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BIBLIOGRAFÍA DE VÍCTOR VIRGÓS

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"LA CASA DE LAS 1000 PUERTAS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES-

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS". A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"ISLA DIAMANTE" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"SOL TENEBROSO" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES -.

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD" (YA A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)
"EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES" (EN PROCESO DE GESTACIÓN"

ORLANDO TÜNNERMANN

ORLANDO TÜNNERMANN
ORLANDO TÜNNERMANN

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD
AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" VÍCTOR VIRGÓS

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" VÍCTOR VIRGÓS

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS"

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". VÍCTOR VIRGÓS.

BÁRBARA Y MIRANDA SON TESTIGOS DE UNA REUNIÓN CLANDESTINA DE UNA PELIGROSA BANDA DE FACINEROSOS.

SU INTROMISIÓN ACABARÁ POR ARRASTRARLAS HASTA UN DESCONOCIDO, INHÓSPITO Y DESHABITADO PUEBLO TUROLENSE, DONDE MANFRED BÖHER LLEVA A CABO UN DEMENCIAL PROGRAMA TERAPÉUTICO QUE EL LUNÁTICO MESÍAS HA DADO EN LLAMAR "LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". SUS VIDAS CORREN PELIGRO EN MANOS DEL ESPURIO SANADOR Y SU CUADRILLA DE ENAJENADOS PROSÉLITOS.

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"ISLA DIAMANTE" A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

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"ISLA DIAMANTE" PRÓXIMAMENTE EN WWW.AMAZON.ES

ISLA DIAMANTE "VÍCTOR VIRGÓS"

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LA MODELO DANESA SISSEL MADSEN ES SECUESTRADA Y DESAPARECE JUNTO A UN HOMBRE DE ENIGMÁTICA CATADURA POR ENCARGO DE UN NEFARIO EMIR.

UN TESTIGO FORTUITO RECOGERÁ UN PERIÓDICO QUE LA MODELO ARROJA AL SUELO, CON UNA ÚNICA PISTA DE SU PARADERO ESCRITA EN TINTA ROJA DE CARMÍN: "ISLA DIAMANTE".

EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS



EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS

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CASSANDRA KOWALSKA, LA NUEVA VOCALISTA DE LA BANDA TUROLENSE SIRENAS IN LOVE, ACUDE AL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS PARA OFRECER UN CONCIERTO EN DIRECTO.

ALLÍ SE TOPARÁ CON LA PELIGROSA BANDA DE FORAJIDOS DE BARRABÁS, QUE ACABA DE ESCAPAR DEL PENAL.


EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS

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"SOL TENEBROSO"

"SOL TENEBROSO"

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"SOL TENEBROSO" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

ARTURO SUCHIL RECIBE UNA CARTA DE SU ESPOSA PAOLA DESPUÉS DE 20 AÑOS, PERO PAOLA FUE ENTERRADA EN UNA CRIPTA DE LA ISLA DE TABARCA CUANDO MURIÓ AHOGADA AL SALIRSE SU COCHE DE LA CARRETERA Y SUMERGIRSE EN EL MAR.

ARTURO DEBE DESCUBRIR QUÉ SUBYACE TRAS LA REPENTINA "RESURRECCIÓN" DE PAOLA, QUIEN LE CITA EN EL DEPRIMENTE Y AISLADO PUEBLO TUROLENSE DE OJOS NEGROS.

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

CASSANDRA KOWALSKA ES CITADA EN LA GESTORIA DE AMANCIO GUEVARA, EN PUEBLA DE SANABRIA, PARA LA LECTURA DE LAS ÚLTIMAS VOLUNTADES DE SU ABUELO, QUIEN LE DEJA TODA SU FORTUNA.

VLADIMIR KOWALSKA GUARDABA MUCHOS SECRETOS Y SU ACÉRRIMO ENEMIGO, AMANDO SALCEDO, NO PUEDE PERMITIR QUE SALGAN A LA LUZ. ENVIARÁ A SUS SICARIOS TRAS LAS HUELLAS DE CASSANDRA PARA RECUPERAR ALGO QUE SU PADRE LE ROBÓ ANTES DE SIMULAR SU PROPIA MUERTE Y LA DE SU MUJER.

