ella. Su dicción es clara como un manantial jamás
tocado por el ser humano, un aire fresco en ese escenario plagado de estrellas. Me convence como ejecutiva empresaria que se abre camino a golpe de espada y estocada en un mundo de predominancia masculina. Me parece un gran acierto ese preámbulo musical en las manos etéreas de Yeyo Bayeyo. Me parece un acierto rotundo cada nota desprendida de ese piano melancólico que me suena a Nacho Cano en algunos acordes y que me sume en un trance de bienestar y tranquilidad terapéutica. Ese piano me trae evocaciones del inefable Erik Satie. Ese piano suena romántico-épico por momentos, sobre todo al inicio. Me cuesta un poco digerir el exceso de disfraces y transformaciones, que entiendo otorgan a la obra un toque innegable de comicidad, pero que en ocasiones me impide imaginar esa lucha de titanes de los ejecutivos de “El Potlach” para tocar las estrellas y contemplar las cuitas inanes de la humanidad desde el firmamento. Para todos ellos una gran ovación y mi deseo sincero de que “El Potlach” conquiste el corazón de muchos más espectadores. Desde estas líneas animo a la gente a que se acerque al teatro La Usina y así puedan extraer sus propias conclusiones.
ORLANDO TÜNNERMANN.