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BIBLIOGRAFÍA DE VÍCTOR VIRGÓS

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"LA CASA DE LAS 1000 PUERTAS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES-

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS". A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"ISLA DIAMANTE" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"SOL TENEBROSO" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES -.

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS" -A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD" (YA A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)
"EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES" (EN PROCESO DE GESTACIÓN"

ORLANDO TÜNNERMANN

ORLANDO TÜNNERMANN
ORLANDO TÜNNERMANN

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD
AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" VÍCTOR VIRGÓS

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" VÍCTOR VIRGÓS

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS"

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

"LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". VÍCTOR VIRGÓS.

BÁRBARA Y MIRANDA SON TESTIGOS DE UNA REUNIÓN CLANDESTINA DE UNA PELIGROSA BANDA DE FACINEROSOS.

SU INTROMISIÓN ACABARÁ POR ARRASTRARLAS HASTA UN DESCONOCIDO, INHÓSPITO Y DESHABITADO PUEBLO TUROLENSE, DONDE MANFRED BÖHER LLEVA A CABO UN DEMENCIAL PROGRAMA TERAPÉUTICO QUE EL LUNÁTICO MESÍAS HA DADO EN LLAMAR "LA PUERTA DE LOS SUEÑOS". SUS VIDAS CORREN PELIGRO EN MANOS DEL ESPURIO SANADOR Y SU CUADRILLA DE ENAJENADOS PROSÉLITOS.

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"ISLA DIAMANTE" A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

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ISLA DIAMANTE "VÍCTOR VIRGÓS"

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LA MODELO DANESA SISSEL MADSEN ES SECUESTRADA Y DESAPARECE JUNTO A UN HOMBRE DE ENIGMÁTICA CATADURA POR ENCARGO DE UN NEFARIO EMIR.

UN TESTIGO FORTUITO RECOGERÁ UN PERIÓDICO QUE LA MODELO ARROJA AL SUELO, CON UNA ÚNICA PISTA DE SU PARADERO ESCRITA EN TINTA ROJA DE CARMÍN: "ISLA DIAMANTE".

EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS



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CASSANDRA KOWALSKA, LA NUEVA VOCALISTA DE LA BANDA TUROLENSE SIRENAS IN LOVE, ACUDE AL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS PARA OFRECER UN CONCIERTO EN DIRECTO.

ALLÍ SE TOPARÁ CON LA PELIGROSA BANDA DE FORAJIDOS DE BARRABÁS, QUE ACABA DE ESCAPAR DEL PENAL.


EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS

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"SOL TENEBROSO"

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"SOL TENEBROSO" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

ARTURO SUCHIL RECIBE UNA CARTA DE SU ESPOSA PAOLA DESPUÉS DE 20 AÑOS, PERO PAOLA FUE ENTERRADA EN UNA CRIPTA DE LA ISLA DE TABARCA CUANDO MURIÓ AHOGADA AL SALIRSE SU COCHE DE LA CARRETERA Y SUMERGIRSE EN EL MAR.

ARTURO DEBE DESCUBRIR QUÉ SUBYACE TRAS LA REPENTINA "RESURRECCIÓN" DE PAOLA, QUIEN LE CITA EN EL DEPRIMENTE Y AISLADO PUEBLO TUROLENSE DE OJOS NEGROS.

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA"

"EL LABERINTO DEL SOL Y LA LUNA" (A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES)

CASSANDRA KOWALSKA ES CITADA EN LA GESTORIA DE AMANCIO GUEVARA, EN PUEBLA DE SANABRIA, PARA LA LECTURA DE LAS ÚLTIMAS VOLUNTADES DE SU ABUELO, QUIEN LE DEJA TODA SU FORTUNA.

VLADIMIR KOWALSKA GUARDABA MUCHOS SECRETOS Y SU ACÉRRIMO ENEMIGO, AMANDO SALCEDO, NO PUEDE PERMITIR QUE SALGAN A LA LUZ. ENVIARÁ A SUS SICARIOS TRAS LAS HUELLAS DE CASSANDRA PARA RECUPERAR ALGO QUE SU PADRE LE ROBÓ ANTES DE SIMULAR SU PROPIA MUERTE Y LA DE SU MUJER.

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS

LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS
LA MANSIÓN DE LOS AMORES MALHADADOS. A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES

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ARINSAL FUE BRUTALMENTE APALEADA Y VIOLADA POR UNOS HOMBRES 5 AÑOS ATRÁS EN UN SUBURBIO DE JORDANIA. LA DIERON POR MUERTA, PERO SOBREVIVIÓ, Y AHORA HA REGRESADO PARA COMENZAR UNA CRUZADA PERSONAL VINDICATIVA CONTRA TODOS ELLOS. NADIE ESTÁ A SALVO, NI SIQUIERA CARMELO DE LA PRIDA, UN HOMBRE ABYECTO Y PODEROSO QUE SE REFUGIA DEL MUNDO EN EL INEXPUGNABLE CASTILLO DE ARCALÍS.

AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

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AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

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CUANDO ÁLEX MERCURY OBSERVA EL EXTERIOR A TRAVÉS DE LA VENTANILLA DEL TREN, VISLUMBRA ATÓNITO EL ESPERPÉNTICO, SINIESTRO Y DESOLADOR PAISAJE DE "JYS; LA ESTACIÓN DEL TIEMPO".

TRACI NO ESTÁ A SU LADO; HA DESAPARECIDO, AL IGUAL QUE EL RESTO. EL TREN ESTÁ VACÍO. NO HAY NADIE, SÓLO SILENCIO Y UNA LUZ CENICIENTA QUE LO ENVUELVE TODO EN UN SUDARIO GRIS OSCURO.

ALGO INEXPLICABLE SUCEDIÓ CUANDO LOS HACES DE LUZ ENGULLERON AL TREN, CUANDO CRUZÓ AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD.

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD"

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"EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS" EN PROCESO DE GESTACIÓN

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EL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL PUEBLO BURGALENSE DE CORTIGUERA PARECÍA ABANDONADO, DEVORADO POR LA VEGETACIÓN SALVAJE, TAN HERMOSO Y ESPECTRAL A LA VEZ, CON AQUELLAS MANSIONES BLASONADAS DONDE YA NO VIVÍA NADIE. LAS BARRERAS A LA ENTRADA DEL PUEBLO, CON AQUELLA PROHIBICIÓN EXPLÍCITA DE ACCESO A LOS NIÑOS, RESULTABAN INQUIETANTES; TANTO COMO EL ALBINO DE OJOS AZULES, TANTO COMO EL EXIGUO REDUCTO DE HURAÑOS LUGAREÑOS QUE PROTEGÍAN CON DESPROPORCIONADO CELO EL BOSCOSO SENDERO QUE CONDUCÍA AL SANTUARIO DE LAS ROSAS NEGRAS.

SELENE MOON

SELENE MOON

"SELENE MOON"

"SELENE MOON" (EN PROCESO DE GESTACIÓN)


CUANDO EL DETECTIVE ORLANDO TÜNNERMANN ACUDE AL TEATRO "LA CUARTA PARED" PARA ASISTIR A LOS ENSAYOS DE LA OBRA "LA NOVIA DE LA MUERTE", LE ANUNCIAN QUE LA BAILARINA PRINCIPAL, SELENE MOON, HA DEJADO LA COMPAÑÍA TEATRAL PRECIPITADAMENTE, SIN PREVIO AVISO, ENVUELTA EN UN HALO DE MISTERIO Y URGENCIA.

EN SU CAMERINO, ORLANDO ENCUENTRA UNA PEQUEÑA CUARTILLA CON UN SUCINTO MENSAJE ESCRITO: "NO DEJES DE BUSCARME, DETECTIVE"

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES (EN PROCESO DE GESTACIÓN)

EL CLUB DE LOS MUERTOS VIVIENTES HA VUELTO A REUNIRSE. SIN EMBARGO, EL MUNDO AL QUE RETORNAN HA CAMBIADO DRÁSTICAMENTE. CORRE EL AÑO 2133. LA POBLACIÓN MUNDIAL HA QUEDADO DIEZMADA A CAUSA DE LA REBELIÓN DE LOS ROBOTS Y DE UNA CORPORACIÓN TAN CLANDESTINA COMO PODEROSA CAPAZ DE CONTROLAR LA VOLUNTAD Y EL DESTINO DE LOS SERES HUMANOS POR MEDIO DE UNOS CHIPS ELECTRÓNICOS QUE LES HAN SIDO IMPLANTADOS.

jueves, 9 de febrero de 2017

EL LUDÓPATA ("COMPULSIVE GAMBLER")








Todo envanecido y optimista, Gabriel y sus "presuntos" amigos, aves carroñeras que le seguirán como beatos feligreses mientras tenga parné en los bolsillos, se dirigen un día más al epicentro de la ruina de sus vidas. El casino ya está abierto: luces de neón que titilan, camareras neumáticas, mujeres despampanantes que sólo se ven en las revistas de alto voltaje emocional, mesas de juego, olor a tabaco, máquinas que exhalan colores mientras quedas hipnotizado por la música electrónica del tintineo de un puñado de monedas, bullicio y confusión, sonidos electrónicos que conforman un lenguaje abstruso que conminan a dilapidar, derrochar sin límites.

Dice Gabriel que esta vez es la última; se acabó, hoy es el último día en que su vida descarrila por la cuneta del vicio y la obsesión pecuniaria. Está atrapado, como las águilas, halcones, buitres y cóndores tras las rejas de una cárcel de hierro en un parque zoológico.

Ayer ganó 100 euros pero la semana anterior perdió esa misma cifra multiplicada por 10. Lo aduce a la mala suerte, por eso insiste pertinaz, por eso sus dados no cesan de botar sobre la mesa de juego. Corren, saltan, chocan entre sí, mostrando doses, cuatros y treses que se retuercen, mientras el sino decide si parirá cincos, sietes, unos o nueves... La ruleta es caprichosa y se burla la pelota saltarina, aterrizando sus alas livianas en el número 12, cuando lo apostó todo al 23. Opta por el rojo, sale negro. Las cartas reportan breves alegrías y su pequeña fortuna, por momentos de puro espejismo, parece emular a la de un emir. Pero Gabriel quiere un palacio en las nubes y otro en las estrellas. La suerte cambia y su montaña de monedas colapsa estrepitosa para arrojarse a los brazos fornidos de La Banca. Hoy ha perdido todo lo que llevaba encima. Sus bolsillos están vacíos y la caterva de aves carroñeras que revoloteaba en derredor le ha dejado solo; han partido sin demora en pos de otro ignaro, otro iluso a quien desplumar y de paso, vivir la buena vida a costa de sus miserias.

LA CIUDAD DEL SUEÑO (DREAM CITY)




Luces de neón, elongados tentáculos policromados, ascienden hacia un cielo plúmbeo como si quisieran peinarle las canas. Es la primera ciudad que avista Abraham en los últimos dieciséis días. Como en las anteriores ocasiones, tras la estela infinita del desierto, surge una aparición, un espejismo con forma de edificios monumentales. Desde las atalayas de las azoteas aristocráticas le observan hieráticos rostros de héroes mitológicos y nobles caballeros de abolengo. Las calles están vacías, alfombradas de hojas de arce secas, follaje y hierbajos silvestres. Vehículos destartalados, detenidos para siempre en medio de una autopista que, según reza un cartel enorme que ha colapsado sobre el
asfalto gris, se dirige hacia Jerusalén. Abraham se siente fatigado por momentos, somnoliento, acaso acunado por el murmullo del viento que suena a canción de cuna. La luz matinal es difusa y grisácea, como si la contemplara a través de una tupida malla de telarañas. Un tiovivo no para de girar, más allá un circo ambulante y una carpa que invita a pasar. Abraham tiene hambre y frío y no lo duda. Tiene que haber alguien en alguna parte
del mundo; no puede estar solo, tiene que haber alguien, murmuran sus labios gruesos y resecos.

Hay restos de vida "borrada" por todas partes. Un café humeante y comida fresca, dispuestos sobre una mesa con cabeza de elefante bajo la carpa, junto a la jaula de un tigre que parece dormido. Abraham se acerca medroso y escudriña su entorno, en busca de otros seres humanos que le ayuden a acarrear el fardo insoportable de la soledad universal. El tigre abre los ojos y emite un rugido cadencioso que tiene mucho más de saludo amistoso que de feroz advertencia. Está sólo, quién sabe desde cuándo, atrapado en un mundo vacío, muerto de hambre, de miedo y frío. Música lejana, escaparates con las luces encendidas, maniquíes vestidos de estío que le observan con la esperanza de cobrar vida y acompañarle en su desdichado peregrinaje hacia ninguna parte. Abraham acaricia la testa rayada del felino. Éste se deja mimar, agradecido, convertido ya en su único mejor amigo del mundo. Quisiera preguntarle qué ha sido de la gente que habitaba en esta gran ciudad desnuda. El tigre emite un rugido entrecortado y somnoliento, como si quisiera confesarle que estuvo dormido, que en la ciudad del sueño todo es quietud, silencio y enigmas insondables. Se miran con complicidad. Ambos están solos y asustados, buscan respuestas en el eco del vacío eterno. La carpa, el circo, el tiovivo que no cesa de girar, los vigilantes de piedra en las azoteas, son espectadores de su desconcierto, de su sueño eterno, una pesadilla que no cesa, como el oleaje de un mar enfurecido con la tierra y el mismísimo cielo.

Los recuerdos quieren ahora posarse en la imagen de un niño albino, apoyado contra los muros de una iglesia en Belén. Está escuchando, buscando, rastreando... Tiene que olvidarle, de inmediato. Es nocivo su recuerdo, le aturde y contamina. El tigre le observa como si comprendiera el tormento que le quema el alma. Abraham aún puede sentir en su mente cómo trataban de abrirse paso los lúgubres pensamientos del albino: laberintos oscuros y tortuosos, un planeta humeante y rocoso devastado por la oscuridad y un tímido fulgor creciente, emanando de una especie de núcleo subterráneo en estado de ebullición.



Por un instante cree saber de dónde proviene esa energía ignota, pero la certeza de ello es insoportable y la desdeña de inmediato. El albino no era humano, era otra cosa... era "algo" indescriptible, era un emisario de "lo que se ha llevado a la gente".

Hay una ganzúa formidable junto a la jaula que le sirve para liberar de su cautiverio al depredador rayado. Le lame agradecido cuando al fin puede abandonar la celda. Está delgado, carnes magras y mollares que piden a gritos alimento y ejercicio. Abraham no siente miedo; el tigre no le hará daño. Ahora son amigos y aliados en un mundo vacío. Juntos abandonan la ciudad del sueño eterno, con sus luces de colores pintando el cielo
gris, chatarra con ruedas inerte, música festiva para un público silente y ausente y unos jueces de piedra que observan su partida con la pena cincelada en sus ojos dormidos.

“LA EPÍSTOLA PERDIDA” (LOST LETTER)





Llegó la petición de matrimonio quince años después, cuando Viviana, cansada de esperar a que Armando se decidiera a rasgar las telarañas de sus devaneos y requiebros sin puerto donde amarrar, ya había contraído nupcias con Jesús, un zapatero de Carmona que la pretendía regalándole rosas frescas cada semana y poemas románticos dignos de una epopeya griega. La carta definitiva, la que lacraba con fuego sus palabras grandilocuentes e intenciones probas de convertirse en el esposo fiel y leal que atendería todos sus caprichos, quien colmaría de besos su cuerpo rubicundo y bordaría su piel de arrumacos, caricias y ternura, esa carta quedó adherida a las simas de un buzón malagueño que estaba fuera de servicio. Allí quedó el cadáver de sus núbiles propósitos, amalgamado a la mugre y el óxido herrumbroso, polvo de polillas en descomposición y un silencio de oscuridad sepulcral. Quedó la carta nupcial allí arrumbada, junto a treinta epístolas más que nunca vieron la luz del sol reflejado en los ojos cerúleos de la bella Viviana. Allí, en aquel receptáculo amarillo de carcasa de metal podrido, las depositó una a una un cachazudo y botarate funcionario de prisiones llamado Nicolás un 13 de Septiembre de 1936.


Pensó Armando que al no recibir respuesta, Viviana declinaba así tan hidalgas aspiraciones. Nunca la llamó, no insistió, se convirtió en agridulce remembranza de un amor incipiente que se estrelló en su camino hacia cotas celestiales por culpa de un buzón fuera de servicio. Le escribió aquella carta preñada de sueños desde su Málaga natal, donde cumplía condena por un robo que jamás cometió. Nunca pudo susurrarle a Viviana que, tras las rejas gélidas y recias de acero, en la garganta de un calabozo que hedía a mortandad prematura, lo único que le daba fuerzas para seguir viviendo era el recuerdo del olor a lavanda de su piel recién perfumada, la turgencia de sus senos prominentes y las curvas angostas de sus caderas morenas, el sabor dulzón de sus labios del color de las frambuesas maduras y el azul mediterráneo de sus ojos cerúleos. Armando falleció el pasado mes de Enero. Se lo llevó La Parca con nombre de neumonía. Dicen que antes de fenecer sus labios esbozaron una dulce sonrisa postrera y susurraron unas palabras que sonaban a delirio de moribundo: Viviana, ¿quieres casarte conmigo?

martes, 7 de febrero de 2017

ESCLAVA DEL TELÉFONO





Los latidos de su corazón resonaban en su pecho con el clamor agorero de un estruendoso batallón de combate que conociera de antemano su sino funesto.

Las manecillas del reloj emitían su perpetua letanía de segundos y minutos devorados, consumiendo el oxígeno enrarecido de la claustrofóbica habitación que, de pronto, parecía gélida como el ambiente luctuoso de un sepelio.

El sonido del silencio jamás le había parecido tan abrumador. Las paredes se comprimían lentamente y el techo era más bajo, se desplomaba sobre los restos lacerados de su agónica espera.

El tiempo discurría como un cauce radiactivo que absorbiera sus esperanzas en su malévolo trayecto hacia el infinito, donde acababan vertiéndose, como escombros de un sueño despedazado, sus anhelos desesperados de volver a besar el rostro de su preciosa hija, Yula.

El teléfono proseguía sumido en un letargo invernal de moribundo terminal.

Una llamada redentora salvaría la vida de su pequeña...

Podía imaginarla, aterrorizada, acurrucada en el suelo como un ovillo trémulo, con esos inmensos ojos azules como lagunas rebosantes que anegaran de lágrimas sus mejillas.

Los secuestradores la retenían en una especie de túmulo subterráneo habilitado como una mazmorra medieval.
Le habían prometido que la liberarían tan pronto como tuvieran en su poder el codiciado botín: joyas, dinero en metálico; toda una vida de ahorros permutada en un instante por volver a abrazar a Yula.

El aborrecimiento quiso formar parte de sus plegarias e invocó el nombre de Mateo, su amante, ese rufián abyecto, confabulado con los canallas que habían secuestrado a su hija para mercadear con su vida a cambio de un puñado de alhajas.

Mateo le había rebanado el corazón con su perfidia imperdonable. Su impostura y postiza lealtad sólo había pretendido durante tantos meses descerrajar su voluntad para obtener su confianza y, después, regurgitar sus restos inútiles en el arcén del desengaño y el desamor.

En estos precisos instantes, los extorsionadores, que habían sumergido su hogar en un conjuro de adormecimiento diabólico y aparente calma, debían estar desvalijando la caja fuerte de su fastuoso palacete turolense de Paraíso Alto.

Damián, su marido, ese extraño de recovecos recónditos con quien había compartido fugaces momentos de felicidad y trombas de aciaga soledad, estaría ausente durante todo el fin de semana, embarcado en recurrentes viajes de negocios que siempre revertían en ingentes ganancias y aromas femeninos, impregnados en sus impecables trajes de etiqueta de corte italiano.

Una sola llamada a la policía, a su nómada esposo o a alguno de los allegados y amigos, esos petimetres advenedizos que siempre acudían a su encuentro cuando la fragancia del dinero invadía sus pituitarias, y Yula aparecería a la mañana siguiente en primera plana de todos los rotativos nacionales.
Mateo no mentía: todas sus alhajas a cambio de volver a ver el rostro de su hija.

El espectro del membrete sensacionalista fue suficiente para imaginar una esquela, con el nombre de su pequeña rubricado en una epístola póstuma.

Entonces, esa imagen demudó su piel desbrozada por otra mucho más dulcificada y evocadora de dichosas remembranzas:

(…Yula estaba en la cocina, con su pijama rosa de ositos amarillos, contándole confidencias a su muñeca preferida: Pitusa.
Tenía el rostro embadurnado de chocolate y sus manitas, sumergidas en un tazón de cereales con galletas de praliné…)

(…Vannya la observaba desde el umbral, entre fascinada y enojada, debatiéndose entre la reprimenda o estrecharla entre sus brazos para comérsela a besos. Su hija la miró un instante, con esos increíbles ojos suyos que parecían contener toda el agua del Mediterráneo en sus cuencas, y le contó que había tenido un sueño maravilloso…)

En su sueño, Yula era una astronauta, y en uno de sus viajes siderales le traía a su madre mil millones de estrellas, para que le hicieran compañía cuando se sintiera sola.
En ese momento, el quebradizo puente colgante de sus emociones se desplomó como una plataforma antediluviana y decrépita y comenzó a sollozar.

Entre los velos líquidos de su llantina inconsolable, vio la forma inerte del teléfono, remoto como una quimera inalcanzable, que le negaba la misericordia y sólo le ofrecía horas eternas de espera e incertidumbre.

Vannya daría toda su vida por una llamada que le devolviera a Yula, su pequeña princesa de mirada lapislázuli.
El universo comenzó a rotar en la lúgubre habitación, que parecía un mausoleo ancestral. Los muebles oscuros y sobrios tenían rostros desencajados por la mofa. Se reían a mandíbula batiente de su pesar, de su desdicha.

Notó como su corazón se expandía, desgarrando la piel, atravesando la gruesa tela de su jersey azul, latiendo débilmente sobre su negra minifalda...

Entonces, el teléfono sonó y la luz de la alborada iluminó el rostro de Vannya. Escuchó su voz, que sonaba como un coro angelical, que decía que volvía a casa. Comenzaba un nuevo día; una nueva vida para Vannya y su princesa de mirada lapislázuli.


domingo, 5 de febrero de 2017

LA PRINCESA DÄGMAR Y EL PALACIO DE HIELO




Los extensos valles de Svarnya, otrora ubérrimos y esmeraldinos, aparecían ultrajados y heridos de muerte con la caricia gélida de la escarcha y el hielo que coronaban la majestuosa Colina de las Sirenas Dormidas.

La princesa Dägmar y sus huestes abominables habían causado estragos entre las tropas invencibles del reino de Ignia, y ahora extendían su pútrido manto de matanza por todo el valle de Svarnya.

“Los Apátridas”, unos mercenarios sin escrúpulos cuya mayor motivación trascendental era el tintineo de unas áureas monedas, habían regresado ateridos de frío, moribundos, aterrados y agradecidos a la diosa Yvernia por permitirles sobrevivir al azote de las endemoniadas tempestades y celliscas que dejaban baldíos los terrenos que circundaban la colina de las Sirenas Dormidas.

Entre temblores insoportables, los heraldos narraron cómo la princesa Dägmar había erigido sobre la cumbre su soberbio palacio de hielo. Era una flagrante muestra de arrogancia y desafío beligerante sin precedentes en aquellas tierras bucólicas de mansedumbre inquebrantable.

El liviano telón de esa realidad permeable ahora se había ajado y resquebrajado, mostrando unas fisuras pavorosas que sólo se cerrarían con la sangre de los inocentes. El pusilánime y sibarita rey Iacob I se atusó su elegante perilla dorada y caviló acerca de las terribles consecuencias que tendría para su pueblo la osadía de enviar a una muerte segura a sus soldados.

Svarnya quedaría indefensa. La ambiciosa princesa establecería su hegemonía absolutista y proclamaría la autocracia.

Se decía que por sus venas fluía un torrente sanguíneo lechoso y albo, cuya temperatura era inferior a los 80º -C.

Se decía que poseía la capacidad de transformar los océanos en glaciares, y que su tacto era letal. Los Apátridas hablaban de una mujer de una belleza espectacular, de larguísima cabellera blanca y esbelta figura escultural. Sus ojos centelleaban en un mar de retinas azules y su piel reluciente, casi cristalina, tenía la tonalidad de los copos de nieve en Enero.

Sus labios era de plata, gélidos, lívidos. Hablaban los apátridas de una guerrera de faz aniñada y protervia mefistofélica. Era una mujer tan hermosa como alta y estilizada. Jamás se separaba de su aterradora espada dentada, con empuñadura de diamantes y runas de un alfabeto desconocido. La princesa Dägmar la había llamado Galatea.

Los Apátridas habían expuesto sus vidas durante cuatro largos días con el fin de traerle noticias al rey. Una semana después perecían de pulmonía. Esa fue la versión oficial que el rey Iacob I consideró más adecuada para difundir entre el vulgo. Los curanderos de Svarnya nunca habían visto nada parecido en toda su vida…

Las venas y arterias de los fallecidos habían reventado, convertidas en finísimas láminas de vidrio y hielo.

En la época más aciaga que se había conocido en el reino de Svarnya, las sibilas profetizaban ya el fin de todos los tiempos, una noche de tormenta infernal la princesa Dägmar partió en su carabela a la conquista del reino de Hidrya, allende los mares…

Se decía que la espesa bruma que cabalgaba sobre las olas endiabladas aquella terrible noche la engulló en su seno, como condena por toda la maldad que había diseminado sobre la faz de la Tierra.

El rey Iacob I no la volvió a ver nunca más, pero todavía, durante algunas noches de tormenta, oraba a los dioses para que el mar no la trajese de regreso. El rey bendijo a la bruma que se había llevado al más despiadado adversario que había conocido la humanidad desde el principio de todos los tiempos…

LA PRINCESA DÄGMAR Y EL PALACIO DE HIELO.


“LA REINA DE LA NOCHE”


Se pasea Atenea por los pulidos suelos de “El Hechizo” como una diosa entre los mortales, ostentando belleza y palmito para apetito de los seres carnales que la observan fascinados. Es su momento y lo sabe; lleva toda la tarde interpretando su papel, preparando el escenario para convertir el deseo en una cita ineludible. Arturo estará allí, sin duda, su caballero de brillante armadura y apostura apolínea. Bizarro, gallardo, un mesías entre sus acólitos. Para él se ha coloreado el rostro, pintando brillos de colores, purpurina y sombra de ojos, pintalabios carmesí y retoques de cabello dorado que se encrespan y ondulan como un océano áureo destinado a barnizar la dermis de las diosas.

A su cuerpo escultural se ciñe un vestido de raso del color del vino. Aromas frutales exudan su piel atezada, el color esmeraldino de sus ojos es el puerto donde atracan sus amantes, moscones aturdidos que revolotean en derredor, suplicando miradas, una breve conversación, una amistad incipiente que, acaso, derive más adelante en pasión encendida y eterno amor.

“La reina de la noche”, así la llaman, así la invocan sin descanso en sesiones interminables de sueños salaces quienes pretenden que la dama de belleza exquisita y ademanes de princesa repare en su presencia insignificante y sus conversaciones hueras.

Es un ritual; un torneo, una competición de fondo para decidir quién saldrá cogido de la mano de la mujer más hermosa que jamás ha existido. Se pasea Atenea como un trofeo que se exhibe para jactancia de su ensoberbecido poseedor. Baila, susurra, se contonea y se pasea ante un tribunal de babosos lujuriosos. Bebe con moderación, se ríe sin motivo, finge interés y gran sapiencia cuando quiere Atenea fusionar su belleza con parámetros de profunda cavilación y metodología. Sus errores mayúsculos, sus patinazos y dislates constantes desnudan a la mujer que suspira por sí misma y da gracias a la vida por concederle el capricho de una genética perfecta. Ellos la perdonan. No buscan anidar en su alma ni confabularse con sus pensamientos: sólo buscan su cuerpo, que es como el fruto prohibido del paraíso privado de unos pocos elegidos.