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS
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ARINSAL FUE BRUTALMENTE APALEADA Y VIOLADA POR UNOS HOMBRES 5 AÑOS ATRÁS EN UN SUBURBIO DE JORDANIA. LA DIERON POR MUERTA, PERO SOBREVIVIÓ, Y AHORA HA REGRESADO PARA COMENZAR UNA CRUZADA PERSONAL VINDICATIVA CONTRA TODOS ELLOS. NADIE ESTÁ A SALVO, NI SIQUIERA CARMELO DE LA PRIDA, UN HOMBRE ABYECTO Y PODEROSO QUE SE REFUGIA DEL MUNDO EN EL INEXPUGNABLE CASTILLO DE ARCALÍS.

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

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CUANDO ÁLEX MERCURY OBSERVA EL EXTERIOR A TRAVÉS DE LA VENTANILLA DEL TREN, VISLUMBRA ATÓNITO EL ESPERPÉNTICO, SINIESTRO Y DESOLADOR PAISAJE DE "JYS; LA ESTACIÓN DEL TIEMPO".

TRACI NO ESTÁ A SU LADO; HA DESAPARECIDO, AL IGUAL QUE EL RESTO. EL TREN ESTÁ VACÍO. NO HAY NADIE, SÓLO SILENCIO Y UNA LUZ CENICIENTA QUE LO ENVUELVE TODO EN UN SUDARIO GRIS OSCURO.

ALGO INEXPLICABLE SUCEDIÓ CUANDO LOS HACES DE LUZ ENGULLERON AL TREN, CUANDO CRUZÓ AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD.

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

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EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL PUEBLO BURGALENSE DE CORTIGUERA PARECÍA ABANDONADO, DEVORADO POR LA VEGETACIÓN SALVAJE, TAN HERMOSO Y ESPECTRAL A LA VEZ, CON AQUELLAS MANSIONES BLASONADAS DONDE YA NO VIVÍA NADIE. LAS BARRERAS A LA ENTRADA DEL PUEBLO, CON AQUELLA PROHIBICIÓN EXPLÍCITA DE ACCESO A LOS NIÑOS, RESULTABAN INQUIETANTES; TANTO COMO EL ALBINO DE OJOS AZULES, TANTO COMO EL EXIGUO REDUCTO DE HURAÑOS LUGAREÑOS QUE PROTEGÍAN CON DESPROPORCIONADO CELO EL BOSCOSO SENDERO QUE CONDUCÍA AL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS.

SELENE MOON

SELENE MOON

"SELENE MOON"

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)


CUANDO EL DETECTIVE ORLANDO TÜNNERMANN ACUDE AL TEATRO "LA CUARTA PARED" PARA ASISTIR A LOS ENSAYOS DE LA OBRA "LA NOVIA DE LA MUERTE", LE ANUNCIAN QUE LA BAILARINA PRINCIPAL, SELENE MOON, HA DEJADO LA COMPAÑÍA TEATRAL PRECIPITADAMENTE, SIN PREVIO AVISO, ENVUELTA EN UN HALO DE MISTERIO Y URGENCIA.

EN SU CAMERINO, ORLANDO ENCUENTRA UNA PEQUEÑA CUARTILLA CON UN SUCINTO MENSAJE ESCRITO: "NO DEJES DE BUSCARME, DETECTIVE"

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES HA VUELTO A REUNIRSE. SIN EMBARGO, EL MUNDO AL QUE RETORNAN HA CAMBIADO DRÁSTICAMENTE. CORRE EL AÑO 2133. LA POBLACIÓN MUNDIAL HA QUEDADO DIEZMADA A CAUSA DE LA REBELIÓN DE LOS ROBOTS Y DE UNA CORPORACIÓN TAN CLANDESTINA COMO PODEROSA CAPAZ DE CONTROLAR LA VOLUNTAD Y EL DESTINO DE LOS SERES HUMANOS POR MEDIO DE UNOS CHIPS ELECTRÓNICOS QUE LES HAN SIDO IMPLANTADOS.

viernes, 5 de septiembre de 2014

"SOL TENEBROSO"

"SOL TENEBROSO" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)


EXTRACTO DEL INICIO


“LA CARTA DE PAOLA”


La carta de Paola era un dislate aberrante, una anomalía temporal. Arturo se quedó atarantado, contemplando la misiva como si hubiera descubierto a qué huelen los colores o qué sonido produce la agonía de los árboles quemados. No se atrevía a rasgar el lacre, pues abrir aquella carta suponía presumir la existencia de los fantasmas, la vida después de la muerte, la resurrección. La arrojó asustado, como si le quemara los dedos. Cayó junto a la gramola. Ella Fitzgerald entonaba “A tisket a tasket” en el preciso instante en que entraba por la puerta su hija, Adriana, enfundada en un elegante traje de noche rosa de la diseñadora italiana Elsa Schiaparelli.

De camino a su alcoba se quitó los guantes, del mismo tono chillón que el deslumbrante conjunto ceñido, con la sensual picardía de una bailarina del Radio City Music Hall de Nueva York. Frunció el ceño, contrariada. Su padre no había irrumpido en su dormitorio, como de costumbre, atormentándola con sus monologuistas reconvenciones paternales sobre su disoluto comportamiento.

No dejaba de vulgarizarla, llamándola “Flapper”, o sea, comparándola con las “libertinas” jovencitas que se maquillaban en exceso, fumaban, bailaban, bebían y alternaban en fiestas y clubs nocturnos. ¿Qué esperaba? Tenía 23 años y sólo quería conocer gente y divertirse, como cualquier chica de su edad. Ya tendría tiempo para casarse y engendrar niños.

Adriana se puso cómoda y cruzó la enorme casona, en pleno corazón de la Gran Vía de Madrid, para reunirse con su padre en el salón. Le sobresaltó su actitud, en pie como una pirámide egipcia, mirando absorto hacia un punto indefinible entre la gramola y el suelo. Allí precisamente había una carta. Debía haberse caído de alguna parte. Se aprestó a recogerla con aire desenfadado, no sin antes abrazar a su padre y besarle en la mejilla. Posó la carta con suma delicadeza bajo una maqueta de la velocísima locomotora británica Mallard, la cual, según le había contado su padre en más de una ocasión, podía alcanzar los 200 kilómetros por hora.


-¿Te encuentras bien, papá? ¡Estás lívido!

Tardó unos segundos en reaccionar, como si buscara en sus archivos mentales el monosílabo correcto.

-Sí, sí, claro… -repuso abstraído-

-Ha llegado una carta, pero debe tratarse de un error…

Por el tono de sus palabras, Adriana coligió que debía examinar detenidamente el sobre blanco y arrugado y descubrir por sí misma el motivo de su zozobra. La recuperó nuevamente de debajo de la locomotora azulona.

-¿Te refieres a esta, la que acabo de recoger del suelo?

Arturo asintió.

-Dale la vuelta y mira el nombre del remitente

Adriana así lo hizo, transida de curiosidad, intrigada con la críptica conducta de su padre. Leyó:

-Paola Gades… -su expresión se tornó curiosa- Tiene que ser una simple casualidad. Es otra persona, por supuesto, pero con el mismo nombre.

-Es la letra de tu madre, pero eso no tiene el menor sentido, porque está muerta y enterrada. El matasellos indica que fue enviada hace dos días.

La afirmación de su padre en lo referente al reconocimiento de la caligrafía de Paola arrojó un jarro de agua fría sobre Adriana. No conservaba recuerdo alguno de su madre. Su coche se salió de la carretera y se precipitó a un barranco cuando ella tenía solo tres años.

Posó las yemas de los dedos sobre la tinta que revelaba la fecha: 19/12/1945

-Sólo hay una manera de descubrirlo.

Antes de que Arturo pudiera disuadirla o azuzarla para salir de dudas, la natural impulsividad de Adriana tomó la decisión por los dos.

James Cagney y la rubia platino Jean Harlow parecían mirarles con indignación retratados en un cartel de la película “Enemigo público”.

Adriana abrió el cierre con un abrecartas precioso; una edición limitada estampada con viñetas del Guerrero del antifaz.

Extrajo del interior del sobre una cuartilla que contenía una miserable agrupación de líneas. Las leyó varias veces, cada vez más incrédula, cada vez más soliviantada, buscando algún rasgo descriptivo de la madre ignota. Enarcó las cejas ante lo inverosímil. Su padre adivinó por ese mero ademán revelador que la autora de la carta era Paola; una misiva póstuma escrita de puño y letra desde lo más profundo e insondable de una cripta en la isla de Tabarca.

En un arrebato de involuntaria rudeza se la arrancó de las manos. Leyó en voz alta:

“Querido Arturo:

Espero que estés bien. No estoy muerta. Enterraste a una amiga mía que me pidió prestado el coche aquel día. Te tenía que haber escrito antes, pero he estado muy ocupada, y entre unas cosas y otras el tiempo ha volado. A ver si te pasas un día a verme y nos ponemos al día”.

Paola Gades
Avda.Sagunto 19
Ojos negros
Teruel

Durante unos segundos nadie musitó una sola palabra. Cada uno perdido en su propio mundo de reproches, estupor y abstracción. Finalmente Adriana fue quien rasgó la cortina de hielo entre los dos.

Arturo se aproximó a ella y le acarició la nuca con ternura. Adriana, de espaldas a su padre para que no viera que estaba llorando, descargaba su frustración retorciendo una de las 30 muñecas que le había ido regalando su padre cada 19 de Enero por su cumpleaños.

La réplica exacta de la actriz canadiense Mary Pickford cayó rebotando más allá de la gramola. La faz juvenil de la precoz estrella de Broadway se le quedó mirando con sus ojos inertes, como si se compadeciera de su honda aflicción.

-Veinte años, papá… durante 20 largos años he creído que mamá estaba muerta, que, tal y como me contaste, su coche se salió de la carretera y cayó al mar en aquel terrible accidente. Pero ahora –sollozó Adriana- ahora nos envía esa carta… ¡absurda! Esa carta tan extraña… ¡después de 20 años! –alzó la voz histérica-.

Nos mantuvo engañados –prosiguió balbuceando- viviendo una mentira, y ahora, 20 años después –se trabó Adriana en un monólogo ahogado y repetitivo- lo único que se le ocurre decir es que no ha tenido tiempo de avisarnos de que estaba viva, que ha estado ocupada. Nos dice que la mujer que está enterrada en esa tumba de Tabarca es una amiga suya.


EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA  (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

 “LA HERENCIA”

EXTRACTO DEL INICIO

El primer correo era de Osorio. Le alegraba y reconfortaba saber que las cosas le marchaban bien desde su marcha a Tegucigalpa hacía ya más de tres meses. Echaba de menos al entrañable saxofonista hondureño; no tanto a los nefarios canallas que casi le arruinaron la vida liderados por el despreciable Barrabás.

Afortunadamente aquello ya era un desdibujado episodio de los muchos que se habían escrito en el hogareño y familiar Hotel de las almas perdidas. Osorio se había unido a “Los emperadores de la madrugada” tocando el saxo en un local de moda en el centro de la ciudad. Cassandra cerró el correo, antes de que la melancolía se colara por la ventana de la tristeza y se convirtiera en una losa lapidaria sobre sus recuerdos.

Pasó al siguiente: Erik de la Serna.

Apenas 5 líneas exaltaban con ampulosa retórica la belleza sin parangón de Estonia, así como renegaba sin ambages de las gélidas temperaturas que se estaban registrando en la capital en aquellos días postreros de Noviembre. Adjunta a la rácana misiva incluía una fotografía tomada en el flamante hotel Swissotel de Tallin. Miranda, Bárbara y Edgard sonreían felices y relajados, sentados en unos cómodos sillones de cuadros amarillos y blancos de una moderna cafetería con vistas panorámicas. La instantánea la había sacado el gomoso Erik. A renglón seguido añadía una romántica cita ampulosa que describía con afectación cómo la echaban de menos. No acababan de entender que se hubiera desligado de Sirenas in love para cabalgar en solitario. La presentación del nuevo álbum, titulado “Las meretrices de Baphomet”, estaba teniendo muy buena acogida en el país báltico. Era un buen trabajo, excelente en realidad. Edgard, el maleante cubano rebautizado como probo hombre de negocios y amigo personal de Miranda y Bárbara, se lo había enviado por mensajería urgente hacía unos días. El diseño de la portada, como ya venía siendo habitual, era obra de Brenda J.Parks, la enigmática chica del diario que encontrara Miranda sepultado bajo la inmundicia de un Cadillac abandonado en la antigua estación de trenes de Arlequín. Manfred Böher, un esperpéntico terapeuta que había diseñado un rocambolesco programa de “reaprendizaje” conductual llamado “La puerta de los sueños”, las había secuestrado y aislado del mundo en un deshabitado e ignoto pueblo turolense llamado Paraíso alto.


En ocasiones, había tratado de componer una imagen mental de la lunática Minerva. Le resultaba incomprensible que una vulgar chiflada hubiera puesto contra las cuerdas al fogueado Edgard Sánchez. Apartó aquellos recuerdos de su mente. Cassandra llevaba media vida volando en solitario. La compañía de los demás, tarde o temprano, acababa por convertirse en un lastre del que necesitaba desprenderse para poder respirar y quedarse a solas con sus pensamientos. Si lo pensaba bien, estaba mejor sin ellos, por mucho que les amara y añorara con frecuencia. A su lado no había espacio para la intimidad que tanto anhelaba. Sirenas in love eran y siempre serían Bárbara y Miranda. Ella sólo fue el candil que alumbró sus nombres, la tercera en discordia, la pieza extravagante que queda desemparejada y nunca sabes qué función ocupará o cómo encajará en un engranaje ya completo.

A distancia todo era mucho más sencillo, a la par que lúgubre y desangelado. Pero esa era su vida, la vida que había elegido.

Estaba anocheciendo y el sueño comenzaba a aporrear las aldabas de su puerta infranqueable, reclamando su atención. Leería un mensaje más. Después dejaría que sus párpados cerraran a cal y canto las últimas palpitaciones del día. Enarcó las cejas, desconcertada. El membrete del que proseguía rezaba en el asunto: HERENCIA.

El remitente de tan inesperado y absurdo comunicado se presentaba con el “retórico” epígrafe de: “Gestoría Amancio Guevara de Prada Aguirre y Oriol”.

Profuso y enfático texto para tan cicatera cuestión, pensó Cassandra, atusándose las puntas perfectas de su cabello corto albino con mechas rosas y verdes. Sin grandes muestras de entusiasmo decidió que podía exonerarlo de su destino a la carpeta del correo no deseado. Si resultaba ser, como ocurría en el 90% de los casos, pura bazofia comercial, spam o un virus camuflado, esperando su momento para eyectar su ponzoña en los archivos de su disco duro, lo enviaría sin remilgos al patíbulo del reciclaje ciberespacial.

La papelera estaba llena de descargas espurias que contenían lo que con taimada engañifa prometían. Había sitio de sobra para otro fraude más. Sus ojos verdes estudiaron con serenidad el abstruso comunicado. Se le aceleró el pulso. Sus pupilas se dilataron por el asombro. Si se trataba de una broma carecía de buen gusto: Su abuelo, Vladimir Kowalska, acababa de fallecer a los 74 años de edad. En su testamento le nombraba heredera única de todo su patrimonio. Se reclamaba la comparecencia de Cassandra en la mayor brevedad posible para ejecutar las disposiciones y lectura de las últimas voluntades del difunto.

En su corazón germinó la rabia, tan intensa como para ahuyentar a los heraldos de la noche, que llegaban ya para acompañarla en sus sueños. El desvelo fue testigo de las horas siguientes. Cassandra permaneció sentada frente a la pantalla del ordenador hasta las 3 de la madrugada. Un torbellino de imágenes ígneas imaginadas trataban de escapar de un fuego devastador. Sus padres habían muerto abrasados, dejándola huérfana en un mundo desalmado. No tenía familia, nadie se hizo cargo de ella. Cassandra acabó rebotando de internado en internado como una leprosa sin nombre ni pasado.

No se jugaba con la muerte; eso era despreciable y pensaba querellarse contra los responsables de tan perversa e insensible burla. La gestoría de rótulo interminable se lo pensaría dos veces la próxima vez antes de difundir su propaganda falaz. ¡Vladimir Kowalska! ¿De dónde demonios habían sacado ese dato? Sus abuelos habían fallecido en Polonia muchos años antes de que ella aprendiera a caminar sin ayuda o a pronunciar frases inteligibles. Eso le habían contado sus padres, pero guardaba tan pocos recuerdos de ellos… de hecho, no conservaba nada cuantificable o memorable, salvo breves episodios familiares, abortados abruptamente por la irrupción de un pavoroso incendio que acabó con sus vidas. Había visto fotos, retratos de familiares desconocidos, pero en su mente estaba todo borroso, desfigurado y gris, como una película en blanco y negro.

Cassandra abrió el explorador. En la barra de búsqueda introdujo el nombre de la gestoría. La pantalla se colmó de páginas con la información solicitada. Pinchó el primer enlace. En la portada principal apareció un complejo de edificios blancos con jardines y vigilancia privada. Parecía un recinto fastuoso, con tanta cámara y verjas de hierro forjado de más de tres metros de altura. Según las indicaciones, el gabinete de Amancio Guevara se encontraba en Puebla de Sanabria.

Cassandra se levantó a primera hora de la mañana. Apenas había dormido tres o cuatro horas. Abandonó el Hotel de las almas perdidas con la vaga promesa de regresar en unos días. Edwin Carbajosa, ataviado como un clérigo de la época de la Santa Inqusición, ondeó su mano con expresión de cordero degollado y la vio partir en su recién estrenado Mitsubishi Montero bicolor azul y plateado. El joven recepcionista venezolano se quedó frustrado al perder la ocasión de poder conversar con ella durante unos minutos. Cassandra parecía acuciada por la urgencia, y la injerencia de Amelia Brandon, una ricachona americana con demasiado tiempo libre, se interpuso entre él y la bellísima cantante de orígenes polacos. La acaudalada viuda de Texas siempre se las ingeniaba, rezongó entre dientes Edwin, para presentarse en el momento más inoportuno.

Antes de poner rumbo a Puebla de Sanabria Cassandra pasó por su apartamento en la calle Fuencarral y dejó sus plantas regadas. En una pequeña cuartilla naranja garabateó unas indicaciones para Estíbaliz, su vecina de la puerta de al lado. La pasó por debajo de la ranura. Tenía llaves de su casa y le pedía básicamente que entrara de vez en cuando para ventilar, regar sus plantas, abrir cortinas y persianas, encender luces, dejar, a fin de cuentas, huellas de habitabilidad. Esperaba que el enojoso asunto de la herencia no le robara demasiado tiempo y pudiera hacer algo de turismo por la zona.

En poco más de tres horas Cassandra arribó a la sosegada y discreta población de Palacios de Sanabria. “The eyes of Baphomet”, el último tema incluido en el nuevo álbum de Sirenas in love, estaba abordando el apoteósico estribillo final, que concluía con un asombroso monólogo acústico de la flamígera guitarra eléctrica de Bárbara. Era un tema potente, muy al estilo de la banda estonia Vanilla Ninja. Abrió la puerta del Mitsubishi y respiró el aire fresco de la mañana. Cassandra había salido de Madrid cuando las calles aún no estaban “puestas”, con un claro motivo: exigir a la gestoría de Amancio Guevara una explicación de un comportamiento tan poco ético. Muy a su pesar apagó la música y salió del coche para enfrentarse a los misterios de la herencia fraudulenta. Preguntó en un colmado, que olía a chorizo y queso curado, cómo podía llegar a Puebla de Sanabria. Cassandra le explicó al tendero, rubicundo, orondo, lo que andaba buscando. Éste se mostró tan afable que a punto estuvo de acompañarla él mismo. Finalmente le indicó con precisión el camino más directo, coadyuvado por dos entretenidos aldeanos, sin duda conocidos del tendero, y salió del pequeño establecimiento con una sensación de cálida y hospitalaria acogida.

La pareja de simpáticos lugareños se despidió de ella como si ya la hubiesen adscrito a su club de amigos para toda la vida. El hermosísimo paisaje esmeraldino estaba jalonado de desconocidos que la saludaban desde los umbrales de sus casas o los arcenes de la carretera, preguntándose acaso quien sería la desconocida y extravagante mujer de cabello albino con mechas rojas y amarillas.


Puebla de Sanabria era uno de los pueblos más encantadores que había visitado nunca. Esa fue la primera impresión que quedó marcada a fuego en su mente cuando columbró la soberbia silueta del altivo castillo que se erigía sobre un altozano. Cassandra trató de imaginar cuán diferente luciría aquel lugar en plena época estival. Noviembre concitaba escarchas y brumas, lluvias y ventiscas agrisadas que afeaban los rincones más fotogénicos. No se veía demasiada gente por los alrededores, lo cual, concedía a la ciudadela medieval un cierto halo épico y espectral. Los lugareños debían estar en sus casas, frente a un fogón que ardía con leños recién cortados.
ISLA DIAMANTE


“UN PERIÓDICO ARRUGADO”  



EXTRACTO DEL INICIO

Había en su límpida mirada azul el desespero de una loba herida. Por mucho que la escultural beldad de rasgos marmóreos y alba piel ebúrnea pretendiera mostrarse impertérrita como la efigie de una diosa helena, trepidaban ostensiblemente sus labios, generosos y bermejos. Estaba muerta de miedo. A su lado viajaba un desalmado con aspecto de torvo camorrista.

Eusebio reparó en que iban cogidos de la mano, pero la disonante pareja se le antojaba del todo inverosímil.

La mujer, alta, rubia, esbelta y de facciones escandinavas, iba enfundada en un ceñido traje de fiesta oscuro con reflejos aceitunados y cruzado al cuello que dejaba al descubierto los hombros.

Su fornido acompañante era “carnaza” de penal. Eusebio observó espantado su negra chaqueta de cuero, raída y sucia, a juego con unos vaqueros astrosos y rotos a la altura de las rodillas. Completaba el ajuar del pendenciero un par de botas altas, con plumas negras a ambos lados y la blanca faz de un águila dibujada en la puntera de plata.

Era su rostro un atezado recordatorio de múltiples reyertas callejeras. En sus ojos negros no había ni rastro de misericordia ni bonhomía. Se apearon en la estación de Méndez Álvaro. Una resplandeciente limusina negra les recogió frente a la entrada principal de El Corte Inglés. Los altísimos tacones de los zapatos rojos de la mujer desaparecieron en el interior del vehículo. Eusebio, que acababa de entrar en una cafetería frente a los grandes almacenes, reparó en que en el mismo lugar donde unos segundos antes estuviera la rocambolesca pareja había ahora un periódico arrugado. ¿Se le había caído a ella o lo había arrojado adrede?

A toda prisa, “desvistiéndose” de su habitual flema, abonó su consumición: un café irlandés excelente servido con unas pastas de chocolate y trocitos de frambuesa.

Salió del local y cruzó la calle. El claxon de un Ford Mondeo metalizado sonó estridente. Eusebio no lo había visto venir y a punto estuvo de resultar arrollado.

La limusina se perdió de vista, girando por la calle Acanto en dirección sur. En el suelo había un ejemplar atrasado del periódico gratuito 20 minutos.

“ISLA DIAMANTE”

Había cogido un avión con rumbo a Atenas. Después un barco, y luego otro…

La cabeza le dolía terriblemente y los efectos de un sueño eterno proseguían clavándole alfileres de acero en los párpados. Un hombre enjuto y alto le estaba contando en un castellano deforme y ramplón que se encontraban en la isla griega de Nísiros. Muy pronto arribarían a su destino final: Isla diamante.

Sissel observó su entorno entre telarañas de una bruma espesa con aroma anestésico. Entonces reparó en que el origen de tal sensación radicaba en su paladar: por eso le temblaban las piernas como si fueran juncos contrahechos, por eso se veía todo borroso, cubierto por un manto etéreo de oscilación pendular.

La voz de aquel desconocido de apariencia paquistaní, aunque sonaba distendida, le perforaba los tímpanos.

De hecho, hasta el mismo rumor del aire era como un tronido de tambores. El paisaje que contemplaban sus entreabiertos ojos azules a través de la ventanilla del coche era de rotunda naturaleza volcánica, con abundante vegetación y fuentes termales. Algunos turistas provenientes de la cercana isla de Kos llegaban hasta allí para visitar el volcán Stefanos.

La perorata del conductor mudó hacia otros derroteros para anunciarle que acababan de entrar en la población de Mandraki, donde tomarían un barco que zarpaba a Isla Diamante.