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BIBLIOGRAFÍA DE VÍCTOR VIRGÓS

BIBLIOGRAFÍA DE VÍCTOR VIRGÓS (ORLANDO TÜNNERMANN)

"LA CASA DE LAS 1000 PUERTAS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES-

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS". A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"ISLA DIAMANTE" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"SOL TENEBROSO" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES -.

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD" (YA A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)
"EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES" (EN PROCESO DE GESTACIÓN"

VÍCTOR VIRGÓS

VÍCTOR VIRGÓS
VÍCTOR VIRGÓS (ORLANDO TÜNNERMANN)

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD
AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" VÍCTOR VIRGÓS

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" VÍCTOR VIRGÓS

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS"

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". VÍCTOR VIRGÓS.

BÁRBARA Y MIRANDA SON TESTIGOS DE UNA REUNIÓN CLANDESTINA DE UNA PELIGROSA BANDA DE FACINEROSOS.

SU INTROMISIÓN ACABARÁ POR ARRASTRARLAS HASTA UN DESCONOCIDO, INHÓSPITO Y DESHABITADO PUEBLO TUROLENSE, DONDE MANFRED BÖHER LLEVA A CABO UN DEMENCIAL PROGRAMA TERAPÉUTICO QUE EL LUNÁTICO MESÍAS HA DADO EN LLAMAR "LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". SUS VIDAS CORREN PELIGRO EN MANOS DEL ESPURIO SANADOR Y SU CUADRILLA DE ENAJENADOS PROSÉLITOS.

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"ISLA DIAMANTE" A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

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"ISLA DIAMANTE" PRÓXIMAMENTE EN WWW.AMAZON.ES

ISLA DIAMANTE "VÍCTOR VIRGÓS"

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LA MODELO DANESA SISSEL MADSEN ES SECUESTRADA Y DESAPARECE JUNTO A UN HOMBRE DE ENIGMÁTICA CATADURA POR ENCARGO DE UN NEFARIO EMIR.

UN TESTIGO FORTUITO RECOGERÁ UN PERIÓDICO QUE LA MODELO ARROJA AL SUELO, CON UNA ÚNICA PISTA DE SU PARADERO ESCRITA EN TINTA ROJA DE CARMÍN: "ISLA DIAMANTE".

EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS



EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS

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CASSANDRA KOWALSKA, LA NUEVA VOCALISTA DE LA BANDA TUROLENSE SIRENAS IN LOVE, ACUDE AL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS PARA OFRECER UN CONCIERTO EN DIRECTO.

ALLÍ SE TOPARÁ CON LA PELIGROSA BANDA DE FORAJIDOS DE BARRABÁS, QUE ACABA DE ESCAPAR DEL PENAL.


EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS

EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS

"SOL TENEBROSO"

"SOL TENEBROSO"

"SOL TENEBROSO"

"SOL TENEBROSO" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

ARTURO SUCHIL RECIBE UNA CARTA DE SU ESPOSA PAOLA DESPUÉS DE 20 AÑOS, PERO PAOLA FUE ENTERRADA EN UNA CRIPTA DE LA ISLA DE TABARCA CUANDO MURIÓ AHOGADA AL SALIRSE SU COCHE DE LA CARRETERA Y SUMERGIRSE EN EL MAR.

ARTURO DEBE DESCUBRIR QUÉ SUBYACE TRAS LA REPENTINA "RESURRECCIÓN" DE PAOLA, QUIEN LE CITA EN EL DEPRIMENTE Y AISLADO PUEBLO TUROLENSE DE OJOS NEGROS.

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

CASSANDRA KOWALSKA ES CITADA EN LA GESTORIA DE AMANCIO GUEVARA, EN PUEBLA DE SANABRIA, PARA LA LECTURA DE LAS ÚLTIMAS VOLUNTADES DE SU ABUELO, QUIEN LE DEJA TODA SU FORTUNA.

VLADIMIR KOWALSKA GUARDABA MUCHOS SECRETOS Y SU ACÉRRIMO ENEMIGO, AMANDO SALCEDO, NO PUEDE PERMITIR QUE SALGAN A LA LUZ. ENVIARÁ A SUS SICARIOS TRAS LAS HUELLAS DE CASSANDRA PARA RECUPERAR ALGO QUE SU PADRE LE ROBÓ ANTES DE SIMULAR SU PROPIA MUERTE Y LA DE SU MUJER.

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS
LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS. A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS. A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES


ARINSAL FUE BRUTALMENTE APALEADA Y VIOLADA POR UNOS HOMBRES 5 AÑOS ATRÁS EN UN SUBURBIO DE JORDANIA. LA DIERON POR MUERTA, PERO SOBREVIVIÓ, Y AHORA HA REGRESADO PARA COMENZAR UNA CRUZADA PERSONAL VINDICATIVA CONTRA TODOS ELLOS. NADIE ESTÁ A SALVO, NI SIQUIERA CARMELO DE LA PRIDA, UN HOMBRE ABYECTO Y PODEROSO QUE SE REFUGIA DEL MUNDO EN EL INEXPUGNABLE CASTILLO DE ARCALÍS.

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

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CUANDO ÁLEX MERCURY OBSERVA EL EXTERIOR A TRAVÉS DE LA VENTANILLA DEL TREN, VISLUMBRA ATÓNITO EL ESPERPÉNTICO, SINIESTRO Y DESOLADOR PAISAJE DE "JYS; LA ESTACIÓN DEL TIEMPO".

TRACI NO ESTÁ A SU LADO; HA DESAPARECIDO, AL IGUAL QUE EL RESTO. EL TREN ESTÁ VACÍO. NO HAY NADIE, SÓLO SILENCIO Y UNA LUZ CENICIENTA QUE LO ENVUELVE TODO EN UN SUDARIO GRIS OSCURO.

ALGO INEXPLICABLE SUCEDIÓ CUANDO LOS HACES DE LUZ ENGULLERON AL TREN, CUANDO CRUZÓ AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD.

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL PUEBLO BURGALENSE DE CORTIGUERA PARECÍA ABANDONADO, DEVORADO POR LA VEGETACIÓN SALVAJE, TAN HERMOSO Y ESPECTRAL A LA VEZ, CON AQUELLAS MANSIONES BLASONADAS DONDE YA NO VIVÍA NADIE. LAS BARRERAS A LA ENTRADA DEL PUEBLO, CON AQUELLA PROHIBICIÓN EXPLÍCITA DE ACCESO A LOS NIÑOS, RESULTABAN INQUIETANTES; TANTO COMO EL ALBINO DE OJOS AZULES, TANTO COMO EL EXIGUO REDUCTO DE HURAÑOS LUGAREÑOS QUE PROTEGÍAN CON DESPROPORCIONADO CELO EL BOSCOSO SENDERO QUE CONDUCÍA AL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS.

SELENE MOON

SELENE MOON

"SELENE MOON"

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)


CUANDO EL DETECTIVE ORLANDO TÜNNERMANN ACUDE AL TEATRO "LA CUARTA PARED" PARA ASISTIR A LOS ENSAYOS DE LA OBRA "LA NOVIA DE LA MUERTE", LE ANUNCIAN QUE LA BAILARINA PRINCIPAL, SELENE MOON, HA DEJADO LA COMPAÑÍA TEATRAL PRECIPITADAMENTE, SIN PREVIO AVISO, ENVUELTA EN UN HALO DE MISTERIO Y URGENCIA.

EN SU CAMERINO, ORLANDO ENCUENTRA UNA PEQUEÑA CUARTILLA CON UN SUCINTO MENSAJE ESCRITO: "NO DEJES DE BUSCARME, DETECTIVE"

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES HA VUELTO A REUNIRSE. SIN EMBARGO, EL MUNDO AL QUE RETORNAN HA CAMBIADO DRÁSTICAMENTE. CORRE EL AÑO 2133. LA POBLACIÓN MUNDIAL HA QUEDADO DIEZMADA A CAUSA DE LA REBELIÓN DE LOS ROBOTS Y DE UNA CORPORACIÓN TAN CLANDESTINA COMO PODEROSA CAPAZ DE CONTROLAR LA VOLUNTAD Y EL DESTINO DE LOS SERES HUMANOS POR MEDIO DE UNOS CHIPS ELECTRÓNICOS QUE LES HAN SIDO IMPLANTADOS.

jueves, 21 de abril de 2016

EL MAR DE LAS OLAS DE PLATA -RELATOS CORTOS-



Me desperté a causa del silencio. Las sirenas del mar de las olas de plata no cantaban, enviando a los bajeles a una muerte segura al colisionar contra la guadaña de los afilados farallones. Desde mi pequeña alcoba, en la cúspide del castillo que otea el océano, sólo me llegaba el murmullo remoto de las olas, luchando las unas contra las otras para besar las tersas arenas níveas de la playa infinita.

Mis pies desnudos me dirigieron hasta una angosta ventana ojival que me traía cada mañana aromas salitrosos. Bajé la mirada para posarla junto a la orilla del mar. Lo que contemplaron mis ojos cerúleos dejó mi ánimo convulso. Mi padre estaba rodeado por un séquito de invasoras sirenas plateadas; las mismas hechiceras que diezmaban nuestros ejércitos con sus cantares insidiosos. Parecía un fantasma grotesco cuando me enfundé el blanco camisón de mi madre y descendí a toda prisa por la escalera de caracol, de altos peldaños de roca carcomida y porosa.

Mi cuerpo menudo e infantil a duras penas se intuía entre las holguras de gigante. Trastabillé repetidas veces, y con ímprobos esfuerzos logré asir e izar la espada de mi hermano Federico, que en sus manos siempre lucía gallarda e invencible.

Arrastré mi figura ridícula hasta la playa conquistada, balanceándome a los caprichos de una tizona que no lograba gobernar. Acudí al socorro de mi padre, circuido de temibles sirenas embaucadoras. Pero la espada respondió a los designios de la gravedad y me hizo desplomar, abatida y abochornada ante el consejo de beldades oceánicas de cuerpos argénteos.

Una de ellas se aprestó amorosa a auxiliarme, y en ese ademán caritativo y maternal, la dulzura de sus ojos y la risa cantarina de su voz, colegí que no existía asedio ni amenaza. Las sirenas me miraban divertidas, y mi padre parecía participar de su alborozo. Aquella mañana, arrebolada como estaba de pura verecundia, fue testigo de la firma de una tregua de paz, que pondría fin a los cantos traicioneros y las lides ancestrales.


domingo, 17 de abril de 2016

EL JARDÍN DE LAS AMAPOLAS VERDOLADAS -RELATOS BREVES-




El espeso manto de la nieve lo había cubierto todo en el valle de las alondras grises con su tupida casulla invernal.

Flanaghan se había extraviado, y sin la ayuda de Casius, el imponente samoyedo que había nacido con un ojo azul y el otro ámbar, sus posibilidades de hallar el mitológico jardín de amapolas verdoladas se fundían en las ciénagas insalubres del pesimismo.

Mindy, su esposa, permanecía en la rústica cabaña del nogal sombrío moribunda y febril, en compañía del leal perro guardián y de su hija, Cindy.

Flanaghan pensó en su hija con el cariño rebosando en su rostro redondo y rojizo. Su pequeña y dulce pelirroja, pitonisa y sanadora, le había enviado a través del bosque de las lágrimas perpetuas en busca de la hechicera Midnay.

Se ocultaba en el jardín de las amapolas verdoladas, le había dicho.

Debía traer exactamente diecinueve pétalos de aquellas plantas medicinales, que podían repeler el acceso presuroso de la muerte cuando ésta llamaba a tu puerta con sus manos llagadas y pútridas.

Flanaghan, el borrachín perdulario que trabajaba desde los 10 años en el aserradero de Arthur Mc Leod, el prepotente alcalde de la comarca, sesgaba la piel helada de la nieve con sus botas altas de cuero, en una lid desigual contra el tiempo y los elementos.

Avanzaba como un espantapájaros azotado por la cellisca, aterido de frío y muerto de miedo. Las ramas de los árboles, sus siluetas nervudas y puntiagudas, parecían ogros enfurecidos que le recriminaran por su inutilidad para acometer con éxito la crucial tarea que le había encomendado su hija.

Entre las brumas lunáticas del alcohol que emborrachaba su juicio, recordó las palabras de Cindy:

“…Sigue la senda de los arces rojos. Verás uno de ellos tronchado, partido en medio del camino. Sigue adelante. No te detengas. Te toparás enseguida con 19 arces negros y 27 albinos, formando un extraño círculo en torno a 19 setas gigantes con forma de sombrero rojo, moteadas con constelaciones amarillas y blancas…

Habrás llegado entonces al punto de encuentro. No sigas adelante, quédate quieto y espera. No podrás encontrar el jardín de amapolas verdoladas aunque quisieras, aunque lo tuvieras delante. Si ella no quiere que lo encuentres, no lo harás. No la busques, no trates de encontrarla. La hechicera Midnay te encontrará a ti…”

Observó su entorno. Miles y miles de árboles centenarios proyectaban su figura altanera por el valle albo como una comitiva de almas en pena; condenadas a observar el mundo con su mirada ciega y las ramas extendidas hacia el horizonte vetado, con sus brazos suplicantes en busca de la redención divina.

Acacias, olmos, castaños, pinos, abetos verdes y amarillos, embozados en provisionales atavíos blancos de fotogénica belleza… Ni rastro de la senda de los arces rojos…

Demolido por el lastre oneroso y afrentoso de la culpa y la minusvalía, se dejó caer como un saco de estiércol prescindible. Apoyó su cuerpo fornido contra el tronco formidable de un olmo. Miró al frente, un paraje blanco interminable, e imaginó que su hermosa hija le encontraba allí tendido, como un botarate llorica e indefenso.

Le miraba con sus serenos ojos verdes y su faz de porcelana, moteada de graciosas pecas claras espolvoreadas por las mejillas levemente sonrosadas.

Sintió sus manos pequeñas y blancas, aferrando las suyas, mientras le decía con cariño: “Ven tonto, es por aquí. Es muy fácil. Ya casi lo habías conseguido… ¿lo ves? No era tan difícil. Sólo tienes que creer un poco más en ti mismo”.

Flanaghan volvió a izar la mirada. Había avanzado unos metros, como en un trance, siguiendo el rastro de su hija. Su bella faz infantil ya no se hallaba frente a la suya, mirándole con inquebrantable ternura. Sin embargo, el escenario no era baldío ni desasosegador: ¡Ahí estaban los arces rojos, y el árbol tronchado en medio del camino!

Reinstaurando las fuerzas, corrió hacia la vereda. A los pocos minutos le cortaron el paso los imponentes arces negros… y los albinos, formando un esotérico círculo concéntrico en torno a las diecinueve setas hipertróficas.

Sumiso, quedó silente, estático, como una esfinge de arena y granito, tal y como le había aleccionado su hija. Esperaba a la sibilina hechicera.

En aquella zona umbría del bosque el tiempo parecía congelado. Los sonidos del viento eran como bramidos de gigantes. Nada se movía. Flanaghan permaneció en reverente estado inanimado durante poco más de diez minutos, petrificado como la sal de un océano prehistórico.
Esperando, buscando arrendajos y abejarucos que surcaran el cielo, o encaramados entre las ramas de formas nudosas, comenzó a desvanecerse…

De pronto, sus pies parecían de algodón y su cabeza de plomo. Se fundía, se avecinaba contra el suelo...

Caía como un fardo de base hueca y prominente testa de hierro. En su declive creyó observar, o acaso alucinaba, que el paisaje mutaba su semblante invernal para investirse de fragante primavera.

Un lecho de amapolas verdes y doradas alfombraba un valle que refulgía como si sus simientes fueran semillas de oro y esmeralda.

Abrió los ojos, entumecido, sediento y famélico. Se sentía avejentado, lábil, como la cáscara de una nuez bajo el peso de un diplodocus.

Su hija, nuevamente, frente a su rostro caduco, le observaba, eternamente joven, eternamente hermosa, con su sempiterna expresión infantil impregnando su semblante de ambigua picardía e inocencia.

-¿Quién eres? –Espetó abruptamente-

No le reconocía. Inaudito. Se hallaban en medio de un valle de colores impresionistas, bajo un almendro de flores doradas, verdes, rojas y gualdas.

-Soy yo, tu padre. ¿No me reconoces, Cindy?

Su hija llevaba en torno a la frente una hermosa diadema floral, donde predominaban pétalos de amapola verdes y dorados. Le observó con displicencia.

-No me llames así, intruso. Mi nombre es Midnay, la dueña y señora de todo cuanto puedes ver.

Abarcó con sus manos pálidas todo el territorio floral.

-¿Cómo has llegado hasta aquí? Nadie conoce este punto del bosque. ¿Quién te ha hablado de mí y de mi jardín de amapolas verdoladas?

-Mi hija… mi hija Cindy lo hizo –Balbució Flanaghan-. Mi esposa se muere. Mi hija es hechicera, igual que tú. Me dijo que te buscara, que esperara a que tú me encontraras, que sólo tú puedes sanar a mi esposa.

La faz del trasunto de Cindy se suavizó. Le complacía la lisonja, que reconocieran su magnificencia.

-Sí, la conozco. Has hecho bien en acudir a mí. De otro modo, tu mujer moriría –Se acarició el cabello de fuego en un acto de vanidad-

-¿La conoces? ¿Conoces a mi Cindy? Estoy confuso… ¿Cómo es que os parecéis tanto? Sois como dos gotas de agua…

Le miró extrañada, irritada con su evidente impericia para el entendimiento.

-Somos la misma persona. ¡Creí que te habías dado cuenta! –Le reconvino con excesiva dureza Midnay-

-¿La misma persona? No entiendo… -Flanaghan se rascó su calva pelada, donde sobrevivían incólumes un puñado de canas blancas-

-¿Cómo podéis ser la misma persona? Creí que dijiste que te llamabas Midnay.

-¡Y así es! –Parecía molesta con la huera conversación, que ponía de relieve cuán obtuso era Flanaghan- Se trata de una paradoja temporal. Aquí soy Midnay, allí, en tu tiempo, soy Cindy. Esto es el futuro y Cindy es mi pasado.

Le aporreó la frente, como para comprobar “si había alguien en casa”.

-Pero… si eres Cindy y Midnay… y todo eso de la paradoja temporal… sabes quien soy… y sin embargo, me has preguntado que quién soy.

Flanaghan se extravió en un monólogo sin fin.

-Te ponía a prueba, botarate. Tu mujer morirá si no paras de freírme a preguntas. ¿Quieres eso? ¿Quieres que todos te recuerden como el borrico de Flanaghan, ese inútil borrachín que fracasó en la única misión importante que debía acometer en toda su vida?

-No preguntes lo que no puedes entender. ¿Podrás hacerlo, Flanaghan?

El aludido asintió, avergonzado con la severa admonición de su “parabólica-hija-temporal”.

-Espérame aquí, no tardaré, salvaremos a tu esposa.

Le puso una mano reconfortante en el hombro. En ese instante, reconoció por primera vez a su dulce Cindy.
Cuando Midnay regresó habían pasado más de 6 horas. Flanaghan estaba cansado, famélico, iracundo…

-¿Dónde has estado? –Lloriqueó- creía que me habías abandonado a mi suerte.

De nuevo un gesto de empatía en la hechicera que evocaba a su hija Cindy. Sonrió, iluminando con su belleza todo el firmamento.

-Regresarás como un héroe Flanaghan. Se hablará de ti durante generaciones. Tu nombre será épico y magistral.

Se le anegaron los ojos de lágrimas a la curandera, orgullosa de él. Le besó en la frente.

-Has sido paciente… y valiente, Flanaghan. Pero ahora debes partir, se nos acaba el tiempo –Temblaba conmovida. Flanaghan se unió a sus temblores y lloriqueos. Se tambaleó. Ella lo sujetó con firmeza para que no se desplomara. Se secaban las lágrimas, el uno al otro.

-No hay tiempo… debes marchar ahora –Le entregó un precioso cofre de oro en cuyo interior había exactamente 19 pétalos de amapola verdes y dorados. Flanaghan lo miró confuso.

-¿Qué debo hacer con esto?

Midnay sonrió. Su sonrisa le dio fuerzas para acometer con éxito la crucial misión.

-Tú sólo debes entregárselo a Cindy. Ella soy yo. Ella sabrá lo que debe hacer. Cierra los ojos. No te muevas, no abras los ojos, quédate quieto… estás en casa… -Le susurró al oído. Su voz era distante, casi imaginaria, el murmullo del aire en una isla paradisíaca.

Cuando abrió los ojos se encontró en el epicentro del esotérico punto del bosque donde crecían las megalómanas setas.

Tenía los pétalos del jardín de amapolas verdoladas. Corrió sin descanso, en dirección a casa, sin mirar atrás. Retumbaba en sus oídos un pensamiento frenético: “… Entrégaselo a Cindy, ella soy yo… ella sabrá qué debe hacer”.

Mindy abrió los ojos, exhausta, ajada, aún bajo los efectos del potente brebaje que le había suministrado su hija. La fiebre había remitido y su semblante comenzaba ya a recobrar los colores rubicundos de la buena salud.

Flanaghan le cogió la mano derecha, apretando con inusual presión. Cindy sostenía la otra. Su padre le observaba con disimulo, tratando de hallar en su hija los rasgos vanidosos y altaneros de la hechicera Midnay. Ella, como si le leyera el pensamiento, recitó unas palabras que ya había escuchado antes, atrapado en una paradoja temporal.

-Has salvado a tu esposa, Flanaghan –Sus ojos se anegaron de lágrimas- Has regresado como un héroe. Se hablará de tu gesta durante generaciones. Tu nombre será épico y magistral.

Cindy se retiró unos instantes y salió de la cabaña. Quedó quieta, silente, imperturbable, acaso, buscando en el horizonte un jardín de amapolas verdoladas, acaso, buscando con la mirada a la hechicera Midnay.