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BIBLIOGRAFÍA DE VÍCTOR VIRGÓS

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"LA CASA DE LAS 1000 PUERTAS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES-

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS". A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"ISLA DIAMANTE" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"SOL TENEBROSO" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES -.

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD" (YA A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)
"EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES" (EN PROCESO DE GESTACIÓN"

ORLANDO TÜNNERMANN

ORLANDO TÜNNERMANN
ORLANDO TÜNNERMANN

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD
AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" VÍCTOR VIRGÓS

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" VÍCTOR VIRGÓS

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS"

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". VÍCTOR VIRGÓS.

BÁRBARA Y MIRANDA SON TESTIGOS DE UNA REUNIÓN CLANDESTINA DE UNA PELIGROSA BANDA DE FACINEROSOS.

SU INTROMISIÓN ACABARÁ POR ARRASTRARLAS HASTA UN DESCONOCIDO, INHÓSPITO Y DESHABITADO PUEBLO TUROLENSE, DONDE MANFRED BÖHER LLEVA A CABO UN DEMENCIAL PROGRAMA TERAPÉUTICO QUE EL LUNÁTICO MESÍAS HA DADO EN LLAMAR "LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". SUS VIDAS CORREN PELIGRO EN MANOS DEL ESPURIO SANADOR Y SU CUADRILLA DE ENAJENADOS PROSÉLITOS.

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"ISLA DIAMANTE" A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

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ISLA DIAMANTE "VÍCTOR VIRGÓS"

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LA MODELO DANESA SISSEL MADSEN ES SECUESTRADA Y DESAPARECE JUNTO A UN HOMBRE DE ENIGMÁTICA CATADURA POR ENCARGO DE UN NEFARIO EMIR.

UN TESTIGO FORTUITO RECOGERÁ UN PERIÓDICO QUE LA MODELO ARROJA AL SUELO, CON UNA ÚNICA PISTA DE SU PARADERO ESCRITA EN TINTA ROJA DE CARMÍN: "ISLA DIAMANTE".

EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS



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CASSANDRA KOWALSKA, LA NUEVA VOCALISTA DE LA BANDA TUROLENSE SIRENAS IN LOVE, ACUDE AL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS PARA OFRECER UN CONCIERTO EN DIRECTO.

ALLÍ SE TOPARÁ CON LA PELIGROSA BANDA DE FORAJIDOS DE BARRABÁS, QUE ACABA DE ESCAPAR DEL PENAL.


EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS

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"SOL TENEBROSO"

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"SOL TENEBROSO" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

ARTURO SUCHIL RECIBE UNA CARTA DE SU ESPOSA PAOLA DESPUÉS DE 20 AÑOS, PERO PAOLA FUE ENTERRADA EN UNA CRIPTA DE LA ISLA DE TABARCA CUANDO MURIÓ AHOGADA AL SALIRSE SU COCHE DE LA CARRETERA Y SUMERGIRSE EN EL MAR.

ARTURO DEBE DESCUBRIR QUÉ SUBYACE TRAS LA REPENTINA "RESURRECCIÓN" DE PAOLA, QUIEN LE CITA EN EL DEPRIMENTE Y AISLADO PUEBLO TUROLENSE DE OJOS NEGROS.

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

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"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

CASSANDRA KOWALSKA ES CITADA EN LA GESTORIA DE AMANCIO GUEVARA, EN PUEBLA DE SANABRIA, PARA LA LECTURA DE LAS ÚLTIMAS VOLUNTADES DE SU ABUELO, QUIEN LE DEJA TODA SU FORTUNA.

VLADIMIR KOWALSKA GUARDABA MUCHOS SECRETOS Y SU ACÉRRIMO ENEMIGO, AMANDO SALCEDO, NO PUEDE PERMITIR QUE SALGAN A LA LUZ. ENVIARÁ A SUS SICARIOS TRAS LAS HUELLAS DE CASSANDRA PARA RECUPERAR ALGO QUE SU PADRE LE ROBÓ ANTES DE SIMULAR SU PROPIA MUERTE Y LA DE SU MUJER.

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS

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ARINSAL FUE BRUTALMENTE APALEADA Y VIOLADA POR UNOS HOMBRES 5 AÑOS ATRÁS EN UN SUBURBIO DE JORDANIA. LA DIERON POR MUERTA, PERO SOBREVIVIÓ, Y AHORA HA REGRESADO PARA COMENZAR UNA CRUZADA PERSONAL VINDICATIVA CONTRA TODOS ELLOS. NADIE ESTÁ A SALVO, NI SIQUIERA CARMELO DE LA PRIDA, UN HOMBRE ABYECTO Y PODEROSO QUE SE REFUGIA DEL MUNDO EN EL INEXPUGNABLE CASTILLO DE ARCALÍS.

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

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AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

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CUANDO ÁLEX MERCURY OBSERVA EL EXTERIOR A TRAVÉS DE LA VENTANILLA DEL TREN, VISLUMBRA ATÓNITO EL ESPERPÉNTICO, SINIESTRO Y DESOLADOR PAISAJE DE "JYS; LA ESTACIÓN DEL TIEMPO".

TRACI NO ESTÁ A SU LADO; HA DESAPARECIDO, AL IGUAL QUE EL RESTO. EL TREN ESTÁ VACÍO. NO HAY NADIE, SÓLO SILENCIO Y UNA LUZ CENICIENTA QUE LO ENVUELVE TODO EN UN SUDARIO GRIS OSCURO.

ALGO INEXPLICABLE SUCEDIÓ CUANDO LOS HACES DE LUZ ENGULLERON AL TREN, CUANDO CRUZÓ AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD.

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

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EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL PUEBLO BURGALENSE DE CORTIGUERA PARECÍA ABANDONADO, DEVORADO POR LA VEGETACIÓN SALVAJE, TAN HERMOSO Y ESPECTRAL A LA VEZ, CON AQUELLAS MANSIONES BLASONADAS DONDE YA NO VIVÍA NADIE. LAS BARRERAS A LA ENTRADA DEL PUEBLO, CON AQUELLA PROHIBICIÓN EXPLÍCITA DE ACCESO A LOS NIÑOS, RESULTABAN INQUIETANTES; TANTO COMO EL ALBINO DE OJOS AZULES, TANTO COMO EL EXIGUO REDUCTO DE HURAÑOS LUGAREÑOS QUE PROTEGÍAN CON DESPROPORCIONADO CELO EL BOSCOSO SENDERO QUE CONDUCÍA AL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS.

SELENE MOON

SELENE MOON

"SELENE MOON"

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)


CUANDO EL DETECTIVE ORLANDO TÜNNERMANN ACUDE AL TEATRO "LA CUARTA PARED" PARA ASISTIR A LOS ENSAYOS DE LA OBRA "LA NOVIA DE LA MUERTE", LE ANUNCIAN QUE LA BAILARINA PRINCIPAL, SELENE MOON, HA DEJADO LA COMPAÑÍA TEATRAL PRECIPITADAMENTE, SIN PREVIO AVISO, ENVUELTA EN UN HALO DE MISTERIO Y URGENCIA.

EN SU CAMERINO, ORLANDO ENCUENTRA UNA PEQUEÑA CUARTILLA CON UN SUCINTO MENSAJE ESCRITO: "NO DEJES DE BUSCARME, DETECTIVE"

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES HA VUELTO A REUNIRSE. SIN EMBARGO, EL MUNDO AL QUE RETORNAN HA CAMBIADO DRÁSTICAMENTE. CORRE EL AÑO 2133. LA POBLACIÓN MUNDIAL HA QUEDADO DIEZMADA A CAUSA DE LA REBELIÓN DE LOS ROBOTS Y DE UNA CORPORACIÓN TAN CLANDESTINA COMO PODEROSA CAPAZ DE CONTROLAR LA VOLUNTAD Y EL DESTINO DE LOS SERES HUMANOS POR MEDIO DE UNOS CHIPS ELECTRÓNICOS QUE LES HAN SIDO IMPLANTADOS.

jueves, 6 de octubre de 2016

LA HIJA DE UN DIOS PROTERVO -RELATOS CORTOS-


 

El viento inmisericorde se había llevado sobre sus alas etéreas el rastro de la pequeña Yadira, acaso a lomos de un dios protervo en pos de una vida robada y apócrifa.

Gladys imaginaba su faz; la de una mujer ya adulta, de rubísimos cabellos largos y ojos azules de tigresa indómita. Se preguntaba, mientras se abría paso a través del ingente caudal humano de la populosa y vivaz calle del Marqués de Larios, si habría sacado los genes de rudeza de Eusebio o los modales refinados de ella.

¿Sería avezada con los cálculos numéricos y la abstracción que tanto absorbían a su esposo, o habría heredado la sensibilidad romántica que impregnaba cada una de las poesías que ella le escribía a la Luna y las estrellas?

La imaginaba felizmente casada, rodeada de niños, viviendo en una casa grande junto a su fiel y galante esposo, probablemente un ingeniero… o un abogado.

Las pesquisas en Teruel habían naufragado estrepitosamente en un océano de sueños rotos. Lo mismo había acaecido después en Sevilla y en Santander.

Mujeres desterradas que buscaban a sus madres verdaderas corrían a abrazar a una “impostora” que buscaba a su hija robada. El desespero y la pasión con que se aferraban a la quimera del reencuentro ponía rostro materno a la primera candidata que preguntaba…

Desceñirse de ese vínculo falaz era pura agonía; suponía acatar los malvados preceptos de un nuevo fracaso, una ruta sesgada que desembocaba en una vía muerta, una decepción…

El detective Carbajosa le había telefoneado esa misma mañana para abrir una nueva puerta a un abismo de negrura insondable.

Gladys no tenía ya fuerzas para asumir otro derrape mortal en el corazón. En sus manos sostenía un nombre mágico y una dirección: Ylenia Galdós. C/Fuencisla 26. Agudelo, 36190, Pontevedra.

Se sentó en un banco a la sombra de un portentoso ficus en la arbolada avenida de la Alameda Principal.

Meditabunda, se plegó sobre sí misma en una pugna desigual: ¿Ceder a la derrota demoledora y extinguir la famélica llama de la esperanza, como ya había hecho Eusebio, o destapar el nuevo naipe de una baraja gallega?

Habían pasado más de cinco años desde que comenzara su cruzada personal atando pesquisas en el hospital de la Paz de Madrid.

Cabos sueltos, callejones cortados, indicios espurios, testimonios hueros, asomos esperanzadores que se ahogaban en su propia opacidad… saltos al vacío del cosmos. Yadira… (“¿Dónde estás?”)

Gladys se incorporó y tomó la calle de Córdoba para torcer inmediatamente a mano derecha y enfilar la calle Vendeja, donde vivía su hermana Amparo, en la segunda planta del número 3.

Llamó al telefonillo, pero no contestaba nadie. Alfonso, su cuñado, debía haber salido y su hermana estaría ya de vuelta a casa. Trabajaba en una peluquería en la calle Sagasta, junto al Mercado Central.

Esperaría. No tardaría en llegar. Al otro lado de la calle vio una modesta cafetería llamada “El reino de Nerea”. Entró y pidió un café con leche. Era un lugar acogedor, todo barnizado en madera, con un cierto aire a refugio canadiense…

Le sirvió inmediatamente una mujer bellísima de larga cabellera ondulada y rubia y ojos azules como el cielo despejado.

Sus rasgos faciales eran un poco severos, mirada de acero y sonrisa forzada. Era muy alta y aparentaba poco más de 35 años.

Se alejó hacia la cocina y regresó poco después con un ejemplar en las manos de “La esfinge maragata”, de Concha Espina, la insigne poetisa santanderina que obtuviera el Premio Nacional de Literatura en 1927.

Leía ensimismada, jugueteando con sus bucles dorados bien cuidados, sin apartar la mirada de las excelsas líneas.

Gladys se quedó petrificada. La tabernera no sólo se le parecía como si fueran dos gotas de agua. Cuando ella acababa atrapada en la jungla de párrafos de Galdós, Azorín, Valle-Inclán, también ejecutaba cabriolas con los bucles de su melena rubia.

Dejó el libro y lo colocó con suavidad boca abajo, con las páginas abiertas, con el fin de retomar la lectura tan pronto como atendiera a un nuevo cliente que acababa de entrar y había pedido un pincho de tortilla y una caña.

Ella hacía lo mismo cuando interrumpía su lectura una inoportuna llamada de teléfono. La obra literaria quedaba temporalmente relegada, en posición decúbito prono, rozando los renglones la felpa mollar del sofá, hasta que regresaba el embeleso de la historia narrada cuando se difuminaba el recuerdo del comunicante intempestivo.

Gladys reparó entonces en unas anotaciones escritas a mano en una pequeña libreta. Era una de esas que se utilizaban habitualmente en los bares y restaurantes para tomar nota de los pedidos. No pudo evitar reparar en el óvalo supremo de la letra “p”. Un óvalo engolado, henchido y triunfante, cerrado y grueso…

La línea de la “t” era una lanza perfecta y regular, firme y recta, armoniosa y decorativa. Las jambas de la “g”, turgentes, como vientres preñados que se recogían sobre el cuerpo principal. Era un remedo fidedigno de su propia caligrafía…

Le recorrió un extraño escalofrío. Gladys decidió abordarla.

-El café es excelente. ¿Cuánto le debo?

-Me alegro que le haya gustado. 1,10, por favor.

La tabernera cogió el dinero y se la quedó mirando con más detenimiento y prolongación de lo estimado por los cánones básicos de la cortesía y la prudencia.

También ella se había percatado del asombroso parecido físico, caviló Gladys…

-“La esfinge Maragata”. Buena elección.

La obra mencionada seguía con el vientre “sumergido” y las páginas abiertas a la lectura.

-¡Ah, sí! Me encanta la poesía.

Se le iluminó el rostro con una irradiación de halo solar y alborada primigenia.

-A mí también –Idéntica luminosidad encendió el semblante de Gladys-

-¿Está de paso, visitando Málaga?

-Sí, mi hermana vive justo enfrente. Pero me marcho enseguida a Pontevedra –Soltó de sopetón, como si sintiera la necesidad de sincerarse con aquella desconocida-

-¡Qué prisas mujer! Con lo bonita que es nuestra ciudad… ¡Quédese unos días! Le gustará Málaga, ya lo verá…

Era el tono persuasivo y pertinaz que ella misma empleaba con Eusebio cuando ella quería salir a cenar y él insistía en quedarse en casa, como dos momias amuermadas.

Los escalofríos retornaron a modo de tormenta glacial.

-No puedo… es una ciudad hermosa, pero no puedo…

Parecía una niña inventando excusas que ni ella misma creía.

-El trabajo, ¿no? Somos esclavos del trabajo, no tenemos vida…

Otra de sus frases predilectas, manaba de los labios de una tabernera malacitana.

-No, no… voy a buscar nuevas pistas sobre mi hija robada. He recorrido ya cientos de kilómetros, pero no pararé hasta dar con ella.

Se le saltaron las lágrimas. La tabernera corrió a buscar un pañuelo y regresó enseguida, sinceramente afectada. En un acto instintivo le secó las lágrimas y le cogió las manos.

Gladys hacía siempre eso cuando veía el sufrimiento expresado en los rostros de sus allegados. La tormenta de hielo se generalizó por todo su cuerpo.

-Lo siento muchísimo. Espero que la encuentre, de verdad. Yo soy hija adoptada y siempre he querido saber quienes fueron mis padres y por qué tuvieron que deshacerse de mí.

Era la tabernera quien palidecía ahora. Gladys no se atrevía a preguntar, pero sus emociones habían estallado, generando una cascada que portaba un caudal de interrogantes.

-¿Recuerdas en qué hospital naciste? –Gladys temblaba. Tenía una cita ineludible en Agudelo, pero algo inexplicable la retenía amarrada a una cafetería de Málaga. Reparó en que acababa de tutearla, como si la sucinta conversación le diera derecho pleno a reducir distancias entre ambas.

-Claro –Repuso la tabernera con un deje de ofensa- Nací el 17 de Diciembre de 1972 en el Hospital de la Paz de Madrid

La tabernera se apercibió del repentino trastorno que azoraba a la mujer.

-¿Qué le ocurre? ¿Se encuentra usted bien?

-Estoy bien, no pasa nada… -Estaba llorando- A mi hija Yadira me la robaron en ese mismo hospital un 17 de Diciembre de 1972.


-¡Dios mío! –Fue lo único que acertó a decir la tabernera. Se llevó las manos a la boca, estupefacta. Gladys temblaba… imaginando que su viaje a Pontevedra quedaba abortado y que regresaba a Madrid junto a una hija robada, hallada en una cafetería malagueña frente a la casa donde vivía su hermana Amparo desde hacía más de 10 años…

miércoles, 5 de octubre de 2016

LA CAUTIVA DE LAS SOMBRAS



A mi alrededor se deslizan las sombras, poseedoras de voces arrulladoras y manos aterciopeladas que me acarician y abrazan cuando la insoportable opresión de mi mundo en tinieblas me engulle hasta lo más hondo de mi ser.

A veces percibo tenues brillos, que imagino vívidos y fulgentes. Pero son tan efímeros y taimados que, cuando pretendo admirarlos, ya se han marchado por algún resquicio de mi incipiente emoción.

Nací con los ojos velados y una orden de alejamiento de todas las cosas hermosas que jamás podré observar.

Están cerca, y sin embargo, tan lejos. Mis manos buscan su contorno e idealizo su belleza sin parangón, mientras mis ojos invidentes simulan embeleso, allá donde solo hay negrura y centellas siderales que cruzan mi exiguo campo de visión.

Anoche tuve un encuentro fortuito con una anciana pitonisa que, al posar sus manos centenarias sobre mis ojos prisioneros, reveló mi nombre: Darinka. Su voz, desgastada y áspera, me anunció que acabaría la hegemonía de las sombras cuando el invierno feneciera para gestar los primeros brotes primaverales.

Mis ojos se transformaron en caudalosos torrentes de lágrimas saladas cuando, por un segundo, se abrieron los ventanales de mi ostracismo crepuscular y pude columbrar una fugaz pincelada colorista del arco iris de la vida.

Acaso fuera un sueño, pero mis manos temblorosas le han arrebatado al almanaque los días y las noches de este invierno eterno, para que vuelen sin retorno hacia los primeros brotes de la primavera.



ELEMENTOS DISCORDANTES -RELATOS CORTOS.-



El cadáver de Marcia Schwarzenraben apareció, como los tres anteriores, desnudo y atado de pies y manos en un solar decrépito entre las calles Wiener y Glogauer. El asesino había repetido gran parte del ritual pergeñado en las ocasiones primigenias:

El cuerpo embalado como mercancía defectuosa en plástico transparente, dispuesto sobre una enorme rueda de carromato.

Las manos y los pies, amarrados a los listones de madera. La piel, magullada, recubierta de una densa película de cera y brillantina, se asemejaba a la de una muñeca embadurnada de fantasía para atraer la atención del consumidor de “juguetes de adultos”.

En la pavorosa escena del crimen se hallaron también un paquete de tabaco Marlboro, unas tijeras pequeñas de diseño toledano y un pequeño jarrón blanco con un pintoresco pájaro caribeño de colores irisados dibujado.

-Cada vez se pone esto más interesante. ¿Cuál será el propósito del asesino? ¿Por qué nos deja todos estos elementos discordantes en la escena del crimen? ¿Cuál es su teoría, Fritz?

El experimentado y cascarrabias comisario contempló ceñudo al subordinado más gaznápiro que le habían asignado en sus más de 30 años al frente del cuerpo de policía de Berlín.

No le gustaba Hammett: era patoso, charlatán, indisciplinado, poco profesional; un chiquillo estólido jugando con armas de fuego. Le ponía nervioso con su cháchara absurda, tomando apuntes en su precaria libreta infantil de cartón con dibujos de cometas amarillas soltadas al viento.

-Mi teoría es la siguiente –Se puso didáctico el inspector Fritz-. A nuestro asesino, hombre… mujer… aún no lo sabemos, suponemos que se trata de un hombre, no tiene por qué ser fuerte, no necesariamente, le excita tanto matar como preparar los detalles de la puesta en escena con escrupulosa meticulosidad.

Es un maniático de los detalles, obsesivo, perfeccionista. No le basta con matar, quiere personalizar cada escena, mostrársela al mundo como si fuera una obra de arte. Básicamente, se trata pues de un exhibicionista que disfruta creando y mostrando su arte.

Hammett parecía complacido, entusiasmado.

-Arte abstracto, diría yo. ¡No! Mejor aún… ¡Arte macabro! –Rectificó con la lengua fuera, como un corredor de fondo exhausto. Hammett tachó la palabra “abstracto” y la sustituyó por “macabro” en su libreta preñada de manchurrones y correcciones. Escribía con tal afán que parecían sus garabatos los prolegómenos de un “best-seller”.

-Disfrutas con esto, ¿eh? –Le amonestó Fritz-. ¡Por todos los santos, Hammett! ¡Guarda un poco de compostura y respeto ante la difunta!

-La respeto profundamente –Repuso ofendido el desgarbado patán-

Fritz no escuchó su respuesta. No le interesaba lo más mínimo nada de lo que pudiera aportar ese gandul perdulario. Arrojó al suelo un pitillo que estaba fumando y arrastró su figura menuda hasta la escena del crimen, donde Bettina Kreuzberg, la atractiva médico forense, departía con unos agentes bastante más respetables que el inepto Hammett.

Ella le sonrió nada más verle con la intensidad propia del deseo carnal, el afecto sincero y la confianza que deviene de compartir intimidades.

Fritz se sentía desarmado cuando una mujer de su belleza y empaque reparaba en un individuo tan anodino y solitario como él. No eran pocas las veces que tenía que oír comentarios procaces o arrabaleros sobre la poderosa curvatura de sus generosos escotes, sus labios gruesos, húmedos y encarnados, o sus piernas recias y de piel tersa y alba, interminables…

Bettina  avivó adrede las envidias ajenas cuando se le acercó impulsivamente y le besó en los labios mientras posaba sus manos perfectas y blancas en el torso blando de él.

Le susurró algo al oído de un modo premeditadamente sensual.

Fritz se arreboló pero mantuvo el tipo, aunque interiormente ardiera en deseos de arrancarle toda la ropa y tomarla allí mismo, delante de toda la jefatura de policía, incluso delante del ocioso Hammett, desparramarlo todo, incluido el tanga, que sería como de costumbre minúsculo, y el sostén, grande, semi-transparente.

La desnudaría delante de todos y allí mismo la poseería… todo se volvía locura y pasión cuando ella se le acercaba…

Se contuvo, por supuesto, aunque podía imaginar la aquiescencia de Bettina, accediendo de buen grado por un momento inolvidable de morbo y fantasía. Su apetito sexual era insaciable, como rocambolescas eran sus fantasías. Para un hombre de su edad, acababa de cumplir 63, mantener relaciones íntimas con una jovencita de apenas 33, liberal, disoluta, era un estímulo rejuvenecedor, un bálsamo de eternidad.

En los albores del amor incipiente todo su esquema clásico amatorio se vio sacudido por un tornado renovador y vanguardista llamado Bettina.

La portentosa ninfa sicalíptica era una llama incombustible que conocía los arcanos mecanismos de su organismo dormido, de tal manera que se convirtiera en volcán y lluvia torrencial de lava.

Fritz montó en su viejo Ford Orión descapotable y regresó a casa, en la calle Zossener, frente a la pequeña tienda de discos Scratch Records.

Conducía relajado, pensando en el variado repertorio de juegos de alcoba que había “practicado” con Bettina en los últimos meses. Pero entonces se introdujo en su mente el cenutrio de Hammett, con su faz pueblerina y amuermada y sus extraños ojos verdes de mirada afeminada. Tenía una voz casi tan delicada como su amada, y sus gustos estéticos no se podía decir que fueran demasiado varoniles…

A decir verdad, ahora que lo pensaba, jamás le había visto en compañía de mujer alguna, ni tampoco de ningún hombre…

Todo eso era polvo de estrellas, guijarros de una vajilla rota, volutas de humo… no tenía importancia. ¿Qué diantres hacía él pensando en frivolidades? Había un cadáver sobre el “tapete”, otro más…

No tenían la menor pista todavía de quien podía estar detrás del grotesco “carnaval ritual”

Recitó de memoria los elementos discordantes encontrados en la escena de los primeros crímenes: Un teléfono de góndola de los años 50, una peineta cordobesa y un ramo de violetas junto al cadáver de la profesora de alemán Amanda Scheunenviertel.

En un solar que quedaba detrás del restaurante Mao-Thai, en la calle Wörther, Katja Pasternak aparecía embalada en plástico, atada de pies y manos, desnuda, embadurnada de cera y brillantina, junto a un altar con tres barajas de tarot, un bote de pintura amarilla y una postal de Benidorm.

Un artista abstracto, pensó Fritz, un artista macabro…

Comenzaba ya a hablar como el lenguaraz Hammett…

Hammett contempló en el espejo del baño su cuerpo raquítico y de piel blanca. Tenía más de 30 años, pero aparentaba poco más de 18, tan delgado y bajito, lampiño como un bebé.

Entre sus manos sostenía un frasco de perfume de mujer de Carolina Herrera. Roció la esencia sobre su cuerpo desnudo, se atusó el cabello corto y rubio y se dirigió al salón.

El comisario Fritz había reconocido que los asesinatos debían ser obra de un artista, un exhibicionista, perfeccionista y obsesionado con los detalles. Era una buena descripción; Hammett se sentía de buen humor… ¡Qué generosa descripción le había hecho Fritz!

Comenzó a vestirse, despacio, sonriendo a la nada… tenía trabajo por delante. Recogió del suelo una mochila verde, donde había guardado una pequeña estatuilla del signo de libra, una novela de Ken Follet y una fotografía tomada diez años atrás en la recoleta isla mediterránea de Tabarca.

Se preguntó si el comisario Fritz sería capaz de reconocerle entre la marabunta de gente sentada en la terraza estival del restaurante Gloria. Una vez vestido, silbando un tema de Frank Sinatra, salió consultando su reloj. Tenía tiempo de sobra: Mariah Stahlen salía de trabajar a las 22:00… quedaba todavía más de tres cuartos de hora.

Se preguntó, mientras tarareaba el estribillo de “New York, New York”, cuán hermosa quedaría su obra artística junto al cadáver de la pechugona camarera de origen polaco que se había negado a sonreírle unos días atrás cuando él le hiciera un cumplido de lo más caballeroso… eso no estuvo bien…

Pensó que acaso, la siguiente protagonista de su extensa obra debiera ser la exuberante forense por la que todos los hombres parecían perder la cabeza…

Pensó Hammett si el comisario Fritz alabaría el resultado final, pues sabía lo que sentía por aquella mujer. Con ella, obviamente, tendría que esforzarse… de hecho, lo pensó mejor, Bettina Kreuzberg debía ser su gran obra maestra, la que le haría famoso en todo el mundo; la obra mayúscula que le haría brillar con luz propia en la posteridad.



EL SONIDO DE LA PUERTA -RELATOS CORTOS-



 EL SONIDO DE LA PUERTA -THE SOUND OF THE DOOR-


Vive pendiente del sonido de una puerta. Pegada a la jamba como un limaco fosilizado, pasa la vida, con su recolección de hieles y dichas temporales, encaramada tras un zaguán de espionaje. Recolecta en su memoria los crujidos, gañidos y chirridos misteriosos de la madera ajada para contabilizarlos y guardarlos en una urna de reproches y animosidad.

Amargada y acerba, su rostro cetrino y cenceño se afea y consume por la ausencia de alegrías y risas, mientras pergeña maldades e insidias contra su vecino contiguo, que refulge feliz como un trono de constelaciones.

Amalia se anubla y obceca en el empeño de sus recalcitrantes obstinaciones, se olvida de vivir, pendiente del sonido de una puerta que se abre y se cierra. Deja su vida aparcada para convertirse en polizón de lo ajeno. Su marido la anhela y espera, cobijado en la remembranza de épocas pretéritas preñadas de arrumacos y atenciones. Arrumbado en un rincón señero y umbrío como un arpa desafinada, observa a su esposa, trasunto de centinela y vigía de los avatares de su vecino, que canta, ríe, sueña y renace cada día, mientras su esposa fenece en una tumba de amargor y descontento. El sonido de una puerta es cuanto precisa para emprender una cruzada demente de acoso y asechanzas. Inventa, falsea, fantasea y tergiversa sobre la vida de su vecino, mientras la suya queda depositada como un detrito prehistórico en el lecho subterráneo del arcón de las horas malgastadas.


EL RUGIDO DE LA TORMENTA






Hay noches en las que, cuando cierro los ojos, ya no escucho el rugido de la tormenta. Acaso se esté alejando, pero en las tinieblas de mi alcoba nunca refulge el sol. Arrecian los recuerdos y entonces, la tormenta parece rayana, el tiempo retrocede y mi carne mollar se convierte otra vez en objeto de deseo del verdugo que hizo mi vida trizas y soterró mi alma bajo toneladas de degradación y sumisa minusvalía.

La voz de mi carcelero la recuerdo como un látigo de espinas, y sus manos sobre mi piel desnuda, demonios de vejación y sadismo que coloreaban mi dermis con cárdenas magulladuras y huellas de su febril locura.

Voces amigas me dicen que el peligro ya no existe, que es imaginario, por mucho que su carácter pulsátil y atormentador se esconda todavía bajo las sábanas ultrajadas de mi cama.

Las manos de un nuevo amor acarician con ternura, y su voz arrulladora sosiega mi alma zaherida, pero aún hay noches en las que, cuando cierro los ojos, penetra la tormenta en mi jaula de ruinas y el llanto se alía con la cellisca para arrebatarme la felicidad pasajera que a veces, imagino producto de mi fantasía.

Le temo en su ausencia tanto como en su presencia, pues en la obediencia sobreviví gracias a su indulgencia. En su ausencia soy carcasa descarnada y vacía, me acostumbré a las acciones depredadores de su anulación y la felicidad a la que aspiro, es tan efímera y caprichosa que, cuando trato de retenerla a mi lado se difumina ahuyentada por el rugido de la tormenta